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Ellas conversan con los delfines

Cristina y Shony recibieron con agrado la visita de la prensa, hasta posaron para las fotografías, en gesto de beneplácito, como si supieran que iban a recorrer el mundo por la vía de la comunicación

Ellas son las delfines hembras que cautivan a los más de 300 visitantes diarios que acuden al Delfinario de Varadero, a unos 130 kilómetros al este de La Habana, y muestran habilidades, gracias al paciente trabajo de sus entrenadoras.

María Isabel Moredo, Yohana Cruz y Maribel Suárez resultan de las pocas mujeres que se dedican a esa profesión, poco común en Cuba, pues de los más de 11 millones de habitantes que constituye la población de la Isla, apenas 40 personas la practican y no todas son féminas.

María Isabel lleva más de 11 años en esa atrayente instalación turística, donde viven 13 delfines, entre los que sobresalen, además Lily, Sindy, Junior y Máximo, el más veterano de la prole.

Este es un proceso arduo, requiere de entrega y paciencia sin límites, porque el animal exhibe una personalidad específica. Cuando son capturados en el mar, el entrenamiento es más largo, porque hay que comenzar por adaptarlos al medio en que vivirán en el futuro, dice Moredo.

"Son -confiesa- laboriosos, inteligentes, una se acostumbra y los asume como propios. Durante el entrenamiento se logra una especie de complicidad. Yo converso con ellos y me entienden, los quiero mucho y retribuyen ese cariño.

"En una oportunidad a Cristina se le trabó su bebé recién nacida en el mangle de la laguna y ella nos llevó al lugar para que la ayudáramos, fue difícil pero logramos salvarla. ¡Había que ver cuánta alegría mostraba! Es algo que no podré olvidar fácilmente", refiere emocionada María Isabel.

AMISTADES PREDILECTAS

Yohana, deportista, licenciada en Cultura Física y otrora recordista nacional en la especialidad de clavados, hizo su tesis de grado sobre terapia con delfines aplicada a niños con síndrome de Down y tanto le atrajeron los cetáceos que después de retirarse de las piscinas resolvió dedicarse a ellos.

Ahora, esperando un bebé, tiene limitados algunos ejercicios, pero no abandona a su tropa. Yohana prefiere a Shony, por sus cualidades, inteligencia; se aprehenden de tal manera que la incorporó hace tiempo en la lista de sus amistades predilectas.

Tal labor, reconoce, es apasionante y creativa, ya yo llevo dos años con ellos y me parece que la realizo desde siempre. Es un trabajo donde ves el resultado palpable, puedes lograr lo que te propongas.

"Cuando los delfines nacen en cautiverio, pueden llegar a vivir hasta 60 años, y su entrenamiento se hace más cómodo, pues asimilan por imitación. Por ejemplo aquí tenemos dos jovencitas que no alcanzan aún los dos años y ya realizan algunos ejercicios porque ven a sus madres, juegan y aprenden", relata.

Agrega que tienen la cualidad de influir sobre la endorfina* del ser humano y ello funciona como una terapia. "En ocasiones cuando estoy muy ‘cargada’ y el estrés hace de las suyas, me tiro un rato a nadar con ellos y salgo como nueva".

Según Yohana, las capacidades terapéuticas de los delfines están probadas, y aún se desconocen muchas de las cosas que son capaces de hacer. "Para mí este es un ambiente muy feliz, descubro cada vez sus posibilidades, se me presentan semejantes y diferentes, definitivamente los amo..."

A Maribel la descubrimos saltando por el aire, impulsada por la fuerza de Máximo. Lo premió con un gran pescado y, como por encanto, la montó en su lomo, se zambulló y la lanzó, colándola por un aro, cual si fuera una pelota.

"Llevo entre estos animalitos más de ocho años, nos conocemos bien y hacemos buenas migas. A los delfines los adiestramos para interactuar.

"Los niños disfrutan del espectáculo y eso me hace sentir útil, veo sonreír a los más pequeños y siento que los delfines también sonríen".

Actividad tan sui géneris la realizan en la nación caribeña entrenadores en Ciudad de La Habana, Cienfuegos, Holguín y Santiago de Cuba, sitios donde hay delfinarios similares al de Varadero, en el cual trabajan tres mujeres y cinco hombres.

Si en algún momento usted transita por el kilómetro 11 y medio de la carretera de Las Morlas, en el principal balneario cubano de sol y playa, podrá comprobar con sus propios ojos la faena humana, paciente, consagrada y poco común de estas tres mujeres. (AIN)

(*) La endofina es una sustancia química que produce la glándula pituitaria, localizada en la base del cerebro, ayuda a calmar el dolor y produce cierta sensación de placer.