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Roncali, centinela del tiempo

Con más de un siglo de existencia, el faro Roncali, en el occidente cubano, devino monumento a la perseverancia al burlar a centenares de huracanes con su frágil estructura de rocas calizas.


Viernes 11 de Marzo de 2011 | 12:00:00 AM 

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(SE)

De 1900 a la actualidad, azotaron a la región unos 150 ciclones, más de la mitad de gran peligrosidad, los que rozaron su base sin dejar secuelas en la añeja edificación, típica del período colonial.

El centinela, situado en el último refugio de los aborígenes que habitaron la Isla, guía a miles de embarcaciones durante su tránsito por las aguas del mar Caribe y el golfo de México.

Prácticamente en las puertas de la península de Yucatán, marca el punto más occidental de la Isla, lugar considerado por los estudiosos como el último refugio de los aborígenes en la época de la colonización española.

Anualmente miles de buques navegan por los mares cercanos a la península donde está enclavada esta singular torre cónica de albañilería, de ahí su gran importancia desde que fuera construida con enormes esfuerzos por la difícil topografía del terreno.

El faro Roncali no solo marcar el paso a los viajeros que transitan por la zona, sino que es fiel guardián de las riquezas que atesora la región y tiene una historia centenaria, pues fue construido en la segunda mitad del siglo XIX, entre 1847 y 1850 por un capitán de apellido Roncali.

Distingue a la apartada demarcación que lo acoge, al erigirse hasta una altura de 33 metros sobre la extensa llanura cársica de la península de Guanahacabibes.

TAREA ARDUA

Estudios históricos revelan las azarosas faenas de sus artífices, la totalidad de ellos emigrantes chinos y esclavos africanos, quienes desafiaron la agreste topografía del terreno, salpicado de rocas acantiladas y diente de perro.

En las proximidades subsiste aún la cantera original de la que se obtuvo la materia prima para su construcción, con procedimientos similares a los empleados en el Castillo del Morro, símbolo de la capital cubana. La torre, que conserva aún sus elementos originales, es un obligado punto de referencia en el límite oeste de Cuba, pues la luz que emite puede ser apreciada a unos 30 kilómetros de distancia con una frecuencia de dos destellos cada 10 segundos.

Desde los farallones que bordean al faro asoman las dunas de cerca de 20 playas y la tupida vegetación de una de las últimas selvas del área caribeña.

Este añejo guardián sobresale como uno de los más famosos habitantes de la zona, conocida también como El Cabo y declarada Reserva Mundial de la Biosfera en 1987. A sus pies yacen tesoros de épocas pasadas, entre ellos sitios arqueológicos asociados a la presencia de los llamados mesoindios antillanos.

A solo metros perviven sorprendentes paisajes costeros y singulares vistas subacuáticas adornadas con jardines de gorgonias y arrecifes coralinos, donde predomina la variedad negra.

Pese a su prolongada existencia, el faro Roncali conserva sus funciones como uno de los principales vigías marítimos de Cuba. (SE)

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