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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Año internacional de los Suelos

El 33 % de la tierra del planeta se encuentra erosionada. Según la FAO, América Latina y el Caribe tienen las reservas de tierra cultivable más grandes del orbe, pero el 14 % de la degradación mundial ocurre en esa región

Preservar los suelos saludables y rescatar aquellos que muestran serias condiciones de degradación es el objetivo común de las naciones para el cercano año 2015, pues según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) este es el reto más visible en aras de contrarrestar los efectos del hambre y la malnutrición en el planeta.

La FAO ha sido la encargada de implementar el Año Internacional de los Suelos, en el marco de una estratégica Alianza Mundial por el Suelo y en colaboración con los gobiernos y la Secretaría de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que busca avanzar hacia una producción de alimentos sostenible tomando como base de la agricultura los suelos saludables, no solo por su valía como reservorios de biodiversidad, sino además por su esencial utilidad en la lucha contra el hambre si se quiere mitigar y enfrentar el cambio climático.

Autoridades mundiales y prestigiosos ambientalistas han alertado la incipiente degradación que muestra hoy gran parte de la tierra del planeta y los estragos que el calentamiento global produce al final de cada década en varias regiones, sobre todo las insulares, por lo que han manifestado el interés de generar conciencia en la búsqueda del equilibrio entre la necesidad de preservar los recursos naturales y otra no menos importante: expandir la producción de alimentos. A pesar de su gran importancia, la salud de los suelos enfrenta constantes y crecientes desafíos. Según la FAO, 33 % de las tierras del planeta se encuentran degradadas, sea por razones físicas, químicas o biológicas, lo que evidencia una reducción de la cobertura vegetal, la disminución de la fertilidad, la contaminación del suelo y del agua y, como resultado final, el empobrecimiento de las cosechas.

El mal manejo -entiéndase erosión hídrica, deforestación y aplicación intensa de agroquímicos-  puede causar hambre reiterada a comunidades enteras, incluso a países en vías de desarrollo, por lo que la pobreza constituye un fenómeno asociado directamente a esa degradación: el 40 % de las tierras más erosionadas del mundo están en zonas con elevadas tasas de miseria, debido a que los agricultores pobres tienen cada vez menor acceso a la tierra y al agua, y cada vez mayores posibilidades  de  labrar suelos de mala calidad.

Peligrosa degradación para Latinomérica

América Latina y el Caribe tienen las reservas de tierra cultivable más grandes del mundo, pero  14 % de la degradación mundial ocurre en la región. Avanzar en el cuidado y preservación de los suelos es fundamental para que la zona alcance su meta de erradicar el hambre, uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Datos recientes revelan que la  situación es más grave en Mesoamérica, donde afecta a 26 % de la tierra, mientras que este fenómeno perjudica 14 % de los suelos de América del Sur,  cuatro países de la región tienen más de 40 % de sus tierras degradadas y en 14 naciones la erosión afecta entre 20 % y 40 % del territorio nacional. ¿Las causas?... crecimiento de la superficie agrícola que aumentó, desde 1961 a 2011, de 561 a 741 millones de hectáreas y a otro gran por ciento de las tierras cultivables que ahora se encuentran cubiertas de bosques, si bien esta cifra se reduce debido a de la expansión de la frontera agrícola.

El notable crecimiento de la agricultura ha ocasionado que a nivel mundial 12 % de la tierra se utilice para cultivos agrícolas (1,6 billones de hectáreas), 28 % a plantaciones de bosques con fines forestales y 35 % a pastizales y otros sistemas boscosos.

Los principales frentes de trabajo de la FAO en el próximo 2015 son mancomunar esfuerzos con los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, el sector privado y todas las partes interesadas para alcanzar el reconocimiento pleno de las importantes contribuciones de los suelos a la seguridad alimentaria, la adaptación al cambio climático, los servicios esenciales de los ecosistemas, la mitigación de la pobreza y el desarrollo sostenible.

Entre las principales acciones están conseguir la concientización plena de la sociedad civil y los responsables de la toma de decisiones sobre la importancia del suelo para la vida humana.

Se suma apoyar políticas y acciones eficaces para el manejo sostenible y la protección de los recursos del suelo y promover inversiones en actividades de manejo sostenible de la tierra para mantenerla saludable ante sus diferentes usuarios y grupos de población.

Este es un reto nada fácil cuando las trasnacionales agroalimentarias amenazan con extirpar las raíces de la naturaleza en busca de las riquezas más furtivas.

Cuba y sus suelos

Según fuentes del Ministerio de la Agricultura (Minag), gran parte de los suelos cubanos están impactados por factores limitantes de su productividad agrícola: 2,9 millones de hectáreas se encuentran erosionadas, un millón de hectáreas, salinizados; dos millones de hectáreas, compactados y 2,9 millones manifiestan problemas con el drenaje, por lo tanto, de las 11 millones de hectáreas que ocupa la superficie total del país sólo 6,9 millones corresponden al área agrícola cultivable, de las cuales solo 50 % está actualmente en producción. 

En general, 60 % de la superficie del país se encuentra menoscabada por uno o varios factores que pueden conducir al proceso de desertificación y han perjudicado visiblemente los rendimientos de productos claves como el arroz, los granos, los cultivos varios y la caña de azúcar.

Tal situación condujo a que desde el año 2001 la estrategia para revertir el panorama en Cuba esté basada en un Programa Nacional de Mejoramiento y Conservación de los Suelos, rectorado por el Instituto de Suelos del Minag, mediante el cual el Estado subvenciona la implementación de medidas por los agricultores para contrarrestar esos procesos de degradación.

Tal iniciativa, así como el Programa Nacional contra la Desertificación y la Sequía, permite capacitar a miles de productores y estimula la adopción de buenas prácticas en el uso de la tierra, como la construcción de barreras vivas y muertas antierosivas, y zanjas de filtración de agua e hidrorreguladoras.

Otros esfuerzos nacionales para la protección de los suelos van encaminados a lograr la intensificación sostenible de la producción agrícola y la adopción de técnicas de conservación de la agricultura, un proceso que forma parte del Marco de Programación de País 2013-2015 entre Cuba y la FAO.