Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:16 pm
En honor a la verdad, Marco Polo no fue el primer europeo en recorrer la Ruta de la Seda, pues al menos su padre Mateo y el hermano de este, Nicoló, habían realizado un viaje similar antes de invitarlo a participar en la segunda expedición al khanato de China.
La celebridad de este viajero no se debe a su novedad, sino a la descripción del viaje y las maravillas narradas en su libro Il Milione (El millón), más conocido como Los viajes de Marco Polo o Libro de las maravillas.
Hecha esta salvedad recordemos que, entonces, las mercancías procedentes de Oriente o de Occidente se intercambiaban en los oasis, convertidos en importantes puestos comerciales frecuentados no solo por comerciantes, sino también por peregrinos, soldados y espías.
En su apogeo, la Ruta de la seda conectaba -del lado oeste- el Imperio bizantino y -del este- una vasta región que se extendía desde los territorios de los Tres Reinos hasta los de la dinastía Yuan en la zona china.
Sus diversos ramales cruzaban ciudades antaño fabulosas como Damasco, Bagdad o Samarkanda y accidentes geográficos con fama de insuperables, como el macizo del Pamir, con puertos de montaña de 5 000 metros de altitud, o los desiertos del Gobi (que en mongol significa lugar sin agua y Taklamakán, lugar donde entras pero no sales.
Ruta de la seda del siglo XXI
¿Qué tienen en común el trayecto de tren más largo del mundo, el puerto del Pireo y un centro logístico en Kazajastán? ¿O Duisburgo, en Alemania, las islas Maldivas y Gwadar, en Pakistán? La respuesta es China.
Todos forman parte del grandioso proyecto que Beijing ha convertido en una de las colosales prioridades de su política exterior: la formación de extensas redes de transporte, comunicaciones e infraestructuras que partan de China y, por vía terrestre y marítima, alcancen a Europa.
El Gobierno chino lo ha bautizado como las nuevas rutas de la seda y aspira a completarlo hacia 2025, disponiendo al efecto un fondo de 40 000 millones de dólares para el proyecto y suscribiendo acuerdos de construcción y préstamos en Asia Central en torno a otros 54 000 millones de dólares.
De tener éxito, y todo apunta a que así será sobre la base de la voluntad política y medios económicos del gigante asiático para lograrlo, el proyecto abrirá a China un volumen potencial de comercio exorbitante, en un espacio poblado por 4 400 millones de personas y un tercio de la riqueza mundial; y con ello, naturalmente, aumentará de forma incalculable la influencia global de la actual segunda economía del planeta frente a un Estados Unidos que a su vez tiene puestas sus miras en Asia-Pacífico.
La conclusión del derrotero terrestre permitirá también a China desarrollar las provincias más pobres del centro y el oeste, que no se han beneficiado tanto del boom económico de los últimos 20 años en el país como las regiones orientales.
Desde julio de 2011, la ciudad china de Chongquing quedó conectada con la alemana de Duisburgo por un servicio ferroviario de mercancías a través de Eurasia. En comparación con las rutas marinas comerciales tradicionales desde los puertos de Guangzhou y Shangai, de unos 36 días mediante barcos portacontenedores, el tiempo de viaje entre las referidas ciudades se reduce a poco más de 13 días por medio del camino de hierro que debutara en Inglaterra (tramo de 40 kilómetros entre Stockton-Darlington) el 27 de septiembre de 1825.
Sin embargo, la era moderna del también denominado Puente Te-rrestre Euroasiático, que deviene último eslabón de una vía férrea a lo largo de la antigua Ruta de la Seda, fue concluido en 1990, cuando las redes ferroviarias china y kazaja se conectaron en el paso de Alataw o puerta de Zungaria. Desde 2013, la línea es utilizada por servicios directos de pasajeros desde Urumqi, en Xinjiang, China, hasta Almaty y Astana, en Kazajastán.
Apoyo presidencial
En octubre de 2013, el presidente chino, Xi Jinping, propuso por primera vez el proyecto de ruta terrestre durante una visita a Kazajastán. Un mes más tarde, en Indonesia, planteaba la ruta marítima, y hasta hoy alrededor de 50 naciones han expresado su interés por este.
Apenas 14 meses después, en diciembre de 2014, el primer tren de mercancías directo entre China y España recorrió 13 000 kilómetros en 21 días. La hazaña tuvo como punto de partida la ciudad de Yiwu, de donde partió el convoy el 18 de noviembre para atravesar, además de infinidad de localidades del país asiático, Kazajastán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania y Francia, antes de llegar a España, donde descargó 30 de los 40 contenedores con los que inició el periplo.
