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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Cuba, 53 años de bloqueo unilateral, obsoleto y genocida

Daño económico superior a 116 880 millones de USD

Apenas mes y medio después de la entrada triunfal a la capital cubana del Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro Ruz, la administración estadounidense encabezada por el presidente Dwight D. Einsenhower, negó la concesión de un moderado crédito solicitado por el Gobierno Revolucionario con el fin de mantener la estabilidad de la moneda nacional.

A raíz de ello se sucedieron otras disposiciones como la restricción del suministro de combustible a la Isla por las transnacionales de la nación norteña, la paralización de plantas industriales, la prohibición de exportaciones a Cuba y la supresión parcial y luego total de la cuota de azúcar, hasta desencadenar en la hostil medida aprobada por el presidente Kennedy.

Tras más de medio siglo de un bloqueo unilateral, absurdo y genocida, la Mayor de las Antillas sigue impedida de exportar ningún producto a Estados Unidos, ni importar de ese país mercancía alguna, como tampoco recibir turismo y mucho menos utilizar el dólar (USD) en sus transacciones con el exterior. La extraterritorial providencia veta el acceso a los créditos y la realización de operaciones con entidades financieras multilaterales, regionales y norteamericanas, a la vez que embarcaciones y aeronaves cubanas no pueden tocar territorio estadounidense.

No es ocioso insistir en el marcado carácter extraterritorial del bloqueo, denominado "embargo" por sus creadores con el exclusivo propósito de confundir y minimizar tan repulsivo acto. De acuerdo con el Derecho Internacional, las acciones ejercidas contra la Isla por el Gobierno de Estados Unidos no se enmarcan en la definición de "embargo", sino trascienden este y tipifican un bloqueo -que desde 1909 está caracterizado como un acto de guerra- al perseguir el aislamiento, la asfixia y la inmovilidad de Cuba, con el avieso propósito de quebrar la decisión de su pueblo a ser soberano e independiente.

Así las cosas, para agravar los nefastos efectos de la pérdida de 85 % del comercio exterior cubano producida tras el colapso del campo socialista europeo y la Unión Soviética, el entonces presidente George Bush, aprobó en 1992 la llamada Ley Torricelli, en virtud de la cual fueron interrumpidas las importaciones cubanas procedentes de subsidiarias estadounidenses en terceros países, cuyo monto en 1991 ascendía a 718 millones de dólares, de ellos 91 % relativos a alimentos y medicinas.

Dicha Ley impuso severas prohibiciones a la navegación marítima desde y hacia esta Isla caribeña, institucionalizando graves disposiciones extraterritoriales, al punto de que los buques de un tercer país que tocaran puerto cubano, no podían entrar a Estados Unidos en los siguientes seis meses y previa la obtención de un permiso.

Durante el mandato de William Clinton vio la luz la llamada Ley para la Solidaridad Democrática y la Libertad Cubana (marzo de 1996), más conocida como Ley Helms-Burton, dirigida a frenar la inversión extranjera e internacionalizar el bloqueo a Cuba en momentos donde la nación comenzaba a recuperarse de los años más críticos del período especial.

Esta ley codificó las disposiciones del bloqueo, limitó las prerrogativas del Presidente para suspender esta política y amplió su alcance extraterritorial, a la vez que, entre otros muchos aspectos, denegó la entrada a Estados Unidos a los directivos de empresas extranjeras (y a sus familiares) que invirtieran en propiedades "confiscadas" en la Antilla Mayor y estableció la posibilidad de presentar demandas en su contra en los tribunales de ese país.

Contra viento y bloqueo, ¡Cuba va!

Desde 1959 hasta hoy, 11 administraciones han desfilado por la Casa Blanca con un denominador común: derrotar a la Revolución Cubana. Pero al igual que en los tiempos bíblicos, David ha salido vencedor de Goliat, aunque por ello ha tenido que pagar un elevado precio en vidas humanas y materiales.  

