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Semanario Económico y Financiero de Cuba

COVID-19,el fantasma de la Gran Depresión (1ra parte)

El virus se ha ensañado con la flor y nata económica pues la lista de las 10 naciones más golpeadas es casi idéntica a la de los 10 países más grandes del mundo por PIB.

En medio de una sincronizada desaceleración económica global, catalizada  por la intensificación de una guerra comercial y tecnológica sin precedentes entre las dos grandes potencias mundiales, ha emergido una contingencia relativa -una venganza de la naturaleza, dice David Harvey- como un iceberg contra el que están chocando tanto las condiciones de la economía, la política y la geopolítica legadas por la debilidad de la recuperación post crisis 2008/2009, como las propias consecuencias de una estructura productiva heredada de más de cuatro décadas de globalización neoliberal.

Todos los pronósticos, incluidos aquellos de los principales organismos y firmas internacionales, quedan en papel mojado a un ritmo tan vertiginoso como el avance inesperado de la COVID-19.

Desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -que representa las 36 economías más avanzadas del planeta- y la Organización de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) -que en una evaluación inicial advertían que la pandemia a lo sumo podría reducir el crecimiento económico mundial hasta algo menos del 2 % este año, con pérdidas en torno a los 3 billones de dólares-, hasta el Fondo Monetario Internacional (FMI) con un poco más de acierto; todos han tenido que reconocer su subestimación y actualizar, significativa y constantemente, sus obsoletas previsiones.

El cauteloso FMI, que a finales de marzo afirmaba la entrada "…en una recesión tan mala o peor que la del 2009"; pocos días después, el 10 de abril era categórico y admitía que el planeta podría dirigirse hacia el peor descalabro económico desde la Gran Depresión, hace casi un siglo, con una caída del 3 % del PIB global este año.

Hace tres meses ese organismo, de sus 189 miembros proyectaba crecimiento en 160 naciones; ya en abril predecía una contracción del ingreso per cápita en 170 de ellos.

Aun con la pandemia en pleno recorrido por el mundo, se pronostica que los países del G-20 sufrirán colectivamente este año al menos una contracción de 5 % en su Producto Interno Bruto (PIB), con profundas recesiones en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón.

Las gigantescas pérdidas causadas por el cierre obligado de negocios y el aumento del desempleo, sobre todo en el segundo y tercer trimestres, podrían provocar una reducción del 5 %-10 % en el PIB de Estados Unidos y la Unión Europea (UE) en 2020. Específicamente en la zona Euro la caída estaría en torno al 9 %; encabezada por Italia, Francia, Alemania y España.

Los principales institutos económicos del país germano, calculan un desplome del PIB de casi 10 % en el segundo trimestre -algo nunca visto en la historia reciente de la locomotora alemana- y 4,2 % para todo el año 2020. En Francia, la actividad económica retrocedió 6 % en el primer trimestre, su peor resultado desde la Segunda Guerra Mundial y similar al registrado durante las protestas de mayo del 68.

Finalmente, en el primer trimestre de este año, la economía china sufrió su mayor debacle en casi 30 años y cayó en -6,8 %, con un aumento del desempleo hasta 6,2 %. Para todo el 2020, se espera una caída del PIB de       -1,2 %, debido a las débiles exportaciones y pérdidas en la actividad interna provocada por los pasos de distanciamiento social.

Como apuntan Richard Baldwin y Beatrice Weder di Maurola, del Graduate Institute, el virus se ha ensañado con la flor y nata económica - "la lista de las 10 naciones más golpeadas es casi idéntica a la de los 10 países más grandes del mundo por PIB, dejando claro que tiene potencial para hacer descarrilar la economía mundial", según afirman.

Un estudio de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), que también se suma al creciente coro de voces que emplea los símiles bélicos para dimensionar el golpe económico de la pandemia, revela que el mercado laboral se enfrenta a su "mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial", con 1 250 millones de trabajadores en riesgo de despidos o de reducción de salarios.

La paralización de la economía ya afecta, de una u otra forma, al 81 % de la fuerza laboral en todo el mundo, unos 2.700 millones de trabajadores. Y se estima que la pandemia del coronavirus puede hacer desaparecer 6,7 % de las horas de trabajo en el mundo solamente en el segundo trimestre de 2020, es decir el equivalente a 195 millones de puestos a tiempo completo.

A finales de año, el número de desempleados podría superar los 25 millones a nivel global. El impacto será especialmente duro para los cerca de 2.000 millones de trabajadores de la economía informal.

En el ojo del huracán se sitúa Europa, con un golpe del 7,8 % sobre las horas trabajadas, el equivalente a 15 millones de empleos a jornada completa; no muy alejados, los países árabes, donde las horas laboradas bajarán un 8,1 %. Pero, en términos absolutos, es la región Asia Pacífico -donde la caída llegará al 7,2 %- la que más padecerá por esa situación en el segundo trimestre.

