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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Pasos hacia el rescate del ferrocarril

Una inversión en los talleres José Ramírez Casamayor (más conocido como Ciénaga), que debe concluir en 2021, permitirá no solo reparar equipos, sino también producir piezas para el ferrocarril y otros sectores de la economía

Una locomotora puede tirar de vagones, cisternas y planchas y mover hasta unas  1 600 toneladas de carga en zonas con pendientes, tal cifra se incrementa en terrenos llanos. Un solo vagón, indican maquinistas, puede transportar lo que cargarían entre cuatro y cinco camiones de 20 toneladas cada uno. Esas sencillas comparaciones evidencian la utilidad del ferrocarril y cuánto de eficiencia y ahorro significa en el uso del combustible.

De acuerdo con medios de prensa, desde el segundo semestre de 2019, en medio de la coyuntura energética por baja disponibilidad de combustible, transportaciones de mercancías que se realizaban mediante medios automotores -entre estos, agua embotellada, cerveza, materiales de construcción, tuberías para los programas hidráulicos y parte de los productos de importación que conforman la canasta básica-, se hicieron por ferrocarril, con el consiguiente ahorro de un recurso que vio frenada su entrada al país por las persecuciones a los envíos de petróleo hacia Cuba, como consecuencia del bloqueo.

Esa tendencia se ha mantenido en tiempos de la Covid-19, durante la cual ha estado limitado al mínimo el movimiento de pasajeros, no así el de carga, que no ha parado y, además, ha crecido con el traslado de alimentos, productos de aseo y otras prioridades de la economía.

Que los trenes sigan corriendo y no se detenga el programa de desarrollo del ferrocarril en Cuba demanda que las locomotoras se mantengan activas y puedan moverse, ya sea llevando combustible hacia Pinar del Río o granos desde el oriente hacia La Habana.

Pero el país piensa y actúa más allá. Una inversión millonaria permitirá reparar locomotoras y fabricar piezas de repuesto, no solo para el sector ferroviario, sino también para terceros.

Amigos para siempre

La Unidad Empresarial de Base José Ramírez Casamayor (más conocida como los talleres de Ciénaga, en La Habana), donde se realizan mantenimientos y reparaciones a las locomotoras, se encuentra en obras.

“Estamos ahora en una inversión millonaria, con un crédito de la empresa rusa Sinara (STM), que será de referencia en nuestra área geográfica, para convertirlo en un centro con capacidad para la reparación general de las locomotoras y la fabricación de partes, piezas y agregados que garanticen, en un futuro, el mantenimiento y la reparación de los equipos tractivos nuevos que adquiera el país”, explicó el ingeniero mecánico Arturo García Rodríguez, al frente de los talleres.

De acuerdo con José Rodríguez Madrigal, inversionista y jefe del proyecto, varios fueron los factores que determinaron la inversión y la selección del lugar. “Primeramente, está la necesidad que tiene el país de la reparación de locomotoras. A partir de eso, se hizo un levantamiento nacional,  de conjunto con la empresa rusa y especialistas de la Dirección de Material Rodante, de la Unión de Ferrocarriles de Cuba (UFC), para diagnosticar y conocer dónde era más factible realizar esta inversión”, explicó.

Tras el levantamiento, realizado durante tres meses en 2016, se determinó hacerla en Ciénaga, por las posibilidades tecnológicas de taller, su ubicación geográfica, su cercanía al puerto de Mariel y al Aeropuerto Internacional José Martí.

Según dijo,  la inversión consiste en dotar al taller de un grupo de equipos tecnológicos -actualmente en el país-, para la realización de las reparaciones generales de locomotoras. Su terminación, con atrasos motivados por la actual situación de la pandemia, así como otras derivadas del bloqueo comercial, económico y financiero de Estados Unidos contra Cuba, está prevista para el segundo semestre de 2021. “La parte más compleja resulta la adquisición y montaje de los equipos y ya los tenemos aquí”, precisó García Rodríguez. La obra civil, que comprende sustitución de cubiertas y otras mejoras sobre las estructuras que datan de 1909, la ejecutan dos cooperativas no agropecuarias contratadas por el Ministerio de la Construcción.

Inyectar tecnología

El equipamiento, unos 300 equipos, llegará a todas las fases y dará la posibilidad de optimizar los procesos. Los especialistas indican que la nueva tecnología permitirá “la reparación de todos los tipos de locomotoras, tanto las diésel eléctricas como las diésel hidráulicas, e incluso, prestar servicios a terceros, para responder a cualquier necesidad que tengan la industria o algún organismo, de fabricar piezas de repuesto”.

Esta estrategia responde a la política del país del encadenamiento productivo de los diferentes sectores de la economía, con el fin de buscar la urgente eficiencia y la optimización de recursos materiales y humanos.

Una vez concluida la inversión, se prevé que las 15 primeras locomotoras se reparen con 15 módulos nuevos completos, en tanto los agregados que se retiren de esos equipos, tras ser reparados, pasarían  al almacén, para dar continuidad al proceso, en lo que se denomina fondo de giro. “La locomotora llega, se desarma, se repara el chasis y con lo que usted tiene en el almacén, empieza ensamblar el resto de los equipos que vayan entrando”, precisó el inversionista.

Beneficios múltiples

A juicio de los expertos, con este taller “será alta la capacidad de restauración, pues aunque restauración y reparación se parecen, no son iguales: puedo reparar y no restaurar.  Entonces, ahí es donde está el alto valor del taller,  en la capacidad de restaurar y poder cumplir en mayor medida el que el país no tenga la necesidad de importar piezas de repuesto”, dijo el inversionista.

Según comentó, ningún ferrocarril del mundo se mantiene a base de sustitución de piezas nuevas. “Es imposible, porque son extremadamente costosas y nosotros tenemos en el país locomotoras de varios países: rusas, chinas,  americanas y canadienses, algunas ya ni siquiera se producen”, dijo.

A su vez,  están creando también un departamento para la fabricación de piezas de goma, con sus troqueles, para estas locomotoras; aunque, de contar con una prensa, podrían hacerlas también para cualquier otro organismo que las requiera, comentó García Rodríguez.

Rodríguez Madrigal subraya: “estoy convencido de que hay un futuro grande en este taller para el país”.

Esta inversión forma parte de un programa de desarrollo del sector que incluye la reparación de locomotoras de gran porte y  también la adquisición e importación de equipos de tracción –en 2019 se recibieron 51 locomotoras de mediano porte y se prevé en dos años la entrada de otras 24-, de coches de pasajeros, silos de cemento y planchas comerciales,  y la reparación de la vía central, así como de ramales de alta prioridad.

El programa comprende igualmente la modernización del sistema de comunicaciones, reparación de estaciones y rehabilitación de la red de talleres ferroviarios.