En ese lapso, múltiples resoluciones de las Naciones Unidas condenan estos actos de flagrante agresión a los derechos humanos. Por ejemplo, la Resolución 2625, de 24 de octubre de 1970, del XXV Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, declaró la igualdad soberana a los Estados, la libre determinación de los pueblos y la obligación de todo Estado de no intervenir en los asuntos que no sean de su jurisdicción interna. Igualmente, esta Reso-lución establece que: "ningún Estado puede aplicar o fomentar el uso de medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro Estado, a fin de lograr que subordine el ejercicio de sus derechos soberanos y obtener él ventajas de cualquier otro. Todo Estado tiene el derecho inalienable de elegir su sistema político, económico, social y cultural sin injerencia en ninguna forma por parte de ningún otro Estado".

Sin embargo, ocho mandatarios yanquis han hecho oídos sordos al reclamo de la organización mundial situada al otro lado del East River, en Manhattan, casualmente en la nación menos neutral del planeta.

La extensión de las legislaciones y regulaciones antes mencionadas no dejan dudas a que ningún bloqueo (no embargo) ha sido tan abarcador y brutal contra un pueblo como el que Estados Unidos ha mantenido contra Cuba, calificado como un acto de genocidio, en virtud del inciso C del artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948, así como de acto de guerra económica, de acuerdo con lo establecido en la Declaración relativa al Derecho de la Guerra Marítima adoptada por la Conferencia Naval de Londres en 1909.

Amén de que el bloqueo contra Cuba no es una cuestión bilateral entre ambas naciones, la repetida aplicación extraterritorial de las leyes norteamericanas y la persecución contra los legítimos intereses de empresas y ciudadanos de terceros países afectan significativamente la soberanía de muchos otros Estados.

Extraterritorialidad del bloqueo

Desde los años noventas, cada nueva administración se ha encargado de recrudecer la dimensión extraterritorial del bloqueo, mediante el fortalecimiento de las sanciones y la persecución contra ciudadanos, instituciones y empresas de terceros países que establezcan o se propongan establecer relaciones económicas, comerciales, financieras o científico-técnicas con Cuba, atribuyéndose el gobierno estadounidense el derecho de decidir sobre asuntos que son atributos de la soberanía de otros Estados.

En consecuencia, el papel preponderante del gigante del norte en la economía mundial y en los procesos de alianzas estratégicas, fusiones y megafusiones de empresas internacionales, ha impactado brutalmente a la Isla y facilitado el recrudecimiento de los efectos negativos del bloqueo, al tiempo que reduce el espacio económico internacional en el que Cuba puede operar.

Precisamente con Barack Obama instalado en la oficina Oval ha proliferado la imposición de multas multimillonarias a entidades bancarias estadounidenses y extranjeras por tener operaciones con la Perla del Caribe. Este tipo de sanciones tiene un efecto disuasorio, y en el caso particular de los bancos conlleva a la ruptura de los vínculos como también a que las transacciones cubanas tengan que realizarse en condiciones precarias.

En cuanto a las multas, aún no se han apagado las críticas originadas a raíz de las multimillonarias penalidades impuestas por la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento de Estado, el 28 de junio de 2013, al banco italiano Intesa Sanpaolo S.p.A., ascendente a 2 949 millones de USD, y más reciente (julio de 2014) al BNP Paribas, primer banco francés y segundo de la zona euro, gravado con la astronómica suma de 8 834 millones de dólares por haber violado las políticas de sanciones estadounidenses contra Cuba, Irán y Sudán.

En la actualidad, los perjuicios mayores de la ya incongruente medida siguen lideradas por la prohibición de acceder al mercado de Estados Unidos, tanto para adquirir mercancías, como para comercializar nuestros productos tradi- cionales de exportación como el azúcar, el ron, el tabaco y el níquel, como también por la imposibilidad de exportar servicios, dadas las numerosas restricciones que impone el bloqueo, entre estas las referidas a los viajes de los ciudadanos estadounidenses a Cuba, las comunicaciones y la transportación aérea y marítima.

A contrapelo de que la inversión extranjera en la Isla está concebida como un complemento a los esfuerzos nacionales, y enmarcada en el principio de alta selectividad asociada a proyectos de interés nacional con un significativo impacto económico y social, el bloqueo trae aparejadas graves consecuencias, entre las que sobresalen el no acceso a tecnología de punta empleada en empresas norteamericanas y al mercado de esa nación para las exportaciones de empresas mixtas en Cuba.

