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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Un mundo por delante

La Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas celebra este noviembre su aniversario 56 con proyectos para continuar recuperando valores

En algunos lugares muy puntuales de Cuba pueden encontrarse cestos de colores para depositar desechos sólidos. Lo que es ya muy común en no pocas naciones, es en el país todavía algo muy incipiente. Los amarillos, para los plásticos, los azules destinados al papel y al cartón mientras que las latas y los envases de vidrio  deben depositarse en los verdes. Al cesto anaranjado deben ir los desechos orgánicos. La recolección selectiva da sus primeros pasos con la intención de convertirse, en un futuro no tan lejano, en una práctica que responda a las necesidades económicas del país y poner freno a la contaminación.

Aunque la experiencia cubana de recogida de desechos recuperables tiene larga data –la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas (UERMP) fue creada el 7 de noviembre de 1961-, es mucho lo que todavía se escapa de los caminos de la recuperación, por lo que se desarrollan nuevos programas tanto dirigidos a dotar al sistema de recogida de mejores tecnologías y equipamiento como para continuar la labor educativa que fomenta el reciclaje.

La citada entidad responde por la gestión de los desechos reciclables que se generan en todas las esferas del ámbito nacional. En Cuba se reciclan una veintena de surtidos, divididos en tres clasificaciones básica: chatarra ferrosa (acero y hierro fundido), chatarra no ferrosa (aluminio, bronce, cobre, plomo, zinc, estaño, aleaciones inoxidables, metales preciosos y otros) y chatarra no metálica (entre esos plástico, papel, cartón, envases de vidrio y neumáticos). También se recuperan materiales reutilizables mediante el desmantelamiento industrial y naval.

Entre los elementos programáticos de la política de reciclaje se encuentran incrementar los volúmenes de recuperación, introducción de tecnologías para la selección en origen de los desechos reciclables;  manejo integral e industrialización de los procesos, con el fin de elevar el valor agregado de los productos que se entregan a la economía o la exportación; y maximizar el empleo en la industria nacional de los recursos resultantes del reciclaje.

A despecho de Irma

En septiembre pasado el huracán Irma asestó un duro golpe a varias provincias cubanas del que no escaparon entidades del sector del reciclaje. Las diferentes empresas tuvieron que detener su actividad habitual para reponerse de los daños y sumarse a la fase de recuperación de sus instalaciones dañadas así como a las labores de saneamiento e higienización de zonas asignadas por los consejos de defensa de sus respectivos territorios. No obstante, se trabaja con intensidad de manera que ese tropiezo no obstaculice el cumplimiento de los planes.

De acuerdo con Orlando Morfi González, director de la ERMP en Villa Clara, el huracán provocó daños en 23 inmuebles, más de 200 metros de tapias, mantas, puertas y más de 2 000 metros cuadrados de techos, sin embargo, “nos proponemos en el aniversario 56 de la creación de la empresa tener todas las instalaciones recuperadas, con mejores condiciones de seguridad y confort para enfrentar posibles eventos de este tipo y cumplir con los planes de recuperación” de los 16 surtidos planificados.  Esa entidad recolecta anualmente unas 17 500 toneladas de chatarra que se destinan a las acerías nacionales.  

En el país, para 2017 se pronostica superar las ventas anuales, ascendentes a 280 000 000 de pesos, de los cuales hasta el cierre de septiembre se acumulaban 223 000 000. Las ventas incluyen 187 000 toneladas de chatarra ferrosa destinadas a las acerías nacionales, cuyo precio en el mercado internacional actualmente alcanza los 350 dólares por cada tonelada. El monto total incluye asimismo unas 22 700 toneladas de chatarra no ferrosa (cobre, acero inoxidable, plomo, bronce y aluminio).

Entre los fuertes de la recuperación de desechos reciclables destacan unas 20 375 toneladas de papel y cartón destinados a fábricas nacionales encargadas de la producción de artículos como libretas escolares, cartones para envasar huevo y tejas, entre otros. Al cierre del año se proyecta acopiar unos 88 000 000 de envases de cristal.

De acuerdo con fuentes de la UERMP, entre los años 2012-2017, en Cuba se han recuperado 2 418 000 toneladas de desechos reciclables, para unas 400 000 toneladas como promedio anual.

