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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Envase y embalaje, asignatura pendiente de la industria cubana

En 2013 se actualizó la política para la industria cubana de envases y embalajes, a partir de un diagnóstico que identificó los principales desafíos y potencialidades en total consonancia con lo articulado en el Lineamiento 232 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución Cubana, dirigido al buen desarrollo productivo de estas instalaciones sobre la base de una concepción integral y, sobre todo, en aras de reducir importaciones.

Tomando en cuenta lo neurálgico que resulta este renglón en la economía cubana, dirigentes de los organismos involucrados, explicaron recientemente la actual capacidad productiva de envases y embalajes con que cuenta la nación, la vital importancia de incrementar la producción para asumir las actividades exportadoras y el desarrollo agroalimentario, así como la política aprobada por el Gobierno para impulsar este sector y los organismos involucrados en su implementación.

Basta la siguiente cifra para que el lector reconozca la necesidad de resolver a corto plazo esta asignatura pendiente de la industria cubana: en 2014, el país tendrá que erogar 226 millones de pesos para importar los envases y embalajes necesarios para sus  producciones, sobre todo en las referidas a las industrias biofarmacéutica y alimentaria.

¿Por qué tan elevada cantidad de divisas? En la actualidad, la industria nacional solo puede suministrar 50 % de envases y embalajes, hecho que evidencia cuánto camino queda aún por transitar.

Sin embargo, con la aplicación de algunas medidas adoptadas desde el pasado año figuran índices susceptibles de mejorar,  como por ejemplo que el consumo de productos envasados y embalados ascienda a unos 47 pesos per cápita, lo que se comportaba en el orden de los 33 pesos en 2013. Este crecimiento aún dista mucho de los índices internacionales, que hoy día lo superan en más de 700 %. Pero, sin lugar a dudas, deviene suerte de despegue de esta rama industrial.

Reciclables  y reutilizables

Aunque a simple vista parezca lo mismo, reciclar y reutilizar no son sinónimos; sin embargo, en nuestra economía y de conjunto, resulta imprescindible que desempeñen un papel aún mucho más significativo.

Desde la década de los años noventas, la acción de reciclar, o sea, convertir en materia prima los desechos de papel, cartón, plásticos, debutó como un sector estratégico en de la economía del planeta; tanto es así que en la actualidad hay más de 100 000 industrias dedicadas a reciclar  materia prima, cuyas ganancias suman 1 % y 2 % del Producto Interno Bruto (PIB) mundial. Al igual que sucede en nuestra Isla, los envases de papel y cartón son los más demandados en el orbe, seguidos por los de plástico. De ahí, pues, lo imperioso de sumar esfuerzos en este fin.

Por tanto, los productos reciclables son los que pueden llevarse a materia prima y volverlos a confeccionar, mientras que los reutilizables son aquellos que no cambian sus propiedades físicas y pueden volverse a emplear repetidamente en una misma función. De acuerdo con los expertos, los envases cumplen funciones físicas y de comunicación; en la primera sobresalen la dosificación y la protección, mientras que en la de comunicación priman los colores, diseños y demás elementos que atraigan al consumidor.

En relación con los envases reutilizables, un ejemplo clásico es la fábrica de bebidas Havana Club. Cada año la emblemática firma invierte millones de pesos en divisas para adquirir los envases de las diferentes marcas de rones que le han conquistado un prestigioso sitial en el mundo. Hoy esta industria no tiene en sus líneas tecnológicas la posibilidad de garantizar la inocuidad del producto con envases reutilizados.

Sobre el particular se conoce que actualmente se desarrollan a toda celeridad los estudios de factibilidad para crear un centro que le devuelva esas posibilidades de inocuidad, así como también proyectos para la fabricación de envases de menor escala y que tengan como principio su reutilización. Este es otro de los compromisos que la industria de envases y embalajes cubana debe asumir, pues el ahorro por tal concepto se traducirá en millonarias cifras.

El consumidor  en primer plano 

Hoy día hay numerosos productos que le llegan al consumidor cubano a granel y hay otros que aunque son envasados se venden en formatos de mayor gramaje, por lo que tienen alto precio y disminuye con ello su compra. Un ejemplo clásico son las latas de dulces y de varios tipos de salsa de tomate que se venden en moneda nacional.

En relación con ello, los directivos de los ministerios involucrados admiten que ha habido una integración mucho más efectiva después de que se comenzara a implementar en 2013 lo articulado en el Lineamiento 232, materializado en algunas inversiones y en el fortalecimiento del programa de reciclaje. Lo anterior conduce a un mayor acceso a fuentes nacionales de envases de plástico y de vidrio, pero todavía es menester importar volúmenes importantes de envases flexibles, empleados en el yogur, el café, las latas de aluminio para la cerveza,  jugos, compotas y otros.

Al respecto se realiza un trabajo conjunto para modernizar las líneas para alimentos, sobre todo en las máquinas tapadoras de las conservas, haciendo énfasis en el diagnóstico del envasado aséptico, por lo cual se han hecho inversiones con el propósito de forjar las preformas de los pomos para agua y refresco, para elevar su producción. De igual modo la industria se dirige a aumentar las correspondientes bolsas de polietileno, tendente a duplicarse con respecto a las fabricadas en 2013.

Uno de los aspectos en que se trabaja hoy, a tenor con el Lineamiento 232, es la elaboración de la base normativa legal sobre el empleo de los envases, pues por ejemplo, en el sector de los alimentos, cada día tal y como debe suceder, los clientes son más exigentes con el perfil de los productos. De igual modo los diseñadores están conscientes de que la etiqueta de los productos tiene gran importancia porque cada día por ejemplo deben ofrecer a sus consumidores la mayor confianza, y en Cuba hay capacidad profesional para satisfacer esas exigencias.

En Biocubafarma, por ejemplo  60 % de los envases y embalajes  son importados; al efecto se ha creado un protocolo capaz de garantizar la gestión de calidad, la evaluación de ofertas y el análisis del comportamiento de las entregas en relación con los  envases y embalajes importados pues por ahora el país no tiene capacidad o posibilidad de producir.

Por otro lado, una nueva ventaja se abre en los envases de tipo flexible, obtenidos del plástico, pues en la recién inaugurada Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) se creará una industria con este objetivo, y en estos momentos están en proceso de definición los formatos de líneas de envasado.

Finalmente, hay dos aspectos que los funcionarios implicados en esta asignatura pendiente de la industria cubana no deben perder de vista: la necesidad de revertir, más temprano que tarde con la aplicación de la política trazada para el despegue coherente de este sector, la actual insatisfacción de la demanda de envases y embalajes existente en el país. Y por otro lado, estar conscientes de que lo que se haga en estos renglones nunca será suficiente si no está acompañado de la recuperación de las líneas de conservación de la industria alimentaria, la mayor demandante en Cuba.