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Semanario Económico y Financiero de Cuba

¿Por qué sube el precio del petróleo?

El incremento continuado de las tasas de interés frenan crecimiento económico, e incluso provocan recesión

A principios de 2000, Wall Street entró en una profunda crisis, motivada por la explosión de una enorme burbuja especulativa en el área de las acciones tecnológicas. Tal hecho dio lugar a una breve recesión en Estados Unidos. Sin embargo, la economía de ese país entró en un prolongado letargo, caracterizado por una enorme pérdida de puestos de trabajo, principalmente en el sector de la manufactura. Este fenómeno aún no ha sido superado completamente.

La administración Bush decretó tres reducciones sucesivas de impuestos, mientras que la Reserva Federal comenzó a disminuir, aceleradamente, su tasa base de interés, llevándola de 6,5 % a 1 %. Obviamente, con una tasa de interés tan baja, el sistema bancario estadounidense amplió a niveles estratosféricos la creación secundaria de dinero. Por supuesto, ello elevó, exponencialmente, los niveles internacionales de liquidez, porque el dólar desempeña la función de dinero mundial por excelencia.

Este analista siempre dijo -y creo que pocos me creyeron- que Alan Greenspan quería salir de la recesión, creando nuevas burbujas especulativas. Pues bien, ahí están: creó una burbuja especulativa en el área de la construcción residencial, fundamentalmente en los países anglosajones y en China, mientras que esa burbuja se ha convertido en el principal motor impulsor de la otra burbuja: el precio internacional del petróleo.

Es prácticamente una ley en el funcionamiento de los mercados financieros que, cuando el costo de utilización de una moneda resulta sumamente barato, los mercados encuentran un camino favorable para la especulación; pero esta se hace mucho mayor y más amenazante, cuando la moneda en cuestión es el dólar.

La enorme burbuja especulativa creada en el sector residencial de Estados Unidos, impulsada por una tasa base de interés del 1 %, ha estimulado el gasto personal de los consumidores de ese país. En efecto, el valor de los bienes inmuebles se ha incrementado en un 31 % entre el 2000 y el 2003, comparado con solo el 13 % entre 1997 y el 2000.

Ello explica que el gasto personal de los consumidores estadounidenses se haya incrementado en un millón de millones de dólares entre el 2000 y el 2003, y créanme que estas son cifras muy conservadoras.

En el caso de China, la inversión y las exportaciones constituyen el gran motor que da impulso a la economía. Veamos esto. La producción industrial de China creció a una tasa promedio anual de 10 % durante los últimos diez años, pero alcanzó un 19,4 % en los dos primeros meses de este año y descendió a 16,2 % en junio, después de que el gobierno chino aplicó medidas para reducir la liquidez de su mercado.

Los préstamos bancarios, la principal fuente de financiamiento para la inversión, se han venido reduciendo lentamente. Crecieron a una tasa anual del 20 % en marzo y cayeron a 16,3 % en junio. La inversión bruta fija se ha desacelerado de un 53 % anualizado, en enero y febrero, a 18,5 % en mayo. Por supuesto, este autor nunca ha visto tasas anuales de incremento en la inversión de la magnitud antes señalada.

En otras palabras, la burbuja residencial estadounidense da impulso al consumo de la población, mientras que la china al consumo productivo. Lógicamente, estos incrementos dan impulso a las importaciones mundiales y esta es la razón fundamental en la reanimación económica que los países asiáticos y europeos están exhibiendo. Las estadísticas lo dicen y el incremento del comercio mundial y de las operaciones de carga marítima lo confirman. Queda claro entonces que el aumento de las importaciones de Estados Unidos, y sobre todo de China, son las dos grandes locomotoras responsabilizadas del crecimiento de la economía y el comercio mundiales.

Es absolutamente indiscutible que el incremento del crecimiento económico mundial aumenta la demanda de bienes de capital e insumos y en este último caso, la demanda de petróleo y derivados. Sin embargo, debe quedar claro que, aunque las importaciones de China constituyen solo 1/3 del total de las importaciones de Estados Unidos, su tasa de crecimiento anual es mucho más acelerada y, por lo tanto, deviene autor estelar en el aumento de la demanda y los precios de los hidrocarburos. Las siguientes cifras lo demuestran -la inversión bruta fija se incrementó del 13,1 % en el 2001, al 43 % en el primer trimestre de 2004- dado que la inversión en infraestructura, bienes raíces y establecimientos productivos dominan la inversión en China, todo boom inversionista dispara masivos aumentos en las importaciones de minerales, metales y petróleo.

