Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

Lugar especial en el corazón

El doctor arquitecto Edmundo Azze Tillán conoce al dedillo el Palacio de Convenciones y ha participado en cada una de las intervenciones que ha tenido

Los diseños del palacio de convenciones de Luanda, en Angola; la plaza Calixto García y los hoteles Pernik y El Bosque, en Holguín; y la Ciudad Caribia, en Venezuela, entre otras muchas obras, llevan inscrito su nombre. Sin embargo, el Palacio de Convenciones de La Habana tiene un lugar especial en el corazón del doctor arquitecto Edmundo Azze Tillán.

Azze hizo equipo con su profesor de los tiempos universitarios, Antonio Quintana, y con muchos otros especialistas de diversas disciplinas para crear los proyectos del Palacio de Convenciones, que debía acoger, en 1979, la VI Cumbre del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL).

Ahora que el Palacio celebra sus 40 años, Azze tiene una cuenta diferente: su relación comenzó hace 43 años, cuando todavía apenas nacía la idea.

-¿Cómo fue el nacimiento del proyecto?

-El Palacio se concibió originalmente vinculado a la Plaza de la Revolución, mirando de frente al monumento de Martí. La idea no era solamente tener un Palacio de Convenciones, sino que iba acompañado de una torre de oficinas. Era un proyecto voluminoso.

“Me incorporé desde un inicio, en julio de 1976, junto con el arquitecto Antonio Quintana Simonetti (1919-1993). Él era mi profesor preferido y yo, su alumno predilecto, sin embargo, no habíamos trabajado juntos después de que me gradué, en 1960,  porque hice mi servicio social en la reconstrucción de Sagua de Tánamo, y luego, permanecí bastante tiempo en Oriente.

“Mi regreso a La Habana fue para trabajar en el Palacio. En 1976 se diseñó el anteproyecto para la Plaza, que se llevó a varios países; primero, para confrontarlo con otras construcciones de su tipo, y segundo, buscar que alguna empresa internacional hiciera una oferta para su construcción.

“En diciembre, cuando estuvo el anteproyecto, se nos informó que el presupuesto sobrepasaba las posibilidades económicas del país y debíamos buscar una alternativa más económica. A inicios de 1977 los proyectistas propusieron levantarlo en Monte Barreto, a  lo largo de la 5ta. Avenida, de ahí el diseño horizontal y alargado, para que se apreciara todo el edificio. Del otro lado de la arteria,  se levantarían hoteles de apoyo al Palacio.

“Siempre tuvimos una esmerada atención de Celia Sánchez. Ella, con sentido práctico, nos sugirió acercarlo a la zona de las viviendas de protocolo del Laguito, pues también eran parte importante para la celebración de eventos. Se analizaron los terrenos disponibles y se seleccionó la ubicación actual, donde fue necesario demoler algunas edificaciones”.

-¿Quiénes participaron en el proyecto?

-El Palacio tiene un gran mérito: todo el proyecto, el asesoramiento para ejecutarlo y la ejecución la hicieron cubanos, no fue necesario el asesoramiento de ningún especialista foráneo. Esto fue posible porque se identificaron, en diferentes organismos, los especialistas más experimentados de cada actividad, ya fuera estructura, televisión, comunicaciones, audio, traducción simultánea y electricidad, entre otros.

“Gracias a la autoridad y prestigio de Celia los organismos cedieron de forma muy rápida a esos especialistas para integrar el equipo multidisciplinario. Eso fue fundamental. A su vez, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores asesoraron acerca del funcionamiento de una conferencia del MNOAL, que fue el objetivo inicial de este proyecto.

“Roberto Valdés, jefe de la construcción en la capital, por la gran actividad constructiva para la Cumbre, planteó la conveniencia de que yo mostrara el proyecto en Argelia, sede de la IV Cumbre de los No Alineados. Allí, un experimentado organizador de congresos internacionales revisó el proyecto y recomendó aumentar sus áreas.

“Regresé a Cuba con la idea de incorporarle  dos alas. El equipo revisó esa alternativa, que fue la que se aplicó. En aquella época, el Palacio requería de muchas áreas de oficinas: mecanografía, traducción, trabajo administrativo, secretaría e impresión, entre otras. Como resultado,  se le añadieron espacios, convertidos en los salones secundarios que tiene hoy.

“Cuando se hizo, tenía el salón plenario, para la cita de los jefes de Estado, las dos salas de las comisiones política y económica; otra, del grupo regional, y otros dos salones más pequeños,  para comisiones encargadas de asuntos  específicos y una sala para la presidencia.

“En esa época, era interés de Cuba que se celebrara en La Habana un congreso de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) -que nunca se dio-, que requería más salones, por lo cual se hizo una estructura adicional, sin uso durante mucho tiempo, y  es hoy el hotel Palco. Inicialmente, la idea que teníamos Quintana y yo era hacer el hotel del otro lado del Quibú y conectarlo con un puente”.

-¿Se dice que es como un barco?

-Esa es una interpretación que se le ha dado. Dicen que semeja el yate Granma y estamos satisfechos que se haga la comparación, pero no buscamos en el diseño esa expresión que recordara un buque.

