Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

Ojos y oídos del planeta en la Ciudad Luz

París se apresta a recibir a miles de participantes en la COP 21, en medio de un escenario donde no solo habrá que defender al mundo de las consecuencias del cambio climático, sino también de nuevos ataques terroristas

Aunque cruda, nadie puede escapar a la realidad medio ambiental: en vísperas de 2016, el cambio climático extiende cada vez más sus devastadores apéndices, y los vaticinios para mediano y corto lapso no pueden resultar más espeluznantes.

Sobre tales presupuestos el 30 de noviembre debe quedar inaugurada en París la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), o COP21, que se extenderá hasta el 11 de diciembre con la presencia de unos 40 000 participantes de prácticamente de todas las naciones del mundo: jefes de Estado o de Gobierno, científicos, observadores y miembros de la sociedad civil.

No es casual que escribamos “debe”. A pocos días de la que está destinada a ser la mayor reunión de la historia en defensa del planeta Tierra, la mano de quienes interpretan el Islam de manera cruel, criminal e inescrupulosa, segó la vida de unas 130 personas justo en la Ciudad Luz, hacia donde confluyen los ojos y oídos de quienes apuestan por legar a las futuras generaciones, un mundo más saludable y equilibrado en todos los sentidos.

Tanto es así que el anfitrión de la cita, el presidente Fran­çois Hollande, ha reiterado que “la causa profunda de la crisis climática está en un modo de vida, un modo de producción y de consumo que ya no es compatible con el desarrollo humano”, a partir de que la economía basada en el uso intensivo del carbono en particular, provoca el cambio cli­má­tico, causa la muerte de unos cin­co millones de personas al año y ocasiona pérdidas económicas equivalentes a 1,6 % del Pro­ducto Interno Bruto mundial.

La cita de París, pues, devendrá el mayor reto que deben asumir los allí reunidos a favor de este maltratado Planeta, tomando como punto de partida las cifras antes reflejadas, provenientes de un reciente informe sobre Vulnerabilidad Cli­má­tica de las Naciones Unidas.

Se agota el tiempo

Numerosos científicos aseguran que la cumbre de París, puede ser la “última oportunidad real de negociar acuerdos que mantengan el calentamiento inducido por la humanidad por debajo de los dos grados”, de acuerdo con un comunicado que firmaron los alcaldes de África, América Latina, Asia, Estados Unidos y Europa, documento al que se adhirió el Papa Francisco, quien en sus homilías evidencia un elevado compromiso con la solución de este problema.

Tanto la  Organización Meteorológica Mundial (OMM)como la Oficina Meteorológica británica (Met Office), dos de los organismos meteorológicos internacionales más importantes, han lanzado señales de alerta en cuanto a que nuestro planeta “entra en un territorio climático desconocido”. Según ellos, la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera sigue creciendo y en 2014 marcó un nuevo récord. El dióxido de carbono (CO2) -que desde la era preindustrial ha crecido 143 %- se sitúa casi en las 400 partes por millón, cuestión que adelanta que la temperatura a final de este 2015 será 1,02 grados mayor que el promedio previo a la Revolución Industrial.

El Premio Nobel de la Paz Majendra Pachauri, presidente del Panel Internacional sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, ha advertido que “apenas tenemos tiempo antes de que sobrepasemos la ventana de oportunidad para mantener un margen razonable den­­tro de los 2 ºC de calentamiento. Si queremos tener posibilidades de permanecer por debajo de esos 2 ºC debemos reducir las emisiones e­n­tre 40 y 70 % a nivel mundial entre 2010 y 2050, y disminuirlas hasta un nivel nulo o negativo en 2100”. Y uno de los principales climatólogos del mundo, James Hansen, fue más allá al manifestar que “el nivel del mar podría aumentar más de tres metros en los próximos 50 años debido al calentamiento global, fenómeno altamente peligroso”.

Asimismo otro evento adverso preocupa no poco a los expertos: el volumen de hielo en el Ártico se ha reducido 36 % en la temporada de otoño y 9 % en la de invierno entre los años 2003 y 2012, lo que viene a confirmar la disminución de la superficie del casquete en torno al Polo Norte, que ya alcanzó un mínimo histórico. En este aspecto, la subida del nivel del mar causaría “una fractura social y consecuencias económicas devastadoras”, aseguran los científicos, y agregan que la circulación de calor alrededor de los océanos podría colapsar por completo, dando lugar a tormentas jamás vistas.

Hágase la luz en la Ciudad Luz

Considerada por muchos la capital más emblemática de Europa, lo que está en juego en la COP 21 de París es nada menos que el destino futuro del planeta, o sea, lograr un acuerdo universal y vinculante que permita luchar con la seriedad requerida contra el cambio climático e impulsar o acelerar la transición hacia sociedades y economías bajas en carbono.

Así, el futuro acuerdo deberá concertar, de modo equilibrado, la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento global a 2° C, y la adaptación de las sociedades a los cambios climáticos ya existentes. Estos esfuerzos los gobernantes y expertos de cada país están obligados a tomar en cuenta sus respectivas necesidades y capacidades, y en especial que el acuerdo previsto para entrar en vigor a partir de 2020 sea duradero y no la característica “letra muerta” acuñada en las veinte citas anteriores.

Otro objetivo esencial se proyecta a la captación de 100 000 millones de dólares anuales provenientes de fuentes públicas y privadas, por parte de los países desarrollados también a partir de 2020. Este compromiso, formulado en Copenhague, permitiría a los países en desarrollo poder luchar contra el cambio climático, al tiempo de favorecer un progreso adecuado y sostenible.

De acuerdo con informaciones pre conferencia, se prevé que parte de estos recursos transiten por el Fondo Verde para el Clima (FVC), cuya primera capitalización ya suma 10 200 millones de dólares, cantidad a la que Estados Unidos ha aportado 3 000 millones, seguido por China con 2 000 millones, Gran Bretaña 1 100 millones y Francia 1 000 millones, fundamentalmente. El 50 % de los recursos del FVC serán dispuestos para adaptación, y el resto para atenuar paulatinamente los efectos del cambio climático en los países subdesarrollados.

En el Tomo 21, página 181 de las Obras Completas del más eminente de los cubanos, leemos lo siguiente: “Quema el sol; muere el césped; arde el llano; reluce el mar: ¡Dios mío!” Con asombrosa premoción ya José Martí nos alertaba, pero más de un siglo después, esa otra mente preclara de nuestros tiempos nombrada Fidel Castro, puntualizaba el 12 junio de 1992 en la Conferencia sobre Medio Ambiente y Des­arrollo de Río de Janeiro:.

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre (…) Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la a­troz destrucción del medio am­bien­te (­…) Han envenenado los mares y ríos, han contaminado el aire, han debilitado y perforado la capa de ozono, han saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas con e­fec­tos catastróficos que ya empezamos a padecer”…