Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:46 pm
En Cuatro Caminos, de Bejucal, en la provincia de Mayabeque, están las fincas Las piedras y El melocotón. Allí, Esther Figueredo y su familia no le tienen miedo a los tiempos malos, a la sequía ni a la Covid-19. Sobre todo, ante esta última, sienten el compromiso de sembrar lo más que se pueda, por todo lo que arrastra tras de sí la pandemia.
En las fincas, que totalizan cerca de siete hectáreas, cultivan frutales -mango y aguacate-, y hortalizas como tomate, ají, col, habichuela, cebollino, rábanos, zanahoria, y café, entre otros. Ante el reto que la situación de coronavirus le pone a los campesinos, Esther Figueredo, menuda, pero de piel curtida por el sol, sostiene: “debemos todos seguir pa´lante, luchando y produciendo cosas propias. Aunque no haya fumigación ni fertilizantes, hay que seguir sembrando, porque pueblo tiene que seguir comiendo todos los días y se nos avecinan tiempos muy difíciles”.
Quien piense que no mira más allá de su terruño, próximo a La Habana, se equivoca, Esther lanza certeros criterios, en lenguaje que todos entienden. “La economía es global, no es interna, no vamos a tener el aquello de que viene un barco de no se dónde a traer comida, todos los países estamos en las mismas y tenemos que ser nosotros mismos los que tenemos que producir para salir adelante y vamos a salir”, asegura.
El compromiso que hay en Las piedras y El melocotón hay que multiplicarlo. Jesús Núñez Hernández, presidente de las Cooperativa de Créditos y Servicios Antonio Maceo, de Bejucal, especializada en frutales, a la que pertenecen Esther y su familia, explica cómo lo hacen. “Nosotros estamos visitando a los campesinos finca por finca y vemos allí, en casa sus casas y en el surco, los problemas, dificultades y sus preocupaciones y tratamos entre todos de darle soluciones. En estos momentos, más que cumplir, se nos pide sembrar más y eso es lo fundamentales, porque sin siembra no puede haber luego cosecha”, indica.
Un elemento viene a complicar las cosas: la sequía que se ensaña con la tierra y deja en el campo un polvo fino y molesto.“En eso somos privilegiados, tenemos muchas fincas electrificadas, con sistemas de riego y así se pueden aprovechar muchos mejor los ciclos productivos: si se saca un campo de boniato, se siembra luego maíz u otro cultivo, sin tener que esperar a que llueve”, agrega Núñez.
Además, Esther y su esposo Ezequiel Rodríguez han aprendido la lección de no depender de lo externo. “Tenemos nuestra propia semilla, no tenemos que esperar a que venga el barco si se va a sembrar maíz, ni salir por ahí por el barrio a ver quién tiene. Las escogemos de lo mejor que sale del campo” apuntan.
De reclamo a urgencia
Cuba importa anualmente unos 2 000 millones de dólares en alimentos. Desde hace años se hacen llamados a incrementar la producción para reducir esa factura. Ahora, en tiempos de la Covid-19, el reclamo hacia el cambio de la mentalidad importadora deviene urgencia.
De acuerdo con el ministro de la agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, se deben priorizar cultivos decisivos en el autoabastecimiento, como el arroz, frijoles, el maíz, la papa y el boniato. Otras prioridades son las semillas, la obtención de mejores variedades a partir de las investigaciones y la producción de huevos y carne de ganado menor.
Al respecto, destacó que el país se encuentra actualmente en la campaña de primavera, que iniciada el primero de marzo se extiende hasta el 31 de agosto, etapa en la cual los agricultores “deberán aferrarse a este periodo para aprovechar el tiempo y el agua, porque solo el 7% de la tierra está en áreas bajo riego”.
Según dijo, una prioridad máxima es asegurar el autoabastecimiento de la comunidad y vincular a los productores a cada una de ellas. En la actual fase, entre las tareas de mayor urgencia están la preparación de tierras y asegurar las semillas, de manera que se puedan aprovechar las primeras lluvias para cumplir la siembra, sobre todo de variedades de ciclos vegetativos corto, es decir, las que más rápido dan alimentos como calabaza, pepino, ají, quimbombó, berenjena y las hortalizas de hojas.Por estos meses, Cuba padece una intensa sequía que pone en vilo a los agricultores, sobre todo por la baja disponibilidad de sistemas de riego a nivel nacional.
Esos mensajes llegaron claro a Bejucal. De acuerdo con Hernández, la cooperativa tiene ya un sistema montado para la crianza de pollos, cerdos y de carneros. Ya nosotros tenemos localizados campesinos que se van a dedicar a la crianza de carneros, a convenios porcinos y de pollos. Esas carnes van a ser comercializadas por la cooperativa y su punto de venta, por lo que va a venderse sin intermediarios”, destacó.
A juicio del ministro de la agricultura, la época de primavera es la buena para sembrar frutales. “Tenemos que sembrar mucho mango, mucha guayaba, mucha piña y aguacate, que van a los mercados pero también a la industria”. Hoy más que nunca, es preciso se intercalen otras producciones en los cultivos permanentes. “A veces sembramos muchos frutales, pero en las calles anchas, donde ya preparamos la tierra, no sembramos cultivos de ciclo corto”, dijo.
A su vez, indicó: “como no tenemos muchos plaguicidas, se ha de aumentar el uso de bioproductos y bioinsumos. Tenemos la obligación de aprovechar las tierras al máximo, potenciando la agricultura urbana, suburbana y familiar. Es importante que los más de 300 000 patios existentes en el país puedan producir, para de esta manera tributar al balance alimentario en las localidades”.
De acuerdo con el titular,actualmente, la agricultura cuenta con unas 9 000 plazas disponibles para la recogida de papas y tomate y para la cosecha tabacalera.
Una vieja fortaleza
Hoy, ante la situación generada por la pandemia, muchos reconocen la viabilidad de sembrar cerca de las ciudades. Así ha sucedido, por ejemplo, en Hong Kong, donde se aceleran siembras que además de suministrar alimentos frescos, contribuyen a mejorar las economías de familias golpeadas por la crisis.
En Cuba, se considera una fortaleza los más de 30 años de experiencia en la agricultura urbana, suburbana y familiar, con más de 2 000 000 de hectáreas de tierra y unas 353 cooperativas especializadas en la producción de frutales.
Según declaró a la Agencia Cubana de Noticias Elizabeth Peña Turruellas, directora de ese programa nacional en el Ministerio de la Agricultura, para hacer frente a los retos que impone la covid-19 es prioridad utilizar todas las áreas disponibles para la siembra de cultivos como pepino, habichuela, berenjena, pimiento, ají chay y cachucha, quimbombó, zanahoria, rábano y chayote.
Este tipo de agricultura puede autoabastecerse en semillas de los principales cultivos y, además, continuar trabajando en pos de asegurar la demanda, para los cual resulta imprescindible que cada productor seleccione algunas plantas y frutos que garanticen las semillas de las próximas siembras. La vía de obtener insumos es la red de fincas municipales para la obtención de semillas, con centros y micro centros donde se preparan abonos orgánicos, y se auxilian de las producciones biológicas de los Centros de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos, conocidos por sus siglas CREE.
En condiciones semiprotegidas se siembran hortalizas de hojas como la lechuga, acelga y otras, además, en general, se continúa con el cultivo de un conjunto de plantas condimentosas.