El grueso de los trabajadores informales, que está en economías de ingreso medio o bajo -América Latina, Asia y África, fundamentalmente-, no tienen acceso (o, si lo tienen, es muy limitado) a los servicios de salud y a la protección social completa.

Tampoco pueden, por tanto, acogerse a prácticamente ninguno de los programas de amortiguación del impacto para los empleados que sí tienen un contrato reconocido por el Estado.

Tomando prestado el título de la obra de James K. Galbraith, El fin de la normalidad, parece ya indiscutible que ésta se acabó definitivamente y que ahora nos hallamos en un punto de inflexión inédito en nuestra historia contemporánea y, sobre todo, en la de una globalización capitalista neoliberal que se había impuesto como el único sistema posible. Porque ahora es ella la que ha de ser cuestionada con más contundentes razones.

El colapso del comercio mundial, símbolo de casi dos décadas de hiperglobalización, está a la vista, el 2020 será el peor año desde que hace un cuarto de siglo nació la Organización Mundial del Comercio (OMC), que vaticina para este año una caída de los intercambios internacionales entre 13 % y 32 %.

Este último sería un porcentaje que triplicaría el resbalón que se vivió con la crisis financiera del 2008, lo que da a entender la magnitud del descalabro: la actividad comercial del planeta sería un tercio más pequeña de un año para otro. Ahora ya serán dos años seguidos en retroceso (2019 y 2020). Es algo inédito y que marca tal vez un antes y un después.

Casi todas las regiones y todos los sectores sufrirán caídas de dos dígitos en los volúmenes comerciales en el 2020. Es probable que el comercio caiga más abruptamente en sectores caracterizados por complejas cadenas de valor, particularmente en productos electrónicos y automotrices.

Turismo, la gran víctima de la pandemia

La gran víctima del brote del nuevo virus, es, quizás, el turismo, ya sean aerolíneas, hoteles, navieras o centros de ocio. Atrás ha quedado la década de oro, con ganancias récord; los países han cerrado sus fronteras y prácticamente todos los vuelos se han cancelado debido a la ausencia de pasajeros.

La Organización Mundial de Turismo (OMT) estima que se podrían perder siete años de crecimiento en el sector, con una drástica caída de viajeros de hasta 440 millones, un 30 % menos de los 1.460 millones del año pasado. Las optimistas estimaciones de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés) sugieren que el impacto de la COVID-19 estará al mismo nivel que la crisis financiera de 2008, cuando los precios de las acciones de las aerolíneas cayeron 25 %, y que los transportistas podrán perder este año unos 113.000 millones de dólares, dejando sin trabajo al 12 % ó 14 % de los trabajadores.

Muchas aerolíneas internacionales corren el riesgo de declararse en quiebra a finales de este mes de mayo. A su vez, el Consejo Mundial del Viaje y el Turismo advirtió que el desplome de la demanda amenaza con acabar con hasta 50 millones de empleos en la industria turística global.

Intercambio comercial en picada

Obviamente, la reducción de la demanda a escala global provocará un mayor descenso en las exportaciones y precios de las materias primas, en momentos en que el número de países dependientes de estas se ha incrementado de 92 en 2002 a 102 en 2017, y cuando el coronavirus amenaza con reducir sus intercambios globales en más de 50.000 millones de dólares.

Desde el inicio del actual año, las importaciones de China por concepto de materias primas, que suelen rondar los 1,7 billones de dólares, se han reducido un 4 % y los precios han caído un 30 %. La lógica reducción de los ingresos junto a la reversión de las corrientes de capital, se traducirá en mayores dificultades para el pago de la abultada deuda externa de los países dependientes de las exportaciones de productos básicos.

Desde la llegada del coronavirus los precios de los metales industriales han caído un -7,1 % de acuerdo con Moody´s Analitics. Los retrocesos han sido de -10,4 % para el cobre, -8,7 % para el níquel, -8,2 % para el estaño, -7,3 % para el zinc, -4,6 % para el plomo y -3,5 % para el aluminio.

Es de destacar el descenso del cobre -el barómetro para medir la salud económica mundial-, que ha perdido todo lo avanzado al cierre del año pasado, cuando se anunció un primer acuerdo entre China y EE.UU. para resolver la guerra comercial.

Asimismo, la virtual paralización de la actividad industrial y doméstica en muchos países, ha venido a agudizar la "guerra comercial" por el petróleo, entre Rusia y Arabia Saudí. Los dos mayores productores de crudo del mundo tenían un acuerdo para no perjudicarse: coordinaban la producción y venta de barriles para no competir. El coronavirus atizó la rivalidad.

Si bien, a mediados de abril, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) llegó a un acuerdo histórico y los dos contendientes accedieron a hacer recortes masivos en la producción, los efectos de la guerra de precios del petróleo aun persisten. Los barriles siguen fluyendo hacia Estados Unidos, inundando el mercado.

