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Semanario Económico y Financiero de Cuba

La ciudad también va tierra adentro

Ambas formas productivas se proyectan hacia pasos superiores teniendo en cuenta los resultados del pasado año

La agricultura urbana y suburbana constituye en Cuba un elemento trascendental en la producción de alimentos, considerada como un asunto de seguridad nacional para el país y sus pobladores.

De cara al 2012, ambas formas productivas se proyectan hacia pasos superiores teniendo en cuenta los resultados del pasado año. Los especialistas del Ministerio de la Agricultura opinan que para el período en curso abogar por la sostenibilidad local se mantendría como eje fundamental del quehacer de estas vías agropecuarias y sus protagonistas.

Como apuntara Nelson Companioni Concepción, director especializado del sector en del Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (INIFAT), el año 2011 significó una consolidación de la base productiva y el aumento de la explotación de áreas potenciales, lo que ayudó al mantenimiento de una oferta más diversificada de alimentos  con un mejor sistema de comercialización.

El experto refiere una mejoría de los rendimientos y niveles de producción en estrecho vínculo con la disciplina tecnológica y el fortalecimiento de la base forrajera para la crianza animal, la producción de semillas y materiales de siembra en todos los municipios, unido a una mayor capacitación.

Continuó como prioridad y centro para las nuevas proyecciones el apoyo a los subprogramas de uso de la tierra, suelo y abonos orgánicos, producción de semillas, el y manejo del agua, alimento animal, la comercialización, la pequeña agroindustria, las hortalizas y los condimentos frescos y otros.

La obtención de semillas nacionalmente, por ejemplo, responde a la necesidad de solidificar el mecanismo de masificación de los recursos y las posibilidades de crecimiento, proporcionando materia prima sustentable y permanente a las instancias territoriales, por ello se ratifica como esencial el énfasis en dicho subprograma que facilita un insumo productivo fundamental para elevar los niveles de rendimientos desde la base campesina.

Tal como apuntan los expertos dicha estrategia general también contempla un alto rigor técnico  con sostenibilidad local para la producción, beneficio y conservación de semillas, donde el fortalecimiento de la infraestructura es un factor determinante, que puede influir en cuánto estaría a disposición comercial.

En otro sentido, aun cuando la Agricultura Urbana ha mantenido la entrega de vegetales al turismo, superiores maniobras se articulan en pos de minimizar el acceso de intermediarios, las pérdidas por mal manejo, la dilación en las entregas y otros males. De tal modo, además del plan concreto por meses y cultivos para 2012, la venta directa a entidades de la llamada industria del ocio se viabiliza poniendo una vez más al productor en el centro de la balanza y propiciando rigor, calidad, desarrollo y una sana competitividad que también tribute al beneficio público.

Hoy las condiciones que se palpan y se avizoran establecen nuevos planes que ya toman cuerpo en el sector agrícola. Por ejemplo en  2012 se prevé la producción de 1 055 000 toneladas de hortalizas y condimentos frescos, 5 000 más respecto a lo programado en 2011 y superior en 3 000 a la cosecha de ese año.

De acuerdo con datos publicados recientemente por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba, a finales de 2011 el índice de volumen de la producción agropecuaria -excluye caña de azúcar y patios y parcelas- mostró un incremento porcentual reconocible y, a su vez, una progresión de la agricultura no cañera y ganadera. Estos avances significan un paso a considerar en el panorama productivo cubano actual y remarcan que, sumando fuerzas e iniciativa populares, las cifras pueden continuar incrementándose y responder a la demanda de nutrientes por parte de los cubanos.

Sustento y alternativa de cara al futuro

Las formas productivas que potencian la implicación popular, la localidad, son de un alto valor estratégico si se quiere alcanzar la seguridad alimentaria. Promovida como medida alternativa para la obtención de bienes naturales que aprovisionen de manera territorial las necesidades de los pobladores cercanos, la producción urbana y suburbana se han patentizado desde finales del siglo pasado como muy pertinentes.

El movimiento prioriza la industria alimenticia sobre la base de una profunda agroecología y con amplio sentido de sostenibilidad local. Mientras la tendencia propia de las ciudades se especializa en la explotación de los patios, organopónicos, huertos intensivos y semiprotegidos, y áreas de menos de una  hectárea en general, la limítrofe se enfoca en fincas y terrenos de mayor cantidad de hectáreas.

Cuba ha perfeccionado en las últimas décadas ambos modos productivos, remarcándose como un potente y vital movimiento agrícola en las localidades y establecimientos poblacionales. Con el propósito de conseguir alimentos diversos, frescos y sanos en áreas disponibles, anteriormente ociosas, esta producción se fundamenta en prácticas orgánicas, no contaminantes bajo el uso racional de los recursos locales, y en una comercialización directa con el consumidor.

Con características muy particulares en lo concerniente al uso de materia orgánica y controles biológicos, la diversidad y cantidad de actores sociales que participan en su desarrollo, el alto potencial de innovación que enmarca y su fácil manejo en comparación con otras extensiones, la agricultura territorial, totalmente participativa y popular sitúa al productor ante nuevos retos y multiplicidad de condiciones que, junto a la inventiva y puesta en práctica, son fuentes de desarrollo y conocimiento dentro del sector.

Incluso, el ahorro de insumos sin minimizar los rendimientos es una enseñanza que ya exhiben muchos de los productores. Salud y fertilidad, mejor manejo de los cultivos y animales, además de comprobada productividad subrayan la pertinencia de los citados modos.

Este movimiento ha establecido bases para ilustrar las posibilidades de engendrar, obtener,  alimentos naturales en las localidades. La Mayor de las Antillas ha ido perfeccionándose en los últimos años,  remarcando el importante papel de  tendencias ya no tan alternativas, sino abastecedoras de alimentos a la población citadina. Esfuerzos gubernamentales, institucionales, científicos y, sobre todo, de los agricultores metropolitanos han sido el puntal de este crecimiento.

Aspectos como el rescate y reincorporación de tierras ociosas bajo las prerrogativas que otorga el Decreto - Ley 259 y la lucha contra la invasión del marabú y la infecundidad de los campos, así como la serie de programas establecidos por el ministerio de la Agricultura para el trabajo municipal han acrecentado el impacto social.

Su repercusión en la cultura y características medioambientales de la ciudad son igualmente determinantes.

En el año 2012 la alimentación depende en buena medida de los  modos productivos alternativos, renovados soportes de la agricultura, ya sea con perspectiva urbana o suburbana, donde la ciudad mira con destreza y sin recelo, la recompensa de seguir, de mirar, tierra adentro.