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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Más proyectos de la FAO en la Isla

La cooperación abarca transferencia de tecnología a centros de investigación y productores del país, en áreas como agricultura, seguridad alimentaria, nutrición y gestión sostenible de recursos naturales

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), mantiene su contribución en Cuba, la cual se confirma con la rúbrica de nuevos proyectos para la transferencia de conocimientos y tecnología a centros de investigación y productores del país, en varias esferas como agricultura, seguridad alimentaria, nutrición y gestión sostenible de los recursos naturales.

Esos propósitos se incluyen en el acuerdo existente entre la FAO y la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), destinado a ampliar el intercambio de conocimientos y la cooperación técnica entre los países en desarrollo.

Según trascendió, la transferencia de conocimientos asociada a los dos proyectos fortalecerá las alianzas productivas en agrocadenas de valor incluyentes entre diferentes sectores.

El objetivo es optimizar procesos de producción agrícola desde la perspectiva de la intensificación sostenible en la obtención de carne, leche y granos, con técnicas y prácticas que respetan e incluso promueven los ecosistemas naturales, a la vez que se garantiza la obtención de mayores rendimientos a largo plazo.

Se trata del proyecto Apoyo al fortalecimiento del sistema de innovación socioproductiva del sector ganadero en Cuba; Acciones demostrativas en Las Tunas, orientado a mejorar la capacidad técnica de los sistemas familiares de obtención de leche y carne bovina, el cual se extenderá hasta enero de 2018 y contará con un financiamiento de 372 000 dólares.

Entre los principales actores y beneficiarios de los procesos de capacitación y transferencia tecnológica que incluye ese proyecto están el Instituto de Investigaciones de Pastos y Forrajes y otros centros científicos y cooperativas de créditos y servicios,  donde se encuentran asociados la mayoría de los productores ganaderos familiares.

El segundo, Intensificación sostenible de la producción de granos básicos biofortificados y adaptados al cambio climático, con un presupuesto de 370 000 dólares,  abarca la capacitación de actores clave en esa actividad, el perfeccionamiento del programa nacional de mejoramiento genético y la producción de semillas de granos.

Además, se diseñará un programa de investigación en temas de poscosecha para dar valor agregado, con una perspectiva que contribuya a reducir y eliminar las brechas de género que se identifiquen en las áreas de intervención.

En este caso, los protagonistas y beneficiarios serán el Instituto de Investigaciones de Granos, otras entidades científicas cubanas, así como trabajadores y productoras de pequeña y mediana escala, además de asociados a cooperativas de créditos y servicios.

La firma de los dos programas la realizaron Theodor Friedrich, representante en La Habana de la FAO, y el director de Organismos Económicos Internacionales del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, William Díaz.

Estocada contra el hambre y la pobreza

"Con solo el 0,13 % del Producto Interno Bruto (PIB) regional en inversiones al año, desde 2016 hasta el 2030, se podría  garantizar que todos los hombres, mujeres, niños y niñas de América Latina y el Caribe vivan libres de hambre y extrema pobreza", señaló Raúl Benítez, representante regional de la FAO.

En un texto recién divulgado, el funcionario aseguró que en promedio, de acuerdo con datos de la FAO, FIDA y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), para Alcanzar Hambre Cero se requieren 7 400 millones de dólares por año dedicados a transferencias monetarias e inversiones a favor de los más pobres, lo cual permitiría a todos los países de América Latina y el Caribe el disfrute de un futuro sin hambre ni pobreza extrema, al cumplir con la meta de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible y erradicar ese flagelo para el 2030.

Aunque puede parecer una cifra considerable, representa apenas el 10 % del gasto militar de la región, el cual alcanzó 77 000 millones en 2014, según cifras del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (Sipri), un derroche inaceptable si se le compara con los montos que los países dedican a garantizar el derecho humano a la alimentación.

El informe de la FAO delinea dos escenarios para efectuar sus cálculos: en uno supone las dinámicas vigentes de crecimiento económico por lo que, para 2030 en América Latina y el Caribe todavía habría 27 millones de personas con hambre, es decir, solo siete millones menos que en la actualidad.

En un segundo escenario -que prevé  la erradicación total del hambre y la extrema pobreza en 2030- se requiere de gastos promedios de 4 600 millones de dólares por año en transferencias monetarias y protección social, y 2 800 millones en inversiones favorables a los más pobres.

