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Semanario Económico y Financiero de Cuba

La enfermedad de la Unión Europea

Analistas aseguran que la economía europea está enferma y absolutamente maltrecha como consecuencia de las políticas de contención que se vienen aplicando en las últimas décadas

En este mundo globalizado y con la aplicación de sistemas neoliberales en muchos países, son pocos los que escapan a los desastres sociales y económicos que afectan a las mayorías y en ese campo de incertidumbres ha caído la Unión Europea (UE).

Ya son varios analistas que aseguran que la economía europea está enferma y absolutamente maltrecha como consecuencia de las políticas de contención que se vienen aplicando en las últimas décadas, las que han frenado su crecimiento de manera intencionada.

Las principales medidas adoptadas por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para tratar de amainar la crisis que se inició en 2008 y que aún no han podido controlar, fueron la imposición de políticas de austeridad a sus miembros (específicamente a los menos desarrollados) y el salvamento a los bancos privados para que no entraran en impagos.

Las políticas de contención provocaron mayor reducción de programas sociales, déficit de empleos, menor poder adquisitivo de la población en varias naciones como España, Portugal, Francia, Grecia, Irlanda y bajos crecimientos entre sus miembros.

A toda la ola de esas afectaciones se unió recientemente el Brexit, o sea la salida de Gran Bretaña de la UE, que ha causado una especie de terremoto económico y político en la Unión Europea.

Ahora se habla de algo que no estaba previsto dentro del viejo continente: altos niveles de pobreza, de desempleo, de desigualdad, de precariedad, e incluso de subempleo, que afectan al conjunto de la población.

Pese a la inyección de dinero a los bancos privados eso no permitió que la economía se regenerara pues la deuda estatal seguirá estando latente ya que la responsabilidad por el pago de los empréstitos recae en los gobiernos. La situación se convierte en un círculo vicioso en el que los dirigentes de los Estados están con la soga al cuello.

Con la salida de Gran Bretaña de la Unión (ahora serán 27 sus miembros) también cambiarán las posiciones por Producto Interno Bruto de los líderes mundiales: la Unión Europea dejará de ser la segunda economía (19,2 billones de dólares) y bajará al tercer puesto (16,5 billones) después de China (19,39 billones) y Estados Unidos (17,95 billones).

Pero analicemos algunos datos negativos sobre situaciones que dañan a las naciones de la Unión Europea y que son muy difíciles de ver reflejados en los medios de comunicación occidentales.

Un informe del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) señala que la crisis económica y financiera ha golpeado los sistemas de empleo y bienestar, y desde que comenzó, en 2008, ha afectado gravemente a los niños y las niñas de toda Europa.

Entre 2008 y 2012, el número de niños en riesgo de pobreza o exclusión social en Europa creció en un millón, con un aumento de alrededor de medio millón solo en un año, entre 2011 y 2012, haciendo aún más urgente que se actúe ahora y que se reduzca y prevenga la pobreza infantil mediante un enfoque basado en los derechos humanos.

Agrega la Unicef que la pobreza infantil no solo significa que no se cubran las necesidades básicas de los niños, como alimentación, ropa y vivienda, también que no puedan participar en actividades deportivas, culturales y de ocio. Además, los niños y las niñas que crecen en una situación de pobreza tienen menos probabilidades de adquirir destrezas y capacidades que les permitan salir de esa situación cuando sean adultos y contribuir al bienestar general de la sociedad.

Datos disponibles hasta 2012, que como se comprende han ido aumentando con la llegada de numerosos inmigrantes a Europa, indican que alrededor de 28 millones de niños y niñas están en riesgo de pobreza o exclusión social (en los 28 miembros de la UE, más Islandia, Noruega y Suiza).

De esos, todavía se incluye a Gran Bretaña, la Unicef confirma que el 29 % del total de la población menor de 18 años se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21 % de los niños y niñas vivían en hogares con ingresos disponibles por debajo del 60 % de la media nacional, el 10 % vivía en familias con muy baja intensidad laboral y el 12,2 % en viviendas con privaciones materiales.

Asegura la organización internacional que en todas las naciones europeas hay infantes que viven en situación de pobreza o exclusión social, pero el porcentaje varía sustancialmente de país a país, dependiendo de su trayectoria histórica y socio-económica. En las nórdicas (Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia), Eslovenia, Holanda, Alemania, Suiza y la República Checa, esos índices se sitúan entre 12 % y 19 %. En Grecia, España, Portugal, Hungría y Letonia la cifra asciende de 35 hasta 41 %; y en Rumanía y Bulgaria, 52 %.

Aunque los medios de comunicación de Occidente traten de disfrazarlo, hay que estar de acuerdo con la Unicef cuando asegura que "La pobreza en Europa no tiene pasaporte".

Esa es una de las feas aristas existentes en la Unión Europea.