Domingo
22 de Febrero  2026 

Fraternal contrapunteo entre Europa y Suramérica

En medio de la compleja situación económica mundial, hoy los países de América Latina exportan al Viejo Continente materias primas, esencialmente minerales, combustible y productos agrícolas, mientras que de allí recibe maquinaria, equipos de transporte y artículos químicos


Jueves 26 de Enero de 2012 | 01:00:00 AM 

Autor

Luis Ubeda

La colombiana María Emma Mejía, secretaria general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), reconoció días atrás la importancia comercial de Europa con Suramérica, tomando en cuenta que el continente europeo constituye hoy el principal destino de las exportaciones de los países de América del Sur y, en contrapartida, se alza como uno de los mayores inversores en la zona.

Sin embargo, Mejía instó a Europa a trabajar sobre la base de "valores compartidos", teniendo en cuenta el avance del subcontinente, justo cuando acontece la debacle económica en la zona euro, aunque destacó la posición afortunada que ocupa América del Sur en los actuales momentos de crisis global y convocó al Grupo euro a replantear su mirada hacia el mismo.

La dirigente recordó que, en la actualidad, Suramérica y América Latina en conjunto cuentan con una "inédita carta de presentación" al disponer de macroeconomías saneadas y disciplina fiscal, potenciando el hecho de que América del Sur "es una zona de paz y ese es un valor agregado -dijo-, que ofrece una nueva oportunidad para relanzar las relaciones con Europa".

Mejía insistió en que "tenemos valores compartidos y queremos fortalecerlos", y abogó por redefinir los vínculos "como regiones pares" entre la Unión Europea (UE) y el continente americano.

Cabe recordar que a finales del pasado año, parlamentarios de ambos bloques analizaron el impacto de la crisis de deuda en la zona euro y el estado de las negociaciones entre la UE y el Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Allí quedó de manifiesto el lento avance del diálogo sobre un acuerdo de libre comercio entre los países comunitarios y las naciones miembros del MERCOSUR, o sea, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

Durante la reunión los diputados suramericanos cuestionaron los tropiezos que ha afrontado la letra del convenio, pese al compromiso de ambas partes de tratar de destrabar los nudos, principalmente de índole agrícola. De igual modo criticaron la política neoliberal de la UE, las trabas que imponen organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional y abogaron por "ampliar los términos de la democracia" en Europa.

En los últimos años se ha intensificado el diálogo birregional a alto nivel sobre políticas sectoriales, en especial relacionadas con el desarrollo sostenible, migración y drogas, pobreza y cambio climático, respaldado a través de los diversos convenios vinculativos regionales que tienen en la profundización de la cooperación uno de los elementos clave de la Asociación Estratégica UE-ALC (Unión Europea-América Latina y Caribe), instaurada en Brasil en 1999.

Sin embargo, para muchos la llegada al poder en España del Partido Popular y de su timonel, el conservador Mariano Rajoy, pudiera ralentizar el actual ritmo con que se desarrolla el intercambio, teniendo en cuenta su cacareado empeño de anteponer "el respeto a los derechos humanos, las libertades y la democracia" desde el muy exclusivista punto de vista de Rajoy y de algunos otros líderes del Viejo Continente.

Sobre el particular está justificado "poner el parche" antes de que se haga realidad lo previsible. No obstante, a principios de diciembre pasado, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, depositó su confianza en que el recién estrenado Primer Ministro íbero priorice las actuales relaciones binacionales.

El mandatario bolivariano afirmó que la "recesión europea y la estadounidense no solo son económica, sino también moral", e instó a emplear la racionalidad pero dejando bien claro que no aceptará "ningún tipo de injerencia de España en los asuntos internos de Venezuela".

El empuje de Suramérica en el actual orden mundial y la crisis económica y financiera que asola a Europa con dimensiones aún incalculables, condicionan los vínculos entre ambos bloques regionales, unidos por raíces comunes.

Lo sensato sería evitar cualquier tipo de intrusión en las naciones del subcontinente americano, pues Europa en general y sobretodo el grupo de la moneda única, no están hoy en condiciones –y quizá por largo tiempo- de dictar pautas económicas y sociales, y mucho menos políticas.

Comparte esta noticia