"La evidencia sobre el impacto de las transferencias monetarias y la protección en la reducción del hambre y la pobreza, tanto en la región como en el resto del mundo, es sólida, y da cuenta de que el crecimiento económico por sí mismo no es suficiente, a menos que esté acompañado de políticas enfocadas a los más vulnerables", indica el documento.

América Latina y el Caribe han sabido reconocer esa realidad, y las naciones han aumentado su gasto social en los últimos 20 años, desde un 13,8 % del PIB a principios de la década de los 90 del siglo anterior, a un 19,1 % en 2012-2013.

El informe precisa que las inversiones favorables a los más pobres y necesarias para acabar con el hambre, tendrían que centrarse en actividades tales como infraestructura para los agricultores familiares, riego en pequeña escala, medidas para reducir las pérdidas y el desperdicio poscosecha, líneas de crédito, vivienda y otros servicios relacionados con la nutrición.

Todo ello en función de que las personas en situación de pobreza extrema sean capaces de mantenerse por sí mismas, especialmente los grupos marginados, mujeres, la población indígena y los jóvenes.

En cuanto a las subregiones, la FAO señala que en Sudamérica bastaría invertir 3 500 millones de dólares al año para erradicar el hambre y la pobreza extrema: 2 700 millones en protección social y 851 millones en inversiones a favor de los pobres.

Para Centroamérica se necesitarían 1 500 millones en total (poco más de mil millones USD en transferencias y 456 millones en inversiones para los pobres). En tanto, en el Caribe se requieren 2 400 millones, con la particularidad que en dicha subregión las inversiones a favor de los vulnerables superan los montos necesitados en transferencias: 1 500 millones y 903 millones, respectivamente.

Subraya Benítez en el documento que los países que enfrentan las situaciones más graves de hambre y pobreza requerirán de un mayor esfuerzo, como el caso de Haití, el que mayores inversiones necesita para erradicar el hambre en 2030 (una inversión promedio de 23 % de su PIB, entre los años 2016 y 2030, un esfuerzo que va más allá de sus capacidades y que requiere la labor conjunta de toda la región).

Paradójicamente, gran parte de las naciones en la zona necesitarían inversiones que no superarían el 1 % de su PIB, lo que sin duda representa un esfuerzo formidable con un impacto enorme en su desarrollo futuro.

"Erradicar el hambre en la presente generación ya no es solo un sueño sino una meta posible, gracias a los enormes avances que ha logrado América Latina y el Caribe,  la primera región del planeta en alcanzar antes de 2015 los dos propósitos internacionales en ese sentido -el de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y de la Cumbre Mundial de la Alimentación-, al reducir tanto su número total como la proporción de personas subalimentadas", puntualiza el texto.

Y confirma además que la región no solo ha reducido ese flagelo en más de 20 millones de personas desde 1990, sino que ha asumido el reto de erradicarla totalmente a partir del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre, implementado por su principal órgano de integración política y económica, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

La meta del plan Celac es aún más ambiciosa que la de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que propone acabar con el hambre para el año 2025, cinco años antes que lo acordado por la comunidad internacional.

"Si los países intensifican y fortalecen sus políticas y sistemas de protección social y realizan las inversiones necesarias para empoderar a los más pobres, es posible que la actual generación de latinoamericanos y caribeños sea la última en tener que soportar la vergüenza de ver personas sufrir hambre en una región que produce alimentos suficientes para todos.

Lo primero, seguridad alimentaria

Los Jefes de Estado y Gobierno de los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) aprobaron una declaración especial sobre seguridad alimentaria y erradicación del hambre, durante la IV Cumbre del bloque celebrada en Ecuador, en enero último.

Las líneas trazadas se basan en coordinar estrategias; ofrecer acceso oportuno a los ciudadanos de alimentos nutritivos; otorgar bienestar nutricional a los grupos vulnerables; y garantizar la estabilidad de la producción junto con una atención oportuna ante desastres naturales que puedan ocurrir.

La asistencia técnica para la implementación del citado Plan constituye una de las principales áreas de trabajo del aporte de la FAO a la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre.

Además, se solicitó apoyo ante el director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano da Silva, presente durante el evento, para así contribuir junto con la Celac a la erradicación del hambre en la región.

La Asamblea General de la ONU ha proclamado 2016 como Año Internacional de las legumbres. La FAO será el organismo encargado de facilitar esa celebración en colaboración con los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales y de cooperación internacional, entre otras instituciones.