Martes
21 de Mayo  2024 

La Banca en Estados Unidos: ¡Rescátenme!

El pasado viernes 10 de marzo, el Silicon Valley Bank (SVB) incurrió en la mayor quiebra bancaria en Estados Unidos desde la crisis financiera mundial de 2008


Jueves 23 de Marzo de 2023 | 11:40:22 AM 

Autor

Hedelberto López Blanch

El grito parece oírse por todo el territorio bancario-financiero de Estados Unidos: Rescátenme que me ahogo.

Y es que como fichas de dominó colocadas en una larga fila, los bancos estadounidenses están reflejando la debilidad, no solo de las instituciones financieras, sino también del sistema capitalista mundial.

El pasado viernes 10 de marzo, el Silicon Valley Bank (SVB) incurrió en la mayor quiebra bancaria en Estados Unidos desde la crisis financiera mundial de 2008 (que también comenzó en Washington). La decimosexta institución financiera más grande del país colapsó después que los depositantes retiraran su dinero durante esa semana, a medida que se extendía la preocupación por la crisis que atravesaba la entidad bancaria.

El SVB había anunciado que estaba tratando de recaudar 2 250 millones de dólares para cubrir sus pérdidas.

Los inversores también tuvieron que lidiar con la reciente caída de Silvergate Capital, una entidad crediticia enfocada en el mercado de las criptomonedas, cuyas acciones perdieron un 22 % después de comunicar que planeaba reducir sus operaciones.

Dos días más tarde, los reguladores cerraron el banco comercial neoyorquino Signature Bank, debido a riesgos sistémicos y con el fin de evitar un contagio en el sector.

Para tratar de que el First Republic Bank también cayera estrepitosamente, un grupo de bancos estadounidenses le otorgó 30 000 millones de dólares para tratar que no siguiera el camino del Silicon Valley Bank.

En aras de calmar los ánimos alrededor de los entes financieros del país, el presidente Joe Biden, el Departamento del Tesoro, la Reserva Federal (FED) y la Corporación Federal de Seguros de Depósitos declararon en diferentes apariciones públicas que los reguladores estadounidenses “salvaguardarán todos los depósitos en SVB, incluido el dinero que no esté cubierto por el seguro federal”.

A solo tres días de ocurrir esos hechos, el experto Robert Kiyosaki, quien predijo la quiebra de Lehman Brothers en 2008, alertó que los problemas que está sufriendo el volátil mercado de bonos, es mayor que el bursátil, lo cual representa un grave problema, y señaló que el próximo banco en quebrar sería el Credit Suisse, debido a la caída del volátil mercado de bonos.

Kiyosaki recomendó a los inversores comprar oro y plata para combatir la hiperinflación, pues dijo que lo que haría Washington sería imprimir más y más dinero que no tiene contrapeso alguno.

Cuando aún no habían pasado tres días de la declaración de Kiyosaki, el Credit Suisse perdió más de una cuarta parte de su valor, y le provocó un bajón histórico después que su mayor accionista, el Banco Nacional Saudita, expusiera a los medios que no inyectaría más dinero en el banco suizo en crisis.

Inmediatamente, la fuerte caída del precio de las acciones de Credit Suisse provocó una pausa automática en la cotización de las acciones del banco en el mercado de Suiza y que se desplomaran las acciones de otras instituciones europeas.

Las noticias continuaron desfavorables para el Credit Suisse, pues el Saudi National Bank (SNB), su principal accionista (posee el 9,88 % de la firma), rechazó poner un franco más para crecer en su capital. Más tarde, el UBS, el mayor banco suizo, negó cualquier tipo de fusión con la segunda entidad del país y su gran rival, debido a los enormes riesgos que ello supondría.

O sea, la tormenta que sobrevuela por el sector bancario financiero estadounidense se trasladó al europeo, y el Banco Nacional de Suiza primero realizó un préstamo de 50 000 millones de francos suizos (igual a euros) para fortalecer a la entidad.

Pero, como la situación se agravaba, y para evitar un colapso, el Banco Nacional Suizo anunció el 19 de marzo que el UBS compró el Credit Suisse por 1 860 millones de euros.

Para impulsar aún más los temores, la calificadora Moody's Investors Service redujo la perspectiva del sistema bancario de Estados Unidos al llevarla de la categoría de “estable" a “negativa”.

La argumentación se basó en un rápido deterioro y mayores riesgos para el sector tras la quiebra financiera de Silicon Valley Bank junto a Silvergate Capital Corp y Signature Bank, lo cual “ha debilitado el entorno operativo para el sector que lucha contra una crisis de confianza tanto de parte de los inversores como de los depositantes”.

La calificadora enfatizó que aunque el Departamento del Tesoro, la FED y Corporación Federal de Seguro de Depósitos, y hasta el presidente Biden, ofrecieron respaldo a los clientes de las entidades bancarias, la rápida y sustancial disminución de la confianza de los inversores y los depositantes es un indicativo de los riesgos en la gestión de activos y pasivos de los bancos estadounidenses, exacerbado por el rápido aumento de los tipos de interés.

Todo indica que las tasas de interés, que la Reserva Federal se vio obligada a tomar como medida para intentar reducir la inflación en Estados Unidos, fue uno de los factores que llevaron a la caída del SVB.

El legislador republicano, Paul Gosar fue directo al denunciar que las políticas económicas de Biden crearon las condiciones que llevaron a las grandes pérdidas del SVB y, eventualmente, a la quiebra del banco. Enfatizó que mientras se incrementaron las tasas de interés, el valor de los depósitos de SVB respaldado por hipotecas y tenencias del tesoro, cayó drásticamente.

Lo cierto es que ya existe una ola de temor en los mercados mundiales: los gobiernos llamaban a la calma, los inversores buscaban refugio y se pone en duda nuevamente todo el sistema financiero capitalista.

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