Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:31 pm
Coincidiendo con el Día Internacional del Trabajo que se celebra con júbilo o con manifestaciones de protestas en dependencia del sistema político y económico de cada país, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, ordenó el envío de 600 soldados a países del Este de Europa (ex integrantes o aliados de la antigua URSS) y ahora miembros de la OTAN, la alianza militar establecida para contener lo que se denominaba y definía como “vocación imperialista” de la Unión Soviética.
Estos países son Polonia, Lituania, Letonia y Estonia, y los miembros de la avanzada militar radican en una base estadounidense en Italia, perteneciente a la 173 Brigada de Infantería. Para la “gradería”, el traslado tiene como fin “hacer ejercicios militares con las fuerzas armadas de dichos países”. Sin embargo, Obama también ha enviado fuerzas navales al Mar Negro, próximas a la base naval rusa en Crimea. Esta movilización de tropas responde, en teoría, a lo que el huésped de la Casa Blanca considera como “una violación por parte de Rusia de los acuerdos de Ginebra alcanzados por la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y Ucrania”.
El mandatario estadounidense no se cansa de acusar al gobierno presidido por Vladimir Putin de no respetar el acuerdo, al continuar apoyando a los ciudadanos del Este de Ucrania, conocidos como los pro rusos, en aquella parte del país. En dicha acusación se asume que Rusia tiene suficiente influencia (cuando no control) sobre los llamados pro rusos en las zonas del este de Ucrania, que son fronterizas con Rusia, para que estos depongan las armas y abandonen los edificios públicos.
Por ejemplo, el senador republicano John McCain, del Estado de Arizona, ha llegado incluso a acusar al Presidente Putin de estar detrás de estos grupos pro rusos, manipulados directamente desde Moscú, desde el despacho del propio Putin. No se les ocurre, ni a McCain ni al Presidente Obama, que los llamados pro rusos tienen ideas propias, con condiciones específicas para aplicar el acuerdo de Ginebra. Ellos, después de todo, no fueron invitados a Ginebra, como sí el gobierno de facto ucraniano, y habían hecho demandas -que continúan sin recibir una respuesta cabal- tampoco incluidas en el tratado ginebrino.
The manhood question
El envío de tropas a los países del este de Europa, sin embargo, responde menos a lo que ocurre en Moscú que en Washington. En la ciudad bañada por el emblemático río Potomac algunos aseguran que Obama está perdiendo el control de la política estadounidense en Ucrania. La ultraderecha y la que ciertos sectores suavizan tildándola de “derecha moderada” están movilizándose, continuando una larga campaña que consiste en presentar a Obama como débil, el cual no está ofreciendo “el liderazgo que el mundo occidental necesita”.
Tal vez el envío de las tropas y del vicepresidente John Biden a Ucrania devienen suerte de “respuesta rápida” para mostrar solidaridad con el gobierno de Kiev. Pero ello no aplacó al Partido Republicano ni al senador McCain. Este último ridiculizó el viaje de Biden, señalando que “es una visita blanda y no dura”, es decir, que Biden no se había comprometido con movimientos de tropas que señalaran al gobierno ruso que el gobierno de Estados Unidos no tolera que Putin continúe sus supuestas estrategias de expansión.
El dilema, según John McCain, es que Obama es excesivamente blando, o bien lo que otros conservadores y ultra conservadores califican de “falta de masculinidad” (The manhood question). Es esta mentalidad la que ejerce una enorme influencia en Washington, y lo peor: que puede conducir a un conflicto armado, pues es un secreto a voces que la OTAN viene preparando desde hace un tiempo su expansión hacia el este de Europa para rodear a Rusia.
En este contexto resulta paradójico que uno de los individuos que criticaron más el mantenimiento de la OTAN y su expansión hacia el Este fue nada menos que uno de los ideólogos más feroces de la Guerra Fría, George Kennan, también fundador de ese bloque militar. Su argumento era que con la caída de la Unión Soviética y la derrota del régimen comunista, la OTAN había dejado de tener justificación. Según Kennan, la OTAN ya había conseguido su objetivo. Mantenerla, y todavía peor, expandirla hacia el este, rodeando a Rusia, era un craso error, pues era una provocación a Rusia, Estado que, para Kennan, debería convertirse en aliado de Estados Unidos.
