Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

Contribuye la Unión Europea a la política energética cubana

El programa de apoyo de la UE, con un financiamiento de 18 millones de euros, tiene el propósito de aportar al buen desempeño de la política para el desarrollo perspectivo de las fuentes renovables y el uso eficiente de la energía en la nación caribeña

En su carrera por alcanzar la meta del 24 % de participación de las fuentes renovables en la generación de electricidad para el año 2030, la Mayor de las Antillas cuenta con acciones de cooperación como las de la Unión Europea (UE) que recién presentó en La Habana su Programa de apoyo a la política de energía de Cuba.

Con el propósito de contribuir al cambio de matriz energética en la Isla, reducir su consumo de combustibles fósiles y sustituirlos por fuentes renovables (FRE), esa iniciativa forma parte del Programa Indicativo Multianual 2014-2020 de colaboración con esta nación caribeña a partir de un financiamiento de 18 millones de euros para apoyar la implementación de la estrategia para el desarrollo perspectivo de las FRE.

En presencia de invitados cubanos y de  agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU),  durante un encuentro en la sede del Ministerio de Energía y Minas (Minem) para fortalecer las capacidades de negociación y promoción de inversiones, se examinaron múltiples propuestas y decisiones.

Se instó a mejorar los espacios para aprovechar las oportunidades de financiamiento,  evaluar necesidades de capacitación y equipos, elaborar proyectos, identificar acceso en comunidades rurales y buscar soluciones técnicas encaminadas a incrementar la calidad de vida de los pobladores.

Alberto Navarro González, embajador de la UE en Cuba, señaló que las perspectivas en esta esfera constituyen una nueva contribución a las medidas para contrarrestar el impacto del cambio climático y sugirió la posibilidad de avanzar mucho más rápido en la implementación de los objetivos trazados, considerando los nefastos efectos de ese fenómeno asociado al calentamiento global.

Raúl García Barreiro, titular del Minem, calificó de tarea de gran envergadura la meta de alcanzar el 24 % de participación de fuentes limpias en la generación de electricidad para 2030, lo cual forma parte de la Política para el desarrollo perspectivo de las FRE y el uso eficiente de la energía, aprobada en 2014 por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Instó a aplicar en forma adecuada el marco regulatorio del programa de la UE, preparar a directivos y funcionarios, promover la inversión extranjera en el sector, contar con universidades y centros de investigación para la formación profesional, fortalecer la eficiencia energética en la industria e incentivar el uso de las fuentes renovables.

El Ministerio de Energía y Minas asume la responsabilidad de coordinar la ejecución de este Programa, que tiene como objetivos fundamentales ayudar a fortalecer institucionalmente a las entidades públicas relacionadas con la aplicación de las FRE y el incremento de la eficiencia energética;  brindar servicios científico-técnicos e impulsar la investigación aplicada y la innovación, así como estimular el desarrollo local de las comunidades rurales, al facilitar el acceso a las fuentes renovables y el consumo racional de la energía.

Las emisiones del astro rey sobre el archipiélago cubano pueden convertirlo en una potencia energética a partir de su empleo, el auge del conocimiento y la tecnología, si se tiene en cuenta que el país recibe un promedio de radiación solar de más de 1 800 Kw/h/ por metro cuadrado al año, según sostienen expertos del Minem.

No obstante, en el alcance y éxito de esa política nacional es decisiva la eficiencia energética que abarca la instalación de lámparas led (como ocurre hoy con el alumbrado público en La Habana), calentadores solares, cocinas de inducción, bombeos, parques solares fotovoltaicos, plantas industriales de biogás y biodigestores en el sector residencial, entre otras acciones.

En Cuba se trata de promover la diversificación de una matriz energética, hoy solo apoyada en combustibles fósiles, para optar por la sustentabilidad tanto económica como medioambiental.

Por ejemplo, la solar fotovoltaica es una fuente de energía que produce electricidad de origen renovable, obtenida directamente de la radiación del Sol mediante un dispositivo semiconductor célula fotovoltaica o bien mediante una deposición de metales sobre un sustrato denominado célula solar de película fina.

En el mundo, este tipo de energía se usa principalmente para producir electricidad a gran escala a través de redes de distribución, aunque también permite alimentar innumerables aplicaciones y aparatos autónomos, así como abastecer refugios de montaña o viviendas alejadas de la red eléctrica.

Debido a la creciente demanda de energías renovables la fabricación de células solares e instalaciones fotovoltaicas ha avanzado considerablemente en los últimos años en el planeta.

Estas comenzaron a producirse en masa a partir del año 2000, cuando medioambientalistas alemanes y la organización Eurosolar obtuvieron financiación para la creación de 10 millones de tejados solares, según publica la enciclopedia digital Wikipedia.

La energía fotovoltaica no emite ningún tipo de  polución durante su funcionamiento, contribuyendo a evitar la emisión de gases de efecto de invernadero.

Fue el físico francés Alexandre-Edmond Becquerel el descubridor del efecto fotovoltaico en 1839, lo cual resultó fundamental para el desarrollo de las células fotoeléctricas.