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Semanario Económico y Financiero de Cuba

El arroz en la encrucijada

Cuba demanda unas 700 000 toneladas de este cereal. Según científicos, en el país, combinando ciencia y recursos elementales, podrían llegar a producirse cerca de 500 000

Una vez más, la mirada está en la tierra, de donde debe salir en mayores volúmenes el arroz, uno de los alimentos esenciales en las mesas cubanas. Aunque no cubra la demanda nacional, calculadas en unas 700 000 toneladas para la canasta normada, elevar la producción nacional -que cubre hoy apenas la tercera parte- sería  sinónimo de soberanía y de considerable sustitución de importaciones.

Este año, no ha sido bueno para el sector arrocero cubano. De acuerdo con el ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero,  las dificultades con la producción de arroz, reglón que había comprometido la entrega de 190 000 toneladas durante 2020 al balance nacional,  ha enfrentado numerosos obstáculos que ponen a los arroceros y al comercio entre la espada y la pared.

El sector incumplió la campaña de siembra de la época de frío en 22 000 hectáreas por falta de los insumos que demanda el cultivo. “Nos faltó combustible, nos faltó fertilizante y nos faltó plaguicida, no pudimos cumplir, decidimos entonces retomar eso para la campaña de primavera”, dijo el titular, quien explicó que se han adoptado estrategias para tratar de reducir los atrasos en la campaña de primavera, que se extiende hasta agosto y durante la cual se deben cultivar 95 000 hectáreas. Pese a las limitaciones –señaló- se están sembrando en estos momentos unas 80 000ha.

Para incrementar las siembras, detalló el titular de la agricultura, conversaron con los cerca de 20 000 productores arroceros, a quienes se les han ido creando condiciones desde el punto de vista de entrega de tierras, equipamientos y semillas. Según comentó, en las reuniones con los agricultores, les plantearon que si bien no se cuenta con la urea necesaria para el cereal, es prioritaria la siembra de las 95 000 hectáreas, pues el país lo necesita.

La respuesta llegó sin dilación. “De las 80 000 toneladas que se iban a sembrar, en el reajuste del plan, esos productores se comprometieron con 104 000 toneladas para entregar al balance, 24 000 toneladas más que lo propuesto”.

Otro de los obstáculos fue la disponibilidad de agua en la presa Zaza, que garantiza el riego en la zona arrocera de Sur del Jíbaro, impidiendo la siembra de unas 5 800 hectáreas. En ese tiempo, sin embargo, se concentraron en la preparación de las tierras, lo que permite que tras las lluvias de mayo y junio, pueden plantar incluso más de lo previsto.

De acuerdo con Rodríguez Rollero, en el país “están disponibles las semillas, el combustible, los aviones, la tierra y el agua, pero hay limitaciones en los fertilizantes y plaguicidas”.

Afinar el tiro

Según estudios, el cultivo de arroz se desarrolla en Cuba desde mediados del siglo XIX y desde entonces ha tenido sus altas y bajas.

La provincia mayor productora del cereal es Granma, responsable de cerca del 30 % del arroz consumo que produce el país. Durante la actual etapa de siembra, que debe extenderse hasta inicios de agosto, deben completarse más de 25 000 hectáreas: 19 307 planificadas, más las 6 097 que dejaron de cultivarse en la pasada campaña, debido a las limitaciones con el combustible, los fertilizantes y productos químicos del paquete tecnológico.

La estrategia adoptada en ese territorio oriental fue redirigir parte del combustible de los sectores de educación y turismo, casi totalmente inactivos durante los meses de la pandemia, hacia las parcelas más extensas y con mejores rendimientos; además del uso de la tracción animal en los terrenos de los pequeños productores y en los campos de menores extensiones vinculados al proyecto de colaboración Cuba-Vietnam.

Directivos del sector en el territorio consideraron favorable la estabilidad en el balance de agua y existencia de una parte significativa de los insumos y la tecnología, “por lo que podemos aspirar, además, a cumplir con el plan anual de 58 500 toneladas de arroz”, declaró a la prensa local Jorge Luis López Reyes, subdelegado agrícola de la Delegación Provincial de la Agricultura.

La ciencia dice que sí

Según declaró al sitio Cubadebate Telce Abdel González Morera, director del Instituto de Investigaciones de Granos (IIG), en Artemisa, “Cuba tiene condiciones para autoabastecerse, pues solucionando los problemas objetivos que persisten, pudiéramos sembrar alrededor de 200 000 hectáreas al año, que con un rendimiento de cinco toneladas por hectáreas, se recogerían un millón de toneladas de arroz cáscara húmedo, lo que equivale, tras la molinería, a 500 000 toneladas de arroz consumo”, asegura González Morera.

Agregó que para lograr mayores rendimientos mucho tiene que aportar (y así lo hace) la ciencia, aunque por sí sola “no resuelve todos los problemas”. El cultivo necesita, invariablemente, de acceso oportuno a insumos y recursos.

Desde 2012 Cuba impulsa el desarrollo integral del arroz,  que tiene entre sus elementos el programa de mejoramiento genético a cargo del IIG y del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas.

De acuerdo con González Morera, “el arroz requiere de áreas bien niveladas para poder establecer la cantidad de plantas por hectárea necesarias y una lámina de agua uniforme, porque de lo contrario el gasto de agua es demasiado”. Esa actividad ha avanzado en el país con la contribución de un proyecto de colaboración con Vietnam, que proporciona equipamiento que permite mejorar la eficiencia en el uso del agua, así como agilidad y menor necesidad de fuerza de trabajo.

Otra parte del equipamiento, proviene de un proyecto con Japón, que facilita la tecnología del trasplante mecanizado en la producción de semilla de arroz.

Entre los proyectos en curso en el sector arrocero, está el dirigido a la formulación de un fertilizante que permita mayor absorción de la zeolita, que con la incorporación de elementos como nitrógeno, potasio y fósforo pudiera sustituir los fertilizantes de liberación lenta, de elevados precios en el mercado internacional.