En nuestros días, la OTAN continúa su política de provocar a Rusia, convirtiéndose en un instrumento de inestabilidad en lugar de uno de defensa o seguridad. En 2005 y a la edad de 101 años murió Kennan, quien fuera embajador de su país en Moscú en 1952 y que predijo que la expansión de la OTAN hacia el Este llevaría a un conflicto armado, debido a que Rusia se sentiría acorralada. Y así está pasando.
Bomba de tiempo con colmillos nucleares
Analistas internacionales coinciden que desde su separación de la antigua URSS, Ucrania devino bomba de tiempo. Lo peligroso es que tiene un arsenal de bombas nucleares. Tal vez los cinéfilos recuerden el filme producido para la televisión “El día después” (1983), del director Nicholas Meyer, que refleja con un realismo escalofriante cómo un enfrentamiento nuclear de superpotencias devastó las vidas de estadounidenses en dos ciudades del centro del país. El hipotético conflicto comenzó con una concentración de tropas soviéticas en Europa Oriental (que Moscú anunció inicialmente como simples maniobras), pero los hechos fueron subiendo de tono hasta un punto en el que ambas partes lanzaron sus misiles nucleares por temor de perderlos en un ataque preventivo.
Como tuvo lugar durante un período de tensiones entre Estados Unidos y la URSS y controversia sobre las políticas nucleares del gobierno de Ronald Reagan, el filme atrajo la atención de más de 100 millones de televidentes, y aún hoy sigue siendo la mejor obra trasmitida por la televisión en ese país.
Ciertamente el pueblo estadounidense no ha pensado mucho en escenarios semejantes desde el fin de la Guerra Fría, porque la Unión Soviética se disolvió y con ello la rivalidad ideológica entre Washington y Moscú. Empero, la crisis ucraniana es un recuerdo y una alerta de que Rusia sigue siendo una superpotencia nuclear, y que las fuentes geopolíticas de sus preocupaciones de seguridad no han desaparecido. De hecho, Moscú tiene hoy mayores motivos para preocuparse, tras ver esfumarse la barrera de aliados que la aislaba de un ataque occidental durante la Guerra Fría, y ahora el Kremlin está a pocos minutos de un misil lanzado desde la frontera oriental de Ucrania.
En medio de todo ello la prensa extranjera continúa presentando una visión demasiado simplista de lo que está sucediendo en Ucrania, del mismo modo como lo hizo en primero en Afganistán y, a renglón seguido, en Irak, Libia y Siria. En todos los casos el patrón ha sido el mismo: satanizar al antiguo régimen y enaltecer a sus oponentes, de manera que la imagen de los acontecimientos ofrecida al público muchas veces ronda con la más absurda fantasía.
De última hora
Los separatistas pro rusos de la localidad ucraniana de Slaviansk anunciaron el derribo de dos helicópteros militares ucranianos en medio de la operación especial lanzada por el Ejército del país en la ciudad, y difundieron imágenes de la acción. Vyacheslav Ponomaryov, autoproclamado alcalde de la ciudad, informó a la agencia rusa Interfax que uno de los pilotos fue capturado y el resultó muerto.
Los grupos separatistas pro rusos han ocupado varios edificios gubernamentales en Slaviansk y otras localidades del este del país para solicitar su adhesión a la Federación de Rusia, siguiendo el ejemplo de la provincia de Crimea.
Por su parte, este viernes el Ministerio de Exteriores ruso exigió al Gobierno de Kiev que cese "inmediatamente la operación de castigo" que lleva a cabo en el sureste del país contra las milicias pro rusas, y pidió asimismo a Occidente el fin de su "política destructiva respecto a Ucrania".
La Cancillería acusa a Kiev de emplear en la operación de las fuerzas armadas a "terroristas" del grupo ultranacionalista "Sector de Derechas", así como exige a Kiev "el cese inmediato de la operación de castigo y de cualquier violencia contra su propio pueblo", y la inmediata “liberación de los presos políticos y que se garantice a los periodistas plena libertad para trabajar".








