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El camino más corto

La agricultura urbana, suburbana y familiar contribuye al autoabastecimiento local de productos agropecuarios y tiene potencialidades para lograr mayores impactos productivos


Martes 27 de Agosto de 2019 | 12:00:00 AM 

Autor

Raquel Sierra

En espacios ociosos entre edificios o al lado de las avenidas, en terrenos muy próximos a las áreas habitadas o en los patios, retoman su protagonismo las agriculturas urbana, suburbana y familiar, que abastecen al barrio y sus alrededores, al amparo de programas de recuperación de su infraestructura.

Esta forma de cultivar, que no es alternativa, sino complemento a las agricultura tradicional y extensiva, resulta económicamente viable, socialmente relevante y ambientalmente sostenible  en el sector agroalimentario, destacó recientemente la doctora en Ciencias Elizabeth Peña Turruellas, directora del Grupo Nacional de agricultura urbana, suburbana y familia (AU/ASU/AF).

Con el objetivo estratégico del autoabastecimiento alimentario local, este eslabón del sistema de la agricultura tiene entre sus prioridades completar el levantamiento de las áreas con potencial productivo, definiendo sus productores;  incrementar la participación del movimiento en el autoabastecimiento alimentario municipal, con énfasis en las hortalizas y condimentos frescos, las frutas naturales, las viandas y las carnes de cinco especies de ganado menor y establecer, junto con los trabajadores agropecuarios, un sistema de siembras y crianza animal diversificada y escalonada, que posibiliten una real permanencia de oferta a la población.

Para sus crecientes propósitos productivos, se enfatiza en solucionar en cada Consejo Popular la demanda de semillas, posturas y pies de cría animal, incluyendo los patios y parcelas, con producciones locales de las Fincas Municipales de Semillas.

Asimismo, es preciso rescatar la producción de abonos orgánicos a nivel de cada unidad, apoyado por el Centro Municipal de Abonos Orgánicos, que permita aprovechar todo el potencial de materia orgánica existente en cada Consejo Popular, así como diversificar y ampliar la obtención de alimento animal, utilizando todas las vías posibles en cada localidad.

Entre sus ventajas se incluyen desde la respuesta rápida en la producción de alimentos ante desastres climáticos y otras situaciones excepcionales, la comercialización en el barrio, incluido el consumo social con precios diferenciados, hasta el aporte a la biodiversidad, a la diversificación productiva y a la sustentabilidad local de la producción de alimentos.

En movimiento

En su conferencia La Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar. Su aporte al autoabastecimiento alimentario local, la agricultura como sistema, Peña Turruellas dijo que se encuentra hoy en mejores condiciones para concretar y enfrentar el reto que significa alcanzar el autoabastecimiento del municipio y Consejos Populares del país.

La AU-ASU-AF se desarrolla en diferentes modalidades: organopónicos, cultivos semiprotegidos, huertos intensivos y patios y parcelas. De las 8 321 hectáreas (ha) reportadas, hoy están en producción algo más de 6 655. Se prioriza la recuperación de las restantes y se trabaja en la localización de áreas para el incremento y alcanzar los 11 200 organopónicos, huertos intensivos, semiprotegidos y parcelas tecnificadas, destacó la doctora en Ciencias.

El trabajo de monitoreo, dijo, “ha permitido no solo conocer la situación actual de nuestras unidades, sino además proyectar el compromiso con el país de contar con una hectárea cada 1 000 habitantes para la producción de hortalizas”.

En el país ha comenzado un programa para rehabilitar la malla y la infraestructura en las 272 ya existentes de cultivo semiprotegido, para dar solución al alto deterioro por los años de explotación, la mayoría con más de 10 años. Se prevé incrementar esta tecnología en 400 hectáreas hasta el 2030 para garantizar un mayor volumen de hortalizas de hojas durante los meses de primavera-verano.

Cuba aspira  finalizar   2020 con 10 000 ha de organopónicos, cultivos semiprotegidos, huertos intensivos y parcelas tecnificadas.  El crecimiento en áreas se realizará fundamentalmente en estos últimos. El fin es alcanzar 1 400 000 toneladas de hortalizas y condimentos con destino a la población local, el consumo social (centros de educación y salud, prioritariamente) y, a la vez, que las unidades más avanzadas en cada provincia tributen parte de sus producciones al turismo, destacó la directora nacional. 

Entre las indicaciones para priorizar e implementar durante  el año 2019 del ministro del sector, Gustavo Rodríguez Rollero, se encuentran recuperar con un gran impulso el movimiento de patios y parcelas hasta la minindustria y la manufactura y desarrollar programas de siembra - producción - secado - envasado y venta de plantas aromáticas y condimentosas en todos los municipios.

Defender las premisas

El movimiento de AU-ASU-AF, que tiene como premisas el uso de tecnologías agroecológicas y un enfoque de sostenibilidad local, trabaja en 19 subprogramas: cinco  de cultivos, tres  de crianza animal y 11 de apoyo.

Según se reconoció en encuentro en el Ministerio de la Agricultura, en el caso del manejo agroecológico de plagas, se considera todavía insuficiente el uso de cal y tabaquina, poca la presencia de  preparados  botánicos  para  el control de plagas y enfermedades a partir de plantas producidas localmente (entre esas el árbol del Nim y escoba amarga) e inadecuada selección de variedades de los cultivos, según la época de siembra o la tecnología de su manejo, elementos que, entre otros,  garantizan el enfrentamiento a plagas y enfermedades. 

En el caso de los abonos orgánicos, la demanda para el sistema productivo del programa se estima en unas 800 000 toneladas, gran parte de las cuales se considera puede ser solucionada localmente en las propias unidades, simplificando la transportación o facilitándola con el uso de la tracción animal.

En las semillas, se trabaja en las 147 fincas municipales, con atención priorizada a las 26 denominadas especiales, donde se produce semilla básica, con la participación de los centros  de investigaciones patrocinadores de variedades y con el seguimiento disciplinado del servicio fitosanitario y de certificación en cada territorio.

En algunos lugares ya se logra el autoabastecimiento de semillas como es el caso de la habichuela.  Además, se continúa trabajando en la producción de simientes de pepino, ají, pimiento y otras, siempre sobre la base de contemplar una estructura de variedades para cada cultivo.

Para su conservación se han adquirido 74 cámaras y se insiste en mantener la disciplina, el rigor y el dinamismo en el control del funcionamiento, uso y mantenimiento, aspectos estos chequeados en cada recorrido del Grupo Nacional.

A su vez, en las 100 cooperativas frutícolas atendidas por el movimiento, se acciona por consolidar en cada una las 20 especies seleccionadas, el funcionamiento de espacios para  la  oferta directa a la población, así como en la atención a los jardines botánicos de frutales en todas las provincias y el Municipio Especial Isla de la Juventud.

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