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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Defender los bosques a capa y espada

En los últimos 10 años, la cobertura forestal en Cuba se ha incrementado en 464 000 hectáreas

Desde el inicio de los tiempos, esos ya perdidos en la memoria, los bosques han sido amigos y aliados de las personas. Proveedores de sombra y alimentos, sumideros de carbono y refugio para diversas especies de aves, insectos, reptiles y mamíferos son una buena carta de presentación. La lista, sin embargo, no termina: además de aportar madera, conservar el suelo y regular los flujos hidrológicos constituyen el más importante banco de recursos genéticos y tienen un papel protagónico en la adaptación al cambio climático.

Pero no ha bastado su milenaria lealtad, ni la leña que ha calentado a las personas desde la época de las cavernas hasta el siglo XXI en una cómoda casa en las altas montañas, ni los frutos que alimentaron a generaciones, ni las hojas que los cobijaron. Llevados al cine como personajes que se han sumado a las buenas causas y luchado rama a rama junto a los más valientes guerreros, sobre ellos se ciñen constantes amenazas: sierras, fuegos, buldócer y químicos engullen palmo a palmo bosques enteros, víctimas de una  indetenible  e inhumana voracidad.

Defenderlos a capa y espada se convierte entonces en una necesidad creciente. Eso demanda hallar aliados estratégicos.

Dar la mano

La ciencia tiene la responsabilidad fundamental de buscar todas las causas  que afectan el desarrollo exitoso y competitivo de las cadenas productivas, pero tiene que existir una vinculación más estrecha entre los investigadores y los productores, trabajar porque sea cada vez más visible la necesidad de aplicar los resultados de la ciencia, la investigación y la innovación como resortes del desarrollo económico y social de cualquier país,  dijo el viceministro de la Agricultura, Idael Pérez Brito al inaugurar la Convención Internacional Agroforestal realizada en La Habana del 12 al 16 de junio pasado.

A su juicio, deben introducirse los resultados, socializarlos y demostrarlos, y a su vez, lograr que “productores y empresarios identifiquen a la ciencia como una herramienta útil para alcanzar los niveles productivos necesarios”.

“Es una inversión en cualquier proceso y no debe ser vista por nadie como un gasto”, sostuvo. Como ejemplo, citó el caso del huracán Matthew que arrasó con buena parte de las plantaciones de café y cacao en el oriente del país. Al auxilio de los cultivos y los productores acudieron los científicos. “El café y el cacao necesitan también de la proyección científica no solo en su producción, sino también en su calidad, hay que continuar estudiando las plagas, necesidades nutricionales y desarrollar otras tecnologías y nuevas variedades resistentes… Los científicos, junto a las empresas y productores, acompañados también por la universidad, deben trabajar en la búsqueda de soluciones que permitan minimizar las afectaciones de estos eventos naturales.

“La ciencia, enfatizó, tiene la obligación y el deber de proveer conocimientos para el avance próspero y sostenible, y los productores y empresarios apropiarse de ese saber, en forma de producto, tecnología y proceso y ponerlo en función del desarrollo”.

Un eslabón vital en la cadena

El bosque debe ser visto en varias dimensiones, con un enfoque holístico. De acuerdo con Pérez Brito no habrá un desarrollo forestal sostenible si solo se utiliza al árbol como proveedor de madera, debe buscarse la diversificación de las producciones y las prestaciones de la ayuda que brinda  mediante el aprovechamiento de residuos, los servicios ambientales y turísticos, como fuentes de ingresos que pueden ser reinvertidos en el propio desarrollo forestal.

Acontecimiento en desarrollo

En la conferencia Situación de los bosques en Cuba, Georgina Díaz Quintero, especialista  de la Dirección Forestal, Flora y Fauna Silvestres, del Ministerio de la Agricultura, explicó la especial atención que se le presta a los bosques en el país.

