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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Para servir la mesa

Incrementar la estabilidad de las producciones de hortalizas, condimentos frescos, abonos orgánicos y semillas; fortalecer el manejo agroecológico de plagas y el control del uso de los equipos, son prioridades para 2018

En 2017 el turismo internacional hacia Cuba experimentó un crecimiento esperanzador. En igual proporción estuvo la demanda de prestaciones y abastecimientos, entre estos, los del sector agrícola.

Una parte no despreciable de las hortalizas y condimentos frescos que demanda el turismo se produce en los espacios de la agricultura urbana y suburbana, que en el pasado calendario logró en general suministrar lo pactado, aunque en los meses de mayor calor se registraron dificultades con las hortalizas de hojas. Unas  51 035 toneladas de estos alimentos se produjeron en la modalidad de canteros semiprotegidos, que abarcan unas 279 hectáreas.

El pasado año, los mejores resultados en la producción para el turismo en la agricultura urbana, suburbana y familiar los obtuvo la provincia de Villa Clara, mientras otras como Ciego de Ávila, Camagüey y Holguín no alcanzaron las cifras proyectadas, destacó en el análisis de la labor de 2017 Elizabeth Peña Turruellas, directora de esta esfera en el Ministerio de la Agricultura.

Más allá del turismo

El sector turístico es solo una pequeña parte de los destinos de la agricultura urbana. Esta se define como “la producción de alimentos dentro del perímetro urbano, aplicando métodos intensivos, teniendo en cuenta la interrelación seres humanos-
cultivo-animal-medio ambiente y las facilidades de la infraestructura urbanística que propician la estabilidad de la fuerza de trabajo y la producción diversificada de cultivos y animales durante todo el año, basándose en prácticas sostenibles que permiten el reciclaje de los desechos”.

Al cierre de 2017, se produjeron 1 268 276 toneladas de hortalizas y condimentos frescos. Ese subprograma cuenta en la actualidad con 8 638 hectáreas de organopónicos, huertos intensivos y de cultivos semiprotegidos, lo que representó un incremento de unas 160 hectáreas en relación con 2016.

Poder cosechar lechugas, brócoli, berenjenas, pimientos, tomates y muchos más demanda disponer de semillas de calidad. En el pasado calendario se produjeron en los espacios urbanos y suburbanos 11,56 toneladas de semillas categorizadas (básica, registrada y certificada) con énfasis en especies como lechuga, acelga china, rábano y habichuela. Como aporte al autoabastecimiento municipal y a la seguridad alimentaria, se trabaja por alcanzar el autoabastecimiento territorial en el mayor número de cultivos posibles, se destacó en el análisis.

El incremento de las cosechas en este tipo de agricultura deviene una urgencia ante la creciente demanda de hortalizas y vegetales, motivado por un mayor conocimiento sobre las bondades de su consumo en la población, el auge del turismo y del sector de la gastronomía no estatal.

Una de las ganancias del programa de agricultura urbana, suburbana y familiar es el hecho de contar con un estudio de factibilidad para su desarrollo, dirigido a consolidar su base productiva, incrementar los niveles de producción y ventas, el fortalecimiento de la infraestructura de asistencia técnica, tecnológica y el accionar de las granjas urbanas municipales, garantizando su rentabilidad y sostenibilidad, según apuntan los lineamientos.

Entre las prioridades de cara al 2019 se encuentra completar las 10 000 hectáreas con estas tecnologías, de acuerdo con el estudio de factibilidad aprobado por el Ministerio de Economía y Planificación para el período 2015-2019.

Buscar soluciones

Una de las prioridades de la agricultura cubana hoy es la sostenibilidad. Entre los retos de esta naturaleza en la urbana y suburbana se encuentra dar solución a la infraestructura de riego, tanto del completamiento como la sustitución de sistemas envejecidos. De acuerdo con el ministro del ramo, Gustavo Rodríguez Rollero, esto demandaría de la industria nacional unos 3 000 000 de microaspersores, mangueras y electrobombas.

Rodríguez Rollero destacó también la necesidad de cumplir permanentemente con los principios básicos de la agricultura urbana, buscando soluciones a escala local: crear,  mantener la infraestructura, asegurar sistemas de riego eficientes, disponer de abonos orgánicos como garantía para elevar rendimientos y retribuciones vinculadas al resultado final, entre otros. En la medida de las posibilidades del país se continuará el apoyo en equipamientos como tractores de pequeño porte y cargadores.

En el balance de la agricultura urbana se evidenció la necesidad de mantener siempre encendida la alarma para casos de sequía, huracanes y fuertes lluvias, entre otros imponderables, de manera que pueda accionarse con celeridad y hallar soluciones que, tras las afectaciones, garanticen la disponibilidad de alimentos en el más breve plazo posible.

A hacer un uso óptimo de la tierra, modernizar la agricultura, priorizar la mentalidad de desarrollo y de valores agregados, aprovechar las ventajas de Cuba en el orden técnico y tecnológico por la existencia de institutos de investigación a los que corresponde también el asesoramiento y promover la búsqueda de nichos de exportación para alimentar inversiones en el sector, llamó en el balance José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

En curso

El 2018 no es una perspectiva, sino el día a día. Los lineamentos de la agricultura urbana, suburbana y familiar para este año indican que se prestará especial atención a los organopónicos, huertos intensivos y organoponía semiprotegida y a las actividades que los sustentan: abonos orgánicos, semillas, riego, manejo agroecológico de plagas y capacitación.

Entre las prioridades programáticas para la etapa se encuentran también el desarrollo de las fincas agrícolas y pecuarias, los patios y parcelas, las plantas medicinales, la fruticultura popular y el crecimiento de esta actividad en las cooperativas de frutales enmarcadas en el ámbito geográfico de la agricultura suburbana, la pequeña agroindustria, la calidad e inocuidad de los alimentos y la generalización de nuevas tecnologías, variedades de cultivos y razas de ganado menor.