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Semanario Económico y Financiero de Cuba

El ciclo sin fin

El programa de desarrollo de la acuicultura cubana hasta 2030 contempla la recuperación en la infraestructura, trabajar por garantizar la alimentación para los peces y el mejoramiento genético de las diferentes especies que permitan elevar rendimientos y la producción

La intensa sequía en el primer semestre del pasado año, tuvo una incidencia negativa en diferentes sectores económicos.  La agricultura fue el más afectado, pero no fue el único. La acuicultura cubana sufrió su impacto, con consecuencias que repercuten aún hoy. Las escasas lluvias redujeron considerablemente el agua embalsada y obligaron a paralizar parcial o totalmente varias estaciones acuícolas.

De acuerdo con Jesús Rodríguez Rull, jefe del Departamento de Acuicultura de la División Pesquera del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria,  en los últimos años  esta esfera ha tenido una tendencia estable, con un pico de 26 000 toneladas en 2015.

En ese momento, recuerda, la ausencia de precipitaciones obligó a incrementar las capturas con una consiguiente contracción posterior. “Cuando hay sequía,  tienes que pescar, no puede dejarse esa biomasa pues puede elevarse la mortalidad, entonces cosechas mucho, pero después debe esperarse a que se llene el embalse y volverlo a sembrar.

“El pasado año fue difícil, llevábamos dos o tres años muy secos, en el primer semestre tuvimos que paralizar parcial o totalmente algunas estaciones de alevines, pues no teníamos agua y hubo que trasladar los reproductores hacia otros lugares. Todo esto indudablemente afectó el cumplimiento del plan del año, de unas 25 000 toneladas, y logramos 24 000, unas 1 000 por debajo de lo planificado”, refiere.

Aunque el huracán Irma ocasionó algunas afectaciones en techos de naves y estaciones, explica, aportó numerosas lluvias, que se han mantenido desde entonces, lo que ha propiciado una recuperación de los embalses hasta llegar al 80 % de su capacidad de llenado. “Ahora tenemos agua y nos queda entonces sembrar muchos alevines en todos esos embalses. Algunas granjas y estaciones donde hacía cuatro años no podíamos trabajar hoy están activas nuevamente”, sostiene.

La producción acuícola está destinada fundamentalmente al consumo nacional y, en menos escala, al mercado de frontera, dijo Zenaida Arboleya, directora de la Unidad de Desarrollo e Innovación  de la Empresa de Desarrollo de Tecnologías Acuícolas.

Hoy y mañana

Otra de las afectaciones experimentadas en 2017 fue la disponibilidad de alimentos para el cultivo intensivo. Las roturas en la industria, explicó el directivo, impidieron disponer de todo el alimento “en la calidad, cantidad y sobre todo la oportunidad, porque los peces, al igual que todos los animales, tienen que comer constantemente”.

El país no tiene la capacidad de producir piensos para peces y hoy usamos el pienso que usa la agricultura. Se trabaja por estabilizar la situación, como parte de las acciones insertadas en el programa de desarrollo del sector, destacó.

Las proyecciones trazadas para la acuicultura cubana hasta 2030 contemplan la recuperación  en la infraestructura,  trabajar por garantizar la alimentación para los peces y el mejoramiento genético de las diferentes especies que permitan elevar los rendimientos y la producción.

Para 2018, la proyección es mantener una captura similar, y aunque hay agua no se puede pensar en crecimientos bruscos, sucede que ahora hay que sembrar nuevamente los embalses y luego esperar entre 12 a 18 meses.

¿Intensidad o extensión?

De acuerdo con Rodríguez Rull, el programa persigue duplicar y triplicar las actuales cifras de captura.  Para esto, se pretende impulsar tanto el cultivo intensivo como extensivo.

Este último resulta más económico: si hay agua, se produce la semilla –alevines-, cuyo costo es bajo, se siembra en los embalses, no se les suministra alimentos y se pesca a los 18 meses. Este tipo de producción aporta unas 18 000 toneladas al año, mientras el intensivo representa el 30 %. Sin embargo, el extensivo tiene un límite: la capacidad de agua embalsada.

A juicio del experto, el intensivo tiene mayores posibilidades de crecer, en la medida en que se incrementen las hectáreas de estanques. Hoy, el país cuenta con unas 1 400 hectáreas: incluidos los destinados a la producción de alevines y a la ceba. Desde Pinar del Río hasta Guantánamo existen 26 centros de reproductores, que producen la semilla requerida por cada provincia.

“Uno de los problemas es la infraestructura de estanques. La mejora genética permite acelerar el crecimiento y la ganancia de peso, y esto implica que en el mismo estanque puede obtenerse tilapia dos veces en el año, duplicando así la producción”, dijo.

Renovar la familia

El cultivo de peces o de cualquier especie pasa por varios factores y uno de esos es la genética, destaca Rodríguez Rull. El proyecto Establecimiento e implementación de un programa de mejoramiento  genético para peces de agua dulce, desarrollado con financiamiento de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en fase de terminación apunta en esa dirección.

La iniciativa, ejecutada por el Ministerio de la Industria Alimentaria, permitió la capacitación de técnicos en Cuba y en la Universidad Estadual de Maringá, en Brasil, aportó recursos para la continuidad de la preparación y suministrará nuevas familias de tilapias del Nilo (GIFT, genéticamente modificadas), para su reproducción.

“Lo más importante es el establecimiento de un programa genético para peces de agua dulce, es el mismo proceder en la tilapia, el clarias y la carpa china”, considera Arboleya.

Contar con las nuevas familias de tilapias genéticamente mejoradas es solo una parte del proceso. De acuerdo con Rodríguez, deben conjugarse todos los otros elementos relacionados con el cultivo: la alimentación, la calidad del agua y la preparación del personal que atiende el proceso.

Acuicultura y sostenibilidad

Sin agua no hay acuicultura posible. Justo por ello las autoridades del sector escuchan las advertencias de la ciencia. Según Rodríguez Rull, ahora tenemos agua, pero debemos ahorrar cada día más, porque la situación de la sequía va a continuar.

A esas alertas se debe responder también con ciencia. “Los expertos indican que las sequías van a ser más prolongadas y también por eso estamos apostando por el cultivo intensivo, con sistemas más novedosos, de bajo consumo de agua, que puede recircularse y usarse muchas veces. Aunque son sistemas costosos, son eficientes, permiten incrementar los rendimientos, se pagan con el tiempo y se protege este invaluable recurso”, enfatiza.

Los mejores

• Las provincias más productoras son Sancti Spíritus, Camagüey, Villa Clara y Granma, que representan el 60 % del total nacional.

• Pinar de Río se distingue por las capturas de tilapia, al lograr rendimientos por hectáreas muy superiores a la media del país.