En Cuba, recalcó, no hay deforestación porque las áreas boscosas que cada año son desmontadas son inferiores a las que se incorporan a la cobertura forestal. “La estrategia ambiental nacional reconoce como uno de los problemas medioambientales las afectaciones a la cobertura forestal y no la deforestación. El archipiélago mantiene un incremento sostenido del índice de boscosidad, que se incrementó desde 13,6 % en 1959 a un 31,15 %. En 2015, al lograr el 30,59 % de su superficie cubierta a bosques, el país sobrepasó el compromiso adquirido en la Cumbre de la Tierra de alcanzar 29,3 %  en esa fecha, destacó.

De acuerdo con la especialista, en los últimos 10 años, la cobertura forestal se ha incrementado en 464 000 hectáreas, para un incremento medio anual de los bosques de 46 500 hectáreas, de estas el 80 % se concentra en bosques naturales.

Según los registros de 2016 los principales poseedores de tierra son las empresas agroforestales (41,1 %), las empresas de flora y fauna (27,7 %) y las ganaderas (12,1 %). “El 100 % del patrimonio de las empresas agroforestales y el 14 de las de flora y fauna  disponen de sus proyectos de ordenación”.

En Cuba las principales formaciones boscosas son los semicaducifolios (suelo ácido, calizo y de mal drenaje), con 1 500 000 hectáreas, los manglares (632 000 hectáreas), y los pinares, que aunque representan un 3 % de la superficie cubierta, sí constituyen una formación forestal relevante.

Si bien el país ha logrado incrementar el índice de boscosidad, este no está repartido de forma uniforme en toda la geografía cubana. El municipio especial Isla de la Juventud, Pinar del Río, Guantánamo, Matanzas, Holguín y Santiago de Cuba tienen un índice superior a la media nacional, mientras que La Habana, Cienfuegos, Sancti Spíritus y Las Tunas se encuentran por debajo del 20 %.

Díaz Quintero reveló que las talas representan el 7 % del área boscosa que se añade cada año a la superficie cubierta. “Es preciso aclarar que no se incorpora al patrimonio todo lo que se planta, sino aquello que se logra a los tres años”, aseguró.

Una de las amenazas para los bosques es el fuego. Según dijo la especialista, en los  incendios forestales la superficie afectada, disminuye: por cada 1 000 hectáreas de áreas cubiertas de bosques, se afecta una hectárea por esta causa como promedio y el 70 % de los mismos son menores de cinco hectáreas, como resultado de la aplicación de medidas de prevención, manejo del fuego, mayor efectividad en el combate, detección temprana y una respuesta rápida.

Bosques para el futuro

El Programa de Reforestación 2016-2020 para las 11 cuencas hidrográficas de interés nacional incluye, entre otras tareas, poblar 31 000 hectáreas, alcanzar un 34,8 % de índice de boscosidad y emplear  mayoritariamente especies autóctonas.

Entre las acciones dirigidas a la adaptación al cambio climático  se encuentran  dirigir la reforestación hacia la máxima protección de los suelos y las aguas en cantidad y calidad, priorizar los canales y embalses de las cuencas hidrorreguladoras tributarias de las principales bahías y las costas de la plataforma insular, así como recuperar los manglares más afectados, que constituyen la primera barrera de defensa del país.

No son pocos los desafíos para el sector, incluidos implementar y controlar las medidas de adaptación y mitigación al cambio climático en sus programas y proyectos, fortalecer el monitoreo de los criterios indicadores como herramientas para alcanzar el manejo forestal sostenible; y establecer la estrategia de trabajo para incorporar nuevos mecanismos financieros vinculados a los servicios ambientales.

Es vital también incrementar la sobrevivencia de lo que se siembra -aún baja, aunque ha crecido en etapas recientes-, incrementar los manejos silviculturales -limpias, aclareos, raleos, podas-, para acercarlos a las necesidades de los bosques; mejorar la estructura e incrementar la proporción de árboles con mayor diámetro; así como fomentar la equidad de género en el sector forestal e incorporar a los jóvenes como garantía del desarrollo sostenible.