“Hicimos muchas cosas que tienen su origen en la arquitectura cubana, los zaguanes, las cubiertas inclinadas de tejas, más bien Quintana y yo, cuando hacíamos los dibujos de la gran sala plenaria, decíamos que se parecía a lo que eran los  carros carboneros, que tenían los techos inclinados, pero nunca pretendimos que rememorara la embarcación.

“La visión de Celia de la ecología y de la cubanía tuvo indiscutiblemente mucho que ver en las plantas, aunque también Quintana era muy adicto a las áreas verdes y a los árboles, sentía una gran pasión por esas zonas. Él tenía como preferencia la yagruma y los jagüeyes; yo, los jagüeyes y el framboyán, y las tres especies están presentes hoy”.

-¿Cómo fue la obra?

-Además de Celia, el Palacio tuvo un seguimiento y una atención muy esmerada por los comandantes Ramiro Valdés, Juan Almeida y Pedro Miret. Semanalmente se chequeaban y controlaban las actividades constructivas  y de todo tipo. Gracias a ese rigor y al interés que puso el Ministerio de la Construcción y las empresas constructoras a cargo de la ejecución, la obra no tuvo dificultad y se terminó de forma tranquila, sin angustias, mucho antes de celebrarse la Cumbre, en septiembre de 1979”.

-¿Los visitaba Fidel con frecuencia?

-Hubo una visita muy significativa de Fidel, en octubre de 1978, cuando se celebró un Domingo Rojo. En el recorrido, yo me desplazaba cercano a él y  estuvo muy preocupado porque en ese momento, en las grandes salas, con un puntal muy alto, había muchos obreros, trabajando en las alturas. En múltiples ocasiones se paró y desatendió lo que hablábamos Maciques, el constructor y yo, porque estaba preocupado por los trabajadores y preguntaba si no corrían peligro. Recuerdo que le dije: No Comandante, esa gente está bien segura, tienen sus cinturones.

“Él se fue satisfecho, sin dudas, esta obra no le creó preocupación a ninguno de nuestros dirigentes, porque avanzaba muy bien”.

-¿Cuánto ha cambiado desde el proyecto original?

-En 1999, cuando tenía 20 años, la mitad de lo que cumple ahora, se celebraba en Cuba la Cumbre Iberoamericana, adonde debían acudir muchos jefes de Estado. Me incorporé de nuevo al Palacio para hacer grandes transformaciones internas: los salones plenarios y de las comisiones. Los llevamos al piso y las paredes de concreto, que fueron sometidos a un rediseño, dirigido a darle mejores condiciones acústicas, con esos paneles decorativos que tiene hoy.

“En sus inicios, el Palacio fue muy sobrio, la gran sala plenaria con su alfombra, de un color tabaco continuo, que cubría también las paredes. Con la remodelación,  eso lo sustituimos por paneles, que tienen un colorido más variado, pero tenue, y que transformó la imagen.

“Lo hice con preocupación. Había pedido que le mostraran el anteproyecto a Fidel, porque él estaba acostumbrado a ver los salones de determinada manera y tenía mi preocupación de que no le agradaran los diseños, pero me dijeron que hiciera lo que entendiera.

“En esa ocasión se realizaron muchos trabajos de remodelación, todas las alfombras, una intervención fuerte, los pisos de linóleo… En la primera actividad de la Cumbre, cuando llegó Fidel dijo: quedó muy bien el arreglo del Palacio.

“Después, en el 2006, se celebró la XIV Cumbre de los No Alineados, para lo cual se reconstruyó totalmente la cocina comedor. Con tantos años, el Palacio requiere muchas cosas, pero dependen de las posibilidades económicas del país”.

-¿Lleva bien sus 40 años?

-El Palacio siempre ha tenido una actividad de mantenimiento constructivo ejemplar. Tal vez hoy no haya tantas posibilidades de hacer ese mismo mantenimiento, porque hay limitaciones económicas, pero gracias a eso, la instalación ha estado vigente durante 40 años.

-¿Cómo le gustaría verlo?

-Quiero que se mantenga y que recupere y conserve la potencialidad técnica que debe tener. Lo resguardaría y lo protegería, pero siendo realistas, un Palacio de Convenciones hoy, tecnológicamente, es distinto a lo que tenemos, si pudiéramos hacer uno nuevo, con las tecnologías del momento, tendría que actualizarme, ver varios palacios, pero, claro, voy a tener ventaja para prepararme porque tengo la experiencia de este”.

-Por su vida y obra, recibió en 2018 el Premio Nacional de Arquitectura, ¿qué representa el Palacio en su carrera?

-Estoy muy satisfecho con el rediseño de los salones, que se muestra tanto en televisión. Todo lo importante que sucede en este país, tiene esa imagen adjunta. Algunas personas me han dicho que quedó bien, pese a haber sido una actitud arriesgada cambiar la imagen original. Me satisface que muchos eventos, casi todos, tienen un fondo que uno ha concebido.

-¿Regresaría?

-Siempre me llaman para cualquier arreglo y vengo enseguida, tengo mi oficina aquí. Abraham Maciques, que es como mi hermano, no  ha dudado en llamarme cada vez que ha hecho falta, y yo, no he dudado en mudarme aquí por una noche, un día, una madrugada…