China representa, grosso modo, el 20 % del incremento en la demanda global de minerales y metales y, de tal manera, la unidad de costo de importación de esos commodities creció 57 % entre el primer trimestre de 2002 y el de este año.

Lo anterior, a pesar de ser impresionante, no lo dice todo. Se calcula que, durante el año en curso, las importaciones de petróleo crudo de China se están incrementando a un ritmo de un millón de barriles diarios; a pesar de ello, el país sufre apagones, porque el acelerado incremento de la generación eléctrica no es capaz de dar respuesta a una economía que está creciendo a un ritmo acelerado.

Resulta obvio que China, como ningún otro país del mundo, no puede mantener esos enormes niveles de inversión. Prueba de ello es que las autoridades centrales de ese país están tomando urgentes medidas para frenarlas; pero ello no es, de ninguna manera, una tarea fácil.

Debemos tomar en cuenta que China tiene una extensión de casi diez millones de kilómetros cuadrados y una población de 1 300 millones de habitantes, en la que hay diferentes etnias. En el supuesto caso de que el gobierno chino tenga éxito en lograr un aterrizaje suave de su economía, ello plantea algunos problemas muy delicados.

El ritmo inversionista se hará sustancialmente más lento, debido a que el financiamiento bancario para la construcción de edificios se reducirá apreciablemente. Las importaciones de insumos, incluyendo el petróleo, disminuirán y, lógicamente, el precio internacional de los commodities será menor.

Los especialistas más calificados consideran que el precio de equilibrio del petróleo pasó de 20 dólares a 30 dólares el barril; pero en la actualidad se adicionan alrededor de 15 dólares que proceden del incremento de la demanda y de las acciones de los especuladores. Pero el millón de barriles diarios adicionales que China está adquiriendo este año, hace que el precio marginal del petróleo más que duplique su precio promedio anual y, en estas condiciones, ello da un nuevo impulso al precio del producto, ya que el balance oferta/demanda es desfavorable a la primera, particularmente a partir de las amenazas que la guerra en Iraq proyecta sobre los suministros mundiales y muy bajos niveles de inversión en exploración y perforación de petróleo durante los últimos 15 años.

Sin pretender agotar el tema, hasta aquí hemos expuesto las principales razones, que en nuestra opinión, dan impulso al precio internacional del petróleo, pero la cosa no termina ahí, porque la economía en ocasiones es implacable con los monstruos que los bancos centrales fabrican, particularmente con el Frankestein que Alan Greenspan resucitó.

Si nuestro criterio de que la burbuja especulativa, desarrollada en los mercados de bienes raíces de los principales países del mundo es correcta, Greenspan y la pandilla que sigue a George W. Bush deben estar rezándole a todos los santos, en cuanto a que el gobierno chino tenga éxito en frenar el galopante crecimiento de sus inversiones, porque, como ya dijimos, el precio de todos los commodities, incluyendo el petróleo, tomarían el camino del descenso.

El problema es que, cuando el precio marginal de un producto supera ampliamente su precio promedio -como es el caso del petróleo hoy- estos aumentos engrosan rápidamente la tasa de inflación y ello obliga a nuevos aumentos de las tasas de interés. Es decir, se origina un fenómeno inverso al producido cuando Greenspan comenzó a reducir, aceleradamente, la tasa base de interés de la Reserva Federal.

Para mayor agravante tenemos, que la Reserva Federal de Estados Unidos ha dictado recientemente dos incrementos sucesivos en su tasa base de interés, en ambos casos, de 0,25 %, elevándola de 1 % al 1,5 %. Lo aparentemente irracional, lo sorprendente, es que la Reserva Federal está incrementando su tasa base de interés cuando el ritmo de crecimiento de su economía desciende y el precio internacional del petróleo establece casi a diario un nuevo récord histórico.

Incrementos continuados en las tasas de interés frenan el crecimiento económico e, incluso, pueden provocar una recesión. Si este negativo desenlace se produce, es mucho más que probable que las aspiraciones reeleccionistas del actual ocupante de la Casa Blanca se esfumen en el horizonte, como aquello, que una vez, el viento se llevó.

(El autor es especialista en mercados y tendencias)