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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Estados Unidos, ¿ despegue económico?

La economía mundial espera con ansiedad el despegue del gigante norteamericano para que este sirva como motor impulsor, pero a pesar de las halagüeñas y constantes declaraciones oficiales de la Casa Blanca, la verdadera luz no acaba de aparecer en el camino.

En sus últimas comparecencias públicas, el presidente George W. Bush ha reiterado hasta el cansancio que la economía estadounidense marcha por un período saludable de expansión y sus señales son “muy fuertes”.

En su reciente discurso del estado de la Unión, Bush presentó también su proyecto de presupuesto, que incluye recortes a la investigación biomédica, a la salud pública, a la capacitación para el empleo, a los fondos destinados a veteranos de guerra, para poder recuperar parte del déficit fiscal.

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), Alan Greenspan, dijo recientemente que la economía de su país avanza hacia un crecimiento vigoroso, pero reiteró su advertencia sobre los peligros que implica el creciente desbalance presupuestario.

El Jefe del Banco Central advirtió que hay riesgos, tanto a corto como a largo plazo, si el gobierno no controla su enorme déficit fiscal y el desequilibrio del comercio exterior.

No es la primera vez que Greenspan elogia la economía y a la par llama la atención sobre las enormes dificultades que ha encontrado esta administración para poder llevarla a buen recaudo.

Pero las noticias continúan siendo poco halagüeñas, pues datos del Departamento del Trabajo aseguran que en diciembre la economía norteamericana solo incorporó 16 000 nuevos empleos, exceptuando el sector agrícola.

En enero, cuando se pensaba crecer en 150 000 empleos, solo se lograron 112 000, y hoy la tasa de desocupación se sitúa en 5,7; pero el factor fundamental ha sido que cerca de 400 000 personas abandonaron las filas de quienes buscan trabajo.

Según un sondeo del diario The Wall Street Journal, los pronósticos de los economistas del sector privado indican que la creación de empleos en Estados Unidos no llegaría siquiera a la mitad de la cifra que anticipa la Casa Blanca.

En un año en el cual lo que prima es ganar votos para la fuerte campaña electoral que ya entró en su vuelta final, el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca dijo la semana última que espera 3,8 millones de empleos nuevos en el 2003.

Los 55 economistas consultados por el Journal pronostican como promedio la creación de 150 000 empleos nuevos al mes en los nueve meses que faltan hasta las elecciones presidenciales, lo que implica un total de 1,4 millones de estos hasta noviembre.

“Las previsiones oficiales para este año son exageradamente altas”, expresó Davis Wyss, economista jefe de la firma Standard and Poor’s. Gregory Mankiw.

Una de las diferencias fundamentales es la previsión sobre la productividad de los trabajadores. La Casa Blanca proyecta que el crecimiento de la productividad se frenará bruscamente en los próximos meses, y por lo tanto las empresas se verán obligadas a contratar más trabajadores para aumentar la producción.

Debido a los costos que representa agregar nuevos empleados, las compañías han tendido en los dos últimos años a mejorar la tecnología y presionar a los trabajadores para que rindan mucho más, en lugar de incrementar la contratación.

Durante la administración de William Clinton, el país ganó un promedio de 236 000 empleos cada mes y bajo la de Bush se han perdido 66 000 en el mismo lapso.

En total, en los tres años de la presente administración, se han perdido 2 200 000 puestos laborales y todo parece indicar que el hueco se profundizará, pues muchas empresas siguen exportando puestos laborales a otros países, como el caso de la IBM, que acaba de anunciar que sacará de Norteamérica, hacia otras fronteras, 3 000 empleos de elevado salario en lo que se conoce como off-shoring.

Asimismo, el gran talón de Aquiles, el déficit comercial creció en casi un 11 % en diciembre, después de que se dispararan las importaciones hasta niveles récord y las exportaciones cayeran ligeramente afectadas por la debilidad del dólar, según informó el gobierno.

Para ese mes, el déficit alcanzó 42 500 millones de dólares, superando por amplio margen el pronóstico promedio de los analistas de 40 000 millones. De este modo, la cifra total en el 2003 se elevó a la astronómica cantidad de 489.400 millones de dólares, un incremento de 17 % en relación con el año anterior.

Durante el año pasado, Estados Unidos le compró al mundo bienes y servicios por más de 1,5 billones de dólares.

Hasta la teoría de que la caída del valor del dólar ayudaría a incrementar las exportaciones por encima de las importaciones se ha venido también abajo o por el momento no ha dado resultados positivos.

A los datos desalentadores se suma que el último informe del Departamento de Comercio indicó que en enero bajaron 0,3 % las ventas minoristas, un componente importante para medir el gasto del consumidor que a su vez influye determinantemente en el índice del Producto Interno Bruto (PIB) de ese país.

La verdad es que las cifras reales no acompañan las palabras optimistas de los funcionarios y dirigentes de la Casa Blanca y todo hace indicar que el 2004 tampoco será un buen año económico para Estados Unidos.