En un contexto de creciente debilidad del consumo, debido fundamentalmente a las dificultades de China, el mayor importador de petróleo del mundo, el mercado ha entrado en "pánico" y los precios del crudo WTI que se transa en EE.UU. han caído en picada desde el comienzo del 2020, llegando a tocar los cero dólares el 20 de abril; la cifra más baja desde que se abrió el comercio de futuros de petróleo en 1983. El crudo está tan barato que los productores están pagando a los almacenistas para que les quiten los barriles de las manos.

El desplome acelerado en el mercado petrolero refleja la comprensión de que los recortes en la producción de la OPEP no son ni remotamente suficientes para compensar el gran colapso de la demanda provocado por la crisis del coronavirus.

Los analistas coinciden en una caída de aproximadamente 300.000 - 500.000 barriles diarios en el consumo petrolero mundial -destacando los 3 millones de barriles por día de China-, que podría traducirse en la peor crisis de demanda en el mercado de los hidrocarburos desde la crisis financiera del 2008-2009 y los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos.

El petróleo por debajo de los 20 dólares es una pesadilla para las compañías estadounidenses de petróleo de esquisto de alto costo, especialmente las que se endeudaron para pagar proyectos de perforación que ahora no son económicos.

Muchas se verán obligadas a cerrar, dando un duro golpe al auge petrolero estadounidense. Un total de 140 productores de petróleo de EE.UU. podrían declararse en bancarrota este año si las cotizaciones se mantienen en torno a los 20 dólares por barril, seguidos de otros 400 en 2021. Esto provocaría la desaparición de innumerables empleos.

Todo lo anterior, ha tenido su correlato en los mercados bursátiles de todo el mundo. El mercado de valores de Estados Unidos perdió alrededor de un 20 %, solo en los primeros 21 días de marzo, al ocurrir la tendencia bajista más aguda que se recuerda: más que en 1929, o que en 1987, y 10 veces más rápido que en 2007

El Dow Jones registró el peor trimestre desde 1987, perdiendo 23 % desde el 1 de enero hasta el 31 de marzo. En Europa, la caída fue aún más fuerte, cerca del 30 % en las principales plazas. En conjunto, en el primer trimestre de 2020, las acciones mundiales perdieron, al menos, alrededor de unos 27,6 billones de dólares.

A mediados de marzo, el desplome bursátil había provocado un golpe de 444.000 millones de dólares en la fortuna de las 500 personas más ricas del mundo, cifra que superó con creces los 78.000 millones de dólares de ganancias que habían acumulado en apenas los dos meses transcurridos desde el inicio del año.

"Al menos un 80% de los multimillonarios que forman parte del 'ranking' de bienestar compilado por Bloomberg, entró en zona roja, incluidos aquellos cuyo negocio ha sido arrollado por el drama global", escribió la agencia estadounidense. Con el desplome de las bolsas el lunes 16 de marzo, los 20 hombres más ricos del mundo perdieron 68.000 millones de dólares, con lo cual el acumulado hasta esa fecha aumentó hasta 300.000 millones de dólares, según Forbes.

En la primera línea de fuego de la tormenta financiera desatada por el coronavirus, se encuentran los países emergentes, que representan el 60 % de la economía mundial en términos de poder adquisitivo. Desde que se conocieron los primeros contagios fuera de China -a principios de enero- hasta marzo, el bloque sufrió una fuga de capitales de unos 100.000 millones de dólares hacia el primer mundo -sobre todo en busca de la seguridad de los bonos del gobierno de Estados Unidos-, una cifra que triplica el importe registrado en la crisis financiera iniciada en el 2008

Apenas el año pasado, un grupo de más de veinte mercados emergentes, entre estos China, India, Sudáfrica y Brasil, recibieron flujos de inversión de 79.000 millones de dólares.

 

Esto ocurre en momentos en que muchos de esos gobiernos tienen una deuda que limita su capacidad de ayudar a los más necesitados. Desde 2007, la deuda total pública y privada en los mercados emergentes se ha multiplicado, al saltar de casi el 70 % del PIB al 165 %.

Ese cambio ha reavivado el temor de que algunos países se deslicen hacia la insolvencia y no puedan cumplir sus obligaciones de pago, en especial Argentina, Turquía y Sudáfrica. Antes de la pandemia, la principal economía africana, estaba en recesión y la tasa de desempleo superaba el 29 %. Desde la aparición de la pandemia, la moneda sudafricana se ha hundido en más de un 20 %, lo que ha provocado una espiral inflacionaria.

Aunque Asia dista mucho del escenario contractivo de otras regiones, no podrá contener el impacto recesivo de la pandemia y, por primera vez en 60 años, puede estancarse, con una tasa de crecimiento nula en el 2020, muy por debajo de las tasas de crecimiento promedio de 4,7 % durante la crisis de 2008-2009 y del aumento de 1,7 % de la crisis financiera asiática de la década de 1990.

Por Faustino Cobarrubia Gómez

Jefe de Dpto de Comercio Internacional del CIEM