En los últimos cinco años, el país ha reafirmado la sustitución de importaciones como la prioridad del destino de los materiales recuperados, “con el  objetivo de fabricar productos de mayor valor agregado que se puedan dirigir al mercado externo”. Se estima que al cierre de año, del total de lo recuperado se dirigirá a la exportación solo el 4 % del total, mientras que el 70 % lo constituirá la chatarra ferrosa que demandan los hornos de las acerías nacionales para la producción de acero y sus derivados.

Aunque todavía quedan potencialidades para elevar la recuperación, es indudable que esa cifra tiene un considerable impacto directo en la sustitución de importaciones, calculado en unos 1 200 000 000 de dólares, para un promedio anual de unos 200 000 000, a partir de los precios de los diferentes surtidos en el mercado internacional.

Bien merecidas

Con tanto tributar a la sustitución de importaciones para ahorrar divisas al país, la industria cubana del reciclaje bien se ha ganado las inversiones que se realizan desde hace unos seis años, por unos 28 000 000 de pesos.

Un informe de la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas  señala que son cuatro las esferas tributarias de las inversiones: reposición de equipamiento (con la adquisición de 42 equipos), los polos turísticos, el desmantelamiento industrial y el desguace de embarcaciones.

La adquisición de equipos para el reciclaje en polos turísticos como La Habana, Varadero, Holguín, Ciego de Ávila, Camagüey y Villa Clara -estos dos últimos en proceso- lo que ha propiciado un incremento anual de la recogida en esos espacios de más de 10 %. Fuentes de la UERMP indican que al cierre de 2017 se espera alcanzar en el sector turístico más de 6 200 toneladas de desechos reciclables, el doble de lo obtenido en 2012.

Una de las prioridades, la adquisición del módulo para el desmantelamiento industrial, ha posibilitado desde su puesta en explotación la recuperación de unas 35 828 toneladas de chatarra ferrosa, a razón de una 8 350 toneladas como promedio anual. Entre las obras ejecutadas se encuentran la demolición del hospital Pedro Borrás, en La Habana,  el hotel Internacional de Varadero y la Planta de Fertilizantes de Cienfuegos.

Por su parte, desde la puesta en marcha en 2013 de la inversión destinada al desguace de embarcaciones,  hasta agosto de 2017, han sido recuperadas  49 587 toneladas de chatarra ferrosa (unas 10 500 toneladas como promedio anual). En 2017, el país espera obtener en esta rama del reciclaje unas 13 000 toneladas.

Recolección selectiva

Entre los proyectos que desarrolla la UERMP está la recogida selectiva que tiene como fin devolver a la industria aquellos desechos que puedan emplearse como materias primas secundarias para su reutilización o para la obtención de nuevos productos.

Entre las ventajas que trae clasificar desde un inicio aquello que comúnmente llamamos basura se encuentran el hecho de que, en primer lugar, evita la mezcla y con ello, la contaminación primaria de los desechos, además de facilitar su separación para su posterior tratamiento, prevenir la contaminación del medio ambiente por la interacción con suelos y agua y favorecer la valorización de los residuos orgánicos de cara a su aprovechamiento en la producción de abonos o la generación de energía.

Para que funcione correctamente, se alerta, debe existir una adecuada coordinación entre los diversos actores económicos y sociales que participan, incluidos productores, consumidores y gestores de desechos reciclables y no reciclables.

La Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas responde por la gestión de los desechos reciclables que se generan en todas las esferas del ámbito nacional. En Cuba se recicla una veintena de surtidos, divididos en tres clasificaciones básica: chatarra ferrosa (acero y hierro fundido), chatarra no ferrosa (aluminio, bronce, cobre, plomo, zinc, estaño,  aleaciones inoxidables, metales preciosos y otros) y chatarra no metálica (plástico, papel, cartón, envases de vidrio, neumáticos y otros). También se recuperan materiales reutilizables mediante el desmantelamiento industrial y naval.

Entre los elementos programáticos de la política de reciclaje se encuentran incrementar los volúmenes de recuperación, introducción de tecnologías para la selección en origen de los desechos reciclables;  manejo integral e industrialización de los procesos, con el fin de elevar el valor agregado de los productos que se entregan a la economía o la exportación; y maximizar el empleo en la industria nacional de los recursos resultantes del reciclaje.