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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Al 2020, grano a grano

Cuba demanda anualmente unas 700 000 toneladas de arroz. Su Programa de Desarrollo avanza progresivamente para reducir las importaciones

La humanidad cosecha arroz desde hace mucho tiempo. Según estudios, el origen de la domesticación de su cultivo proviene del sur de la China, donde las investigaciones morfológicas ubican claramente la transición del cereal y la evolución de la recolección a su cultivo doméstico. Poco tiempo después de comenzar a cosechar arroz, las familias chinas descubrieron nuevas variedades de este cereal.

La historia afirma que llegó al llamado Nuevo Continente durante el segundo viaje de Cristóbal Colón, aunque su cultivo no prosperó hasta 1512, cuando se realizaron las primeras tentativas de aclimatación, extendiéndose desde La Española al resto de las Antillas y desde ahí hacia el continente.

En los últimos años, el cultivo ha tenido el acompañamiento cercano de los avances tecnológicos: semillas más productivas y maquinarias con eficiencia superior, sostienen la producción.

Cuba no se ha quedado atrás. Con una demanda anual de unas 700 000 toneladas, el Programa de Desarrollo del Arroz avanza progresivamente para reducir las importaciones. En ese camino, no pueden faltar la ciencia y la tecnología.

A lo cubano

De acuerdo con Lugo Hernández, director técnico-productivo de la División Tecnológica del Arroz, desde hace algunos años en el país la tecnología ha llegado con mayor celeridad a los campos arroceros. “Se ha trabajado mucho en la nivelación de los suelos con la utilización de GPS (Sistema de Posicionamiento Global, por sus siglas en inglés), con láser y con alisamiento, que conducen a alcanzar rendimientos superiores”.

Al utilizar esos resultados de la ciencia, “se logra mejor geminación de la semilla, manejo del proceso y agrotecnia del cultivo y luego, en la temporada de cosecha, esto se traduce en mayor volumen del cereal por cada hectárea sembrada. Además, hemos trabajado también en la limpieza del sistema de riego y drenaje, en la mejora de campos, en las tecnologías de secado y molinado, con el fin de elevar la eficiencia y mejorar la calidad del grano”, sostuvo.

En el caso específico de las semillas, precisó el directivo, en los últimos años el sector arrocero trabaja con simientes  categorizadas, incluidas en el paquete tecnológico que se entrega a los productores. “En la actualidad se están utilizando unas 10 variedades, lo que permite establecer una buena estrategia varietal y utilizar en cada región aquellas que mejor se adapten a las características climatológicas. Al final, esto redunda en mayores rendimientos y producción”.

Largo camino

De las alrededor de 700 000 toneladas que se consumen anualmente, Cuba produce unas 200 000, lo que significa que no logra autoabastecerse de este producto, básico en la dieta diaria de los 11,2 millones de habitantes del archipiélago.

El Programa de Desarrollo del Arroz plantea para el año 2020  lograr unas 400 000 toneladas de arroz consumo. En 2017 el plan de producción fue de 197 000 toneladas.

A juicio de Lugo Hernández, llegar a esas cifras depende de más de un factor. En esto  influyen no solo las semillas y la maquinaria, sino también la disponibilidad de agua -elemento básico para el cultivo-, y el rescate de áreas arroceras que se perdieron en la etapa de la crisis económica de los años 90, su mantenimiento y la limpieza de canales.

En los últimos tiempos, el programa ha seguido su curso pese a las severas afectaciones provocadas por una sequía que en algunas regiones del centro se prolongó por unos 40 meses y provocó el agotamiento de no pocas fuentes de abasto de agua, con los consiguientes perjuicios en los rendimientos.

El Programa de Desarrollo del Arroz incluye las acciones tecnológicas en la preparación y el mantenimiento de los suelos y de los sistemas de riego y drenaje, en la maquinaria y las industrias existentes. “Hay una estrategia que se cumple y paso a paso se avanza en la producción arrocera en el país”, asegura Hugo Hernández.

En Cuba, los principales polos arroceros se concentran en provincias como Granma, Camagüey y  Sancti Spíritus, aunque ya se produce el cereal en todo el país, excepto en Santiago de Cuba y Guantánamo, teniendo en cuenta la topografía y características de los suelos, así como la necesidad de crear condiciones de riego y drenaje para la producción a gran escala. En esos territorios, las cosechas son pequeñas  y para el autoconsumo.

Calidad

Sustituir importaciones para abastecer al mercado nacional es solo una parte del asunto. La otra está ligada a la calidad, donde aún hoy el producto nacional está en desventaja.

Ese indicador, señala el especialista, depende desde la parte agrícola  hasta la industrial. “Estamos trabajando en la eficiencia de la cosecha, cuando se demora, el grano se seca y parte, aparecen malezas. La calidad tenemos que mejorarla desde el campo, la agrotecnia y la recogida a tiempo, evitando pérdida de humedad, pues todo esto tiene incidencia después en la industria”, explicó.

A juicio de Lugo, el arroz es un cultivo muy tecnificado, pero si hay calidad en los recursos, las tecnologías que se emplean son de punta y se garantizan los insumos a los productores, deben crecer los rendimientos.

2018

Desde septiembre del año pasado, las lluvias han recordado que Cuba existe. La recuperación de los embalses abre caminos a la agricultura, también para el arroz. De acuerdo con Lugo, en este cultivo las precipitaciones son beneficiosas, siempre que se adopten todas las medidas técnico-organizativas y se mejore la agrotecnia, lo que redundaría en una buena campaña.

Para 2018, el Grupo Empresarial Agrícola y su rama arrocera tienen el compromiso de entregar al Ministerio de Comercio Interior 224 000 toneladas de arroz para el consumo.

Para esto, aseveró, se han ido garantizando recursos como combustible, semillas,  agua, maquinaria y los fertilizantes, por lo que hasta la fecha no se vislumbran dificultades para una buena campaña 2017-2018.

Desde noviembre pasado y hasta finales de febrero, los arroceros cubanos están enfrascados en la siembra de la campaña de frío, durante la cual deben sembrarse 53 389 hectáreas de las 138 445 hectáreas previstas para el año. En la primavera -entre marzo y el 31 de julio-, habrá que plantar el resto, 85 054 hectáreas.

La cosecha de arroz, iniciada en mayo del pasado año, concluirá el próximo día 20. Según vaticinó el directivo, los rendimientos deben comportarse por encima de 4,8 toneladas por hectárea planificada y se trabaja llegar a cinco toneladas en la campaña de frío, cercano  a los que obtienen los principales países arroceros (Tailandia, Estados Unidos y Vietnam, que logran entre cinco y seis toneladas por hectárea).