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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Aldaba toca a las puertas de la cultura

Próxima a cumplir su primer lustro, esta empresa obtiene ingresos considerables en uno de los sitios más atractivos para el turismo en Cuba

La aldaba, según el Diccionario de la Real Academia, es una pieza de hierro o bronce que se coloca en las puertas para llamar golpeando con esa. En los siglos pasados, los herreros fueron muy creativos y  las hicieron de las más disímiles formas: desde las más sencillas anillas hasta muy trabajados manos, leones, rostros, cruces, caballos, conejos y figuras egipcias.

En la ciudad de Trinidad, una de las siete primeras villas fundadas por los españoles en Cuba y uno de los polos turísticos más atractivos, ubicada en la central provincia de Sancti Spíritus, ese fue el nombre escogido para nombrar a una de las empresas con que cuenta la Oficina del Conservador.

Según explica el director de la empresa, Alberto Turiño Salinas, la creación de Aldaba, en abril de 2012, estuvo dirigida al rescate de los valores culturales y espirituales de la villa trinitaria, la generación de ingresos para la continuidad de la labor cultural en un ciudad cuyo Centro Histórico y su Valle de los Ingenios fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1988, e impulsar de forma sostenible la economía local mediante la comercialización de productos identitarios.

“La sostenibilidad de la cultura es costosa y si no se cuenta con un respaldo económico y financiero, es muy difícil. En Trinidad existe la posibilidad de operar como empresa, no como unidad presupuestada, lo que le da fortaleza de generar ingresos propios. Con ese fin, Aldaba comercializa tanto productos con valor identitario como otros de amplio consumo, lo que permite obtener financiamiento para reinvertir en la cultura y la preservación del patrimonio”, explica el directivo.

Entre las líneas de trabajo de la empresa se encuentran los recorridos especializados que se coordinan  y realizan en Trinidad, dirigidos a personal técnico y científico, en los que se insertan también especialistas de la Oficina del  Conservador. Entre los destinatarios de esos servicios, destacó el directivo, han estado representantes de varias publicaciones, incluida la revista National Geographic, y personalidades del mundo de la cultura, la investigación, la comunicación y el conocimiento.

¿Cómo mostrar la cultura?

La entidad cuenta con tres centros de interpretación: la Maqueta de la Ciudad, el de la arqueología industrial del Valle de los Ingenios, nombrado San Isidro de los Destiladeros, y el sitio de Guaimaro, donde se explica todo el proceso azucarero del valle y su interrelación con la ciudad, y  las historias de las diferentes familias poderosas del valle.

La maqueta de la ciudad de Trinidad muestra las características y detalles más relevantes de casas y espacios del Centro Histórico Urbano y permite apreciar el desarrollo que experimentó la ciudad desde sus inicios, con referencia a algunos de los edificios más representativos del conjunto. Realizada de manera modular, permite que cualquier cambio que se genere en la ciudad pueda modificarse en la maqueta in situ, sin afectar el recorrido y visita a la instalación.

Según Turiño, hace unos años el sitio de San Isidro de los Destiladeros estaba a punto de desaparecer y se comenzó la intervención con un impulso financiero de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), luego extendida con recursos de la Oficina del Conservador. Esto permitió se hayan excavado y sacado a la luz objetos relacionados con el proceso industrial de la fabricación de  azúcar que permanecían enterrados y sin posibilidad de ser mostrados.

“Las ruinas arqueológicas resultan un atractivo para el turismo, y es visitado diariamente por más de 100 personas.  Además, se está reconstruyendo la casa de la hacienda, antigua vivienda derribada por un huracán”.

En el ingenio Guáimaro, enclavado en la zona central del Valle de los Ingenios, Aldaba ofrece a los visitantes recorridos guiados, donde se pueden ver las ruinas y la recién restaurada casa de la hacienda.

Inyección al cofre

Existen otras vías para inyectarle recursos a las arcas. En el Centro Histórico Albada cuenta con dos proyectos de desarrollo local, un hostal y un restaurante: el Amargura 85, con servicio gastronómico, que comparte el espacio con una galería de arte de la Oficina del Conservador; y la taberna Guanahuac, que comercializa tragos y platos tradicionales.  También está en sus manos la explotación del hostal Academia.

“Aldaba tiene buenos resultados económicos, un crecimiento anual  de 33 % desde su creación, lo que le permite hacer inversiones para el sostenimiento de la cultura”, indica Turiño, quien sostiene que esos proyectos representan el 20 % de la producción total de la empresa.

Otra de las actividades empresariales es el apoyo a una nueva figura que comienza a insertarse en la cotidianidad  de la ciudad de las calles empedradas, las estatuas vivientes, hoy seis, que personifican integrantes de la Asociación Hermanos Saiz (AHS).

En obras

Ante el creciente interés que despierta entre los visitantes la tercera villa se impulsan las obras en el Valle de los Ingenios. Según comenta Turiño, se está reconstruyendo la casa de San Isidro de los Destiladeros a la usanza de la época, obra a cargo de la Empresa Constructora de la Oficina del Conservador.

“En la casa, con la utilización de modernos medios audiovisuales, proyectamos recrear el sitio completo, como si estuviese trabajando, y con solo pinchar una tecla, se podrán apreciar las diferentes fases del proceso productivo, con todas las características que distinguían el lugar,  detalladamente descrito en el libro El ingenio, de Manuel Moreno Frangías”.

Otra intención es trabajar para que el sitio pueda ser declarado zona protegida, toda vez que ahí pueden encontrarse 22 especies endémicas de la fauna de la zona, así como lugar de estancia de aves migratorias.

En sus pasos hacia mayores opciones para los visitantes e ingresos para la restauración del patrimonio, Aldaba contrató con la empresa Tecnoazúcar el servicio gastronómico y técnico en el central FNTA. “En todos esos lugares realiza el trabajo cultural con la comunidad. En el sitio Guaimaro, un central que en 1927 fue el que mayor volumen de azúcar produjo en el mundo, las personas han construido sobre las ruinas  y tienen los sitios arqueológicos en sus propios patios”.

En la mira

Una de las proyecciones es crear un Centro para la Diversidad Cultural fuera del área del Centro Histórico Urbano. Según explica, esta no es una idea nueva,  pues desde hace algún tiempo, la Oficina del Conservador busca opciones de interés con el fin de descongestionar el lugar, pues esta es una zona muy frágil.

El espacio escogido es el Fortín de Vizcaya, en un barrio periférico del Centro Histórico. “En la zona existen dos tejares, un taller de guano y una  carpintería; en el lugar, hoy no beneficiada por el turismo, se concentran cuatro manifestaciones de arte, y la idea es hacer un parque y enseñar la historia a partir del fortín -cuyo proyecto de restauración obtuvo mención en premio de arquitectura-, como parte de una idea de resaltar la historia vinculada las fortificaciones militares en Trinidad y desarrollar recorridos turísticos para valorizar esa parte de la ciudad.

Otra de las ideas que rondan a Aldaba es la construcción en los alrededores de San Isidro de los Destiladeros de cinco casitas de arquitectura vernácula -con madera y barro-, para hospedaje de turismo rural y ecológico, que permitiría salir en coches y a caballo hacia otros sitios de interés de la zona. “Con eso, por un lado se transmiten y se difunden cultura y tradición, y por otro, se generan ingresos, eso es la comercialización de la cultura, no su mercantilización”, enfatiza el director de Aldaba.