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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Davos ha muerto, ¡viva Davos!

 Al cabo de 590 años, lo acaecido en la 43 edición de Davos no permite menos que exclamar lo que da título a este comentario

Nada ha cambiado desde Davos 2012, o 2011, o de cada una de las millonarias reuniones del exclusivo club en la selecta estación alpina suiza del cantón de los Grisones que, a los ojos de la prensa mundial, congrega a la “elite de los negocios”.

Que nadie lo dude: en este décimo tercer año del segundo milenio, el mundo está abocado a una segunda gran recesión. El fantasma del desempleo ha cobrado cuerpo en Europa, cebándose en España y en Grecia. Las finanzas estadounidenses, aún considerada la primera economía mundial, continúan enzarzadas en el remolino del precipicio fiscal. En el oriente, los japoneses están al borde de desencadenar un tsunami económico, traducido en la devaluación del yen a cualquier precio.

De todo eso y más, de muchísimo más, se habló en este 43 Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), presidido como de costumbre por su fundador Klaus Schwab, quien repitió hasta la saciedad que “la firmeza o resistencia son sinónimo de adaptación a los contextos cambiantes, con sus choques, recuperaciones y desafíos críticos”.

Sin embargo, para una de las sólidas economías del viejo mundo la añeja y leal frase carece de connotación, a juzgar por lo anunciado por el primer ministro británico David Cameron de que en 2017 (hay que ver si para entonces todavía pernocta en el número 10 de Downing Street) “celebrará un referéndum en el que Gran Bretaña decidirá sobre su calidad de miembro de la Unión Europea” (UE).

Inequívocamente Mr. Cameron no juró fidelidad al Rey, perdón, a Davos, quizá porque en los tiempos que vivimos la inseguridad tiene una fecha en el calendario y las antiguas grandes y prepotentes economías mundiales acusan síntomas de deterioro, cuestión bien aprovechada por el constante crecimiento del grupo BRICS de naciones emergentes (Brasil, Rusia, India. China y Sudáfrica), seguidos de algunos miembros de los Nuevos Once, suerte de “mini BRICS” donde militan Indonesia, México, Filipinas, Turquía, Corea del Sur y Vietnam.

Tras el telón de Davos 2013  

Millones de hombres y mujeres, de uno y otro lado del Atlántico, tratan hoy de permanecer a flote en las turbias aguas del desempleo, mientras los gobiernos de países desarrollados inyectan sueros millonarios a sus depauperados Bancos centrales como “antídoto” a la crisis originada en 2008 tras la explosión de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Se supone que las grandes y medianas empresas se sirvan de parte de ese capital suministrado a los bancos. Pero reina la inseguridad, y tales compañías, en teoría robustecidas, no invierten. Sencillamente cuidan su retaguardia ante un claro fenómeno que ya va para su quinto año: no hay demanda, verbigracia la población no tiene dinero.

Para vislumbrar aunque sea un atisbo de luz al final del camino, a los gestores, banqueros y tecnócratas de Davos solo les quedaría el recurso de poner en la picota pública el neoliberalismo de la línea dura por el que abogan. O lo que es igual: flexibilizar las medidas de austeridad preconizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus acólitos en uno u otro confín.

Sin embargo, a los miembros del selecto club de Davos, el acceso a sus sesiones privadas les cuesta alrededor de 245 000 dólares, sin incluir las cuentas de hoteles, restaurantes, servicios de limousine y un kilométrico etcétera mientras dura el encuentro.

Si multiplicamos tal dígito por los 2 500 personajes que acudieron a este 43 cónclave, podrían ser saldadas incontables deudas externas de países subdesarrollados, o paliar el hambre que asola al África subsahariana, o procurar que los más de 7 000 millones que habitamos este sufrido Planeta respiremos un aire menos contaminado y veamos desaparecer, gradualmente, el catastrófico destino al que están condenados nuestros hijos y nietos.

¿En Davos se habló de guerras?

Al menos la prensa invitada al evento no mencionó el tema, a pesar de que por aquellos días –y en algunos casos mucho antes- Afganistán y Siria devenían candentes focos bélicos y en África, el turno le correspondía ahora a Mali en una nueva versión de guerra neocolonialista con ropajes de  intervencionismo “humanitario” o “antiterrorista”. Para el caso es lo mismo

No. El actual foro es el quinto desde el inicio de la última crisis económica y financiera, y para asombro de muchos, en el centro de convenciones Congress Center, rodeado de policías armados con francotiradores visibles en los tejados, trascendió un tímido optimismo. Sin sonrojo alguno Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, expresó: “Estados Unidos se encuentra en bastante buenas condiciones y Europa se ha estabilizado”, mientras el director chino del Fondo Monetario Internacional, Zhu Minh, añadió que “hace un año en Davos estábamos tomando muy en serio la posibilidad de colapso total de la zona euro; sigue habiendo un problema de deuda muy importante, pero el riesgo extremo se ha esfumado”…

En medio de tan “alentadoras” nuevas un estudio en formato PDF de la Universidad de Berkeley asegura lo siguiente: “La riqueza del 1 % de los estadounidenses aumentó en 11,6 % 2010, mientras en el caso de 99 % fue solo de 0,2 %. ¿Se habrán escuchado en Davos las airadas voces de este 99 %?

Por el contrario, en el cantón suizo solo se habló del euro en peligro (o ya no, según las últimas incoherencias de Bruselas), mientras que la Europa en general da pasos de ciego. De lo que no se habló en Davos fue acerca de la posible desaparición de la humanidad, bien por la vía de una guerra nuclear o una catástrofe climatológica, como tampoco de encarar con seriedad el sistema de relaciones económicas engendrado por el capitalismo.

Y una última de Davos. Durante la sesión final relativa con el sector financiero, de acuerdo con lo relatado por la periodista María Bartiromo, se produjo la siguiente votación: “¡Levanten las manos todos los que piensan que hace falta más regulación en el sector bancario!”.  Según la Bartiromo, solo dos personas lo hicieron… “Y ¿los que apoyan menos regulación?”. Cientos de manos revolotearon en el aire.  “¡Esto es Davos!”, exclamó Zhu Minh, del FMI, a la vez que su par Dimon, de JP Morgan, encantó al público al insistir en que los bancos han sido tratados como “chivos expiatorios” en la crisis.

Resulta que a estas alturas, esos “infelices banqueros” de Davos y Wall Street son los más dinámicamente resistentes de todos, capaces de gritar a viva voz: Davos ha muerto, ¡pero nosotros la resucitamos!... Se verán horrores.