Autor: Opciones Publicado: 06/07/2026 | 10:37 am
El romerillo, el tilo, la manzanilla, la caléndula, el llantén, el toronjil de menta, el aloe vera y la cúrcuma, entre muchas otras, son plantas con propiedades medicinales que se han empleado a lo largo de los años para tratar diferentes dolencias. Su uso a mayor escala exige respetar a lo largo de todo el proceso un grupo de procedimientos y normas dirigidos a garantizar su efectividad.
Esa labor constituye una de las facetas del sector agropecuario, que adquiere mayor relevancia en momentos de limitaciones para la producción de un grupo de medicamentos.
En un taller realizado recientemente en la capital cubana, la máster en Ciencias Sirley González Laime, directora de Producción Industrial, Comercialización y Comunicación Institucional del Centro de Investigaciones de Plantas Proteicas y Productos Bionaturales, se refirió a las buenas prácticas agrícolas y de recolección para plantas medicinales, que hacen posible estandarizar la producción de las materias primas vegetales.
Esas prácticas persiguen asegurar la calidad terapéutica, el rendimiento máximo y la sostenibilidad, a partir de su calidad botánica y agronómica, como fundamento de eficacia y seguridad.
Para ganar en claridad sobre el tema, la especialista definió las plantas medicinales como aquellas que contienen en una o más de sus partes compuestos químicos que la hacen de interés para mejorar la salud de las personas o los animales. En el caso del principio activo, señaló que es la sustancia química que se acumula en los tejidos de alguna de sus partes y es la responsable de la acción farmacológica.
Los principios activos que metabólicamente producen las plantas manifiestan variabilidad en presencia y composición debido a factores diversos, entre estos, el lugar de crecimiento, el método de cultivo, el estado de desarrollo, la edad, la época del año y la hora del día y lavadas poscosecha, destacó González Laime.
La directora puso como ejemplo que en Cuba, en las flores de Matricaria recutita (manzanilla) los porcentajes de aceites esenciales fueron superiores en las cultivadas en suelos pardos en Las Tunas que las obtenidas en sustrato ferralítico rojo de Mayabeque.
González Laime abordó las diferentes etapas del proceso y la necesidad de respetar los principios que aseguran la calidad final. Para la obtención de mejores resultados, recomendó áreas alejadas de lugares donde se apliquen productos químicos para evitar riesgos de contaminación, así como que sean soleadas, dado que para su óptimo desarrollo las especies aromáticas y medicinales requieren de mucha iluminación y de sol directo.
Para evitar que se alteren los principios activos, es esencial respetar el momento más adecuado de la cosecha para cada especie e incluso, la parte de la planta. Por ejemplo, las flores deben recolectarse solo cuando los pétalos estén completamente desplegados.
Por otra parte, alertó sobre la importancia del buen manejo en la poscosecha, toda vez que en esta fase del proceso, desde la recolección en el campo hasta la obtención de la droga seca, suele producirse entre el 30 y el 40 por ciento de las pérdidas.
Es también relevante el lavado, que debe hacerse con agua potable, sin químicos ni metales pesados, apta microbiológicamente, y la desinfección, mediante la inmersión con el uso de hipoclorito, en una concentración determinada con anterioridad
En el caso del secado, explicó la experta, generalmente el más adecuado es el artificial, pues permite el control de la temperatura, de la humedad ambiental y del tiempo que dura la operación.
La especialista concluyó enfatizando que el aprovechamiento de las plantas medicinales debe estar sustentado en la validación científica de su calidad, eficacia y seguridad, antes de ser utilizadas en la elaboración de productos de manera oficial.