El tren, operado por InterRail Services (IRS) y DB Schenker Rail, transitó por España mediante el apoyo de la empresa ferroviaria Transfesa y ha realizó cambios de locomotora aproximadamente cada 800 kilómetros. Asimismo, se ejecutaron operaciones de cambio de medidas o trasvase de contenedores entre composiciones, debido a la existencia de diferentes anchos de vía, en las ciudades fronterizas de Dostyk (Kazajastán), Brest (Bielorrusia) e Irún (España).
De este modo, la consolidación de un corredor ferroviario entre Yiwu, el centro de venta y distribución de bienes de consumo mayor del mudo, y la terminal logística de Irún, en la península ibérica, deviene nuevo canal para la exportación de importantes oportunidades de negocio.
A modo de colofón
La Ruta de la seda conformó la red de vías comerciales terrestres más larga del mundo y su origen se remonta al siglo II ane, cuando el Emperador Wu de la Dinastía Han, motivado por intereses militares y políticos, ordenó Zhang Qian a uno de sus oficiales, una misión diplomática para frenar los ataques de diferentes tribus nómadas al noreste de su imperio.
Al regreso de su periplo, 13 años después (había partido en el 138 y volvió en el 125 ane), Zhang no había logrado ninguna alianza militar, pero informó a la corte de la existencia de muchos reinos y lo impresionado que estaba por la raza de unos caballos originarias del valle de Ferghana, mucho más fuertes y veloces que los de China.
También el viajero describió la gran variedad de objetos rituales y suntuarios existentes en esos lejanos reinos; todo esto despertó el interés por parte del Imperio chino de explotar comercialmente esta zona. .
No obstante, la época de mayor esplendor de la Ruta sobrevino con la dinastía Tang, entre los siglos VII y X llegando a su apogeo comercial, artístico y cultural. En algunos momentos bajo el dominio de cuatro importantes imperios: el califato árabe, diversos reinos turcos, el imperio chino y el imperio tibetano.
Fue el geógrafo alemán Ferdi-nand Freiherr von Richthofen quien así bautizó la milenaria travesía en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la seda, publicada en 1877, y debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba por es y cuya forma de elaboración guardaban bajo siete sellos los chinos, sus descubridores.
Los miles de kilómetros de recorrido se originaban en la actual ciudad china de Xian -antigua Changan-, pasando entre otras por Karakorum (Mongolia); el Paso de Khunjerab, entre China y Paquis-tán; Susa (Persia); el Valle de Fergana en la hoy Tayikistán; la ciudad paquistaní de Taxila; Antio-quia en Siria; Alejandría (Egipto), la villa rusa de Kazán; Constan-tinopla -hoy Estambul, Turquía, y antesala del Viejo Mundo-, llegando hasta los reinos hispánicos del siglo XV, en los confines de Europa, para tocar por último a Somalia y Etiopía en África oriental.
Documentos de la época refieren que los romanos fueron grandes aficionados de este tejido, tras conocerlo antes del comienzo de nuestra era gracias a los partos. Además de la seda, muchos productos transitaban estas rutas, como por ejemplo piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, materiales manufacturados y coral.
Al cabo de 2 100 años, en junio de 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco eligió un tramo de la Ruta de la Seda como Patrimonio de la Humanidad con la denominación Rutas de la Seda: red viaria de la ruta del corredor Chang'an-Tian-shan. Este sitio abarca un gran trayecto de la gigantesca red viaria recorrida por las caravanas de comerciantes desde la zona central de China hasta la región de Zhetysu, situada en el Asia Central, incluyendo 33 nuevos sitios en China, Kazajastán y Kirguistán.
La desaparición de la Ruta de la seda tras el fin del reinado de los mongoles fue la chispa que detonó el interés de las potencias europeas de entonces, por hallar nuevas rutas hasta el próspero imperio chino, sobre todo por vía marítima y convencidos de obtener grandes beneficios de la relación comercial directa con Asia.
Gracias a ello y bajo el mando de Jorge Álvares y Rafael Perestrello, arribó a las costas de China el primer barco mercante portugués (y europeo) en 1513, seguido por la misión diplomática y comercial de 1517 encomendada por Manuel I de Portugal a Fernão Pires de Andrade y Tomé Pires, la cual estableció formalmente las relaciones entre el imperio lusitano y la dinastía Ming durante el reinado del emperador Zhengde.