Asimismo, la feroz persecución para impedir financiamientos provenientes de bancos de diferentes nacionalidades para el desarrollo de proyectos con Inversión Extranjera Directa (IED) en el país, y la aplicación de sanciones y presiones a empresas foráneas por parte del gobierno de Estados Unidos,  genera un efecto disuasivo entre los potenciales inversionistas e impide el establecimiento de negocios conjuntos en Cuba. En tal sentido los sectores más dañados por estas restricciones a la IED se focalizan en el petróleo, el turismo y la biotecnología.

Moralmente insostenible e ilegal

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es un acto ilegal y moralmente insostenible. Mas la terquedad de sus promotores, estimulada por una mafia cubano-americana cada vez más desacreditada y obsoleta, continúa lanzando zarpazos contra un país que solo aspira a vivir en paz.  Las actividades vinculadas al turismo y al resto de la vida económica y social del país (marítima, aérea y terrestre; servicios portuarios y aeroportuarios; desarrollo y mantenimiento de las vías y la red de carreteras), registraron entre 2013-2014 daños por más de 540 millones de USD.

En particular la aviación civil, principal puerta de acceso al país, enfrentó pérdidas por 275,8 millones de USD por diferentes conceptos: Cubana de Aviación debió cambiar el proveedor de servicios de pasarelas de pagos en línea, pues el banco Credit Mutuel notificó, en octubre de 2012, la imposibilidad de procesar fondos de Visa y Mastercard a la empresa. Por otra parte, cuando en julio de 2013, la compañía reabrió sus operaciones en la ruta Habana-Sao Paulo, Brasil, descubrió la imposibilidad de emplear el sistema BSP, limitándose sus ventas en la ruta señalada.

En relación con las comunicaciones, esta área ha sido objeto de todo tipo de ataques provenientes del vecino del Norte. Al daño económico causado por la política hostil, estimado muy conservadoramente en 34,2 millones de USD en los últimos 12 meses, se suman las perennes violaciones del espacio radioelectrónico, y la utilización de las nuevas tecnologías de la información para promover la desestabilización de la sociedad cubana. Etecsa,  la Empresa de Telecomu-nicaciones de Cuba S.A., denunció en abril de 2014 que hasta octubre de 2013 había recibido desde Estados Unidos, 219 operaciones de envíos masivos de spam o mensajes basura, ascendentes a 1 055 746 textos no solicitados en la red de telefonía móvil de la Isla, en abierta violación de la ley norteamericana e internacional.

Los ataques no solo provinieron de la red ZunZuneo, una operación encubierta del gobierno de Estados Unidos contra la Isla denunciada por nuestras autoridades y por numerosas instituciones internacionales, con envíos masivos de SMS hacia aquí. También protagonizan estos ataques otros medios que reciben financiamiento del gobierno yanqui para acciones ilegales, como las publicaciones digitales Cubasin-censura y Diario de Cuba.

El daño económico ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos durante más de 53 años, considerando la depreciación del USD frente al valor del oro en el mercado internacional, asciende a 1 112 534 millones de dólares a pesar de la reducción del precio del oro en comparación con el período anterior. En cuanto al análisis a precios corrientes, durante todos estos años, el bloqueo ha provocado perjuicios por más de 116 880 millones de USD.

Empero, muchos de los perjuicios provocados no pueden ni podrán ser jamás cuantificados, pues tales cifras no incluyen los daños ocasionados a objetivos económicos y sociales del país por los sabotajes y actos terroristas alentados, organizados y financiados desde EE.UU. Unidos, como tampoco es reflejo de la negativa impronta dejada en el desarrollo como resultado de la imposibilidad de acceder a nuevas tecnologías en casi todos los sectores de la economía, ni las duras y sistemáticas limitaciones que impone en las familias cubanas.

Que nadie lo dude: el bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba, continúa siendo el principal obstáculo a su desarrollo económico y social, viola el Derecho Internacional y es contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas, a más de constituir una trasgresión al derecho a la paz, el desarrollo y la seguridad de un Estado soberano y violar los derechos soberanos de muchos otros Estados por su carácter extraterritorial.