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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Desafío económico en la aldea global

Más de 1 400 delegados de 50 países participaron en el VI Encuentro Internacional sobre Globalización y problemas del Desarrollo, efectuado en La Habana

Los más optimistas entre los asistentes al VI Encuentro sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, que concluyó el viernes último en La Habana, se resistieron a admitir que la economía mundial continúe precipitándose sin remedio, porque persisten en creer que el todopoderoso libre mercado no puede ser quien dicte las pautas al desarrollo.

Las políticas económicas neoliberales, prevalecientes en los últimos 20-25 años, han tenido nefastas consecuencias para regiones enteras del planeta, como Latinoamérica, y solo han demostrado que la solución a los males sociales que aquejan a los países en desarrollo pasa por hacer estallar ese modelo, el neoliberal, y por la instauración de una nueva arquitectura financiera mundial que subvierta también organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, hasta hoy fieles instrumentos del poder imperial global.

Frente a la globalización con ese carácter, piensan muchos, sí es posible hacer algo. No hay por qué someterse y esperar hasta ver si un día la suerte les sonríe a los millones de desposeídos del orbe.

Según datos ofrecidos por la CEPAL en el Encuentro, el crecimiento económico de América Latina resultó lento e inestable y a los ritmos de los últimos 40 años la región demorará medio siglo en duplicar el Producto Interno Bruto por habitante. Ni siquiera naciones como México y Argentina, de economías más aventajadas en otras épocas, escapan al estancamiento y al retroceso.

No es muy difícil concluir por lo tanto, a 60 años de Bretton Woods, que los propósitos que dieron origen a las instituciones allí constituidas fueron alevosamente traicionados al ponerse estas en función del predominio del capital transnacional, exigiéndoles por un lado a las naciones empobrecidas más neoliberalismo como único camino hacia el desarrollo, y por otro respaldando las acciones proteccionistas de los países industrializados.

En los hechos, más que oportunidades son amenazas lo que ofrece la globalización neoliberal a los países “emergentes”, aunque el Premio Nobel de Economía Daniel Mc Fadden se esforzara en su conferencia magistral ante el plenario en demostrar las posibilidades de las naciones subdesarrolladas para prevenir y enfrentar los riesgos de ese fenómeno, sin dejar de abrir sus mercados ni cumplir al pie de la letra las exigencias del capital.

Estados Unidos, adalid del neoliberalismo, en lugar de dar el ejemplo aplicándoselo a sí mismo actúa de forma contraria al subsidiar sus productos agropecuarios o cerrar sus mercados a la movilidad laboral del Sur, en tanto países como Brasil, forzados a aplicarlo, enfrentan la desvalorización de su fuerza laboral y llegan a niveles crónicos de pobreza, al aceptar las reformas de mercado determinadas por el FMI y el Banco Mundial.

Esas reformas han determinado en los países subdesarrollados políticas fiscales restrictivas, reducciones de la inversión, sobreexplotación de la fuerza laboral y exportaciones cada vez con menos valor.

Como afirmara el profesor argentino Julio Gambina, en el caso de su país, que fue un modelo de esas concepciones, hoy se habla de más del 50 % de la población por debajo de la línea de pobreza y de más de 16 % de desempleo, que llegaría al 30 % sumándole el subempleo.

Desde el Sur, la perspectiva es que las instituciones financieras mundiales tienen que ser desmanteladas por la agresiva imposición que ejercen sobre los países subdesarrollados. Una urgencia que sumó voces como la del especialista cubano Carlos Pérez Soto, director de Estudios Económicos del Banco Central, quien denunció la postura del FMI en todos estos años como instrumento central para imponer el actual orden económico internacional.

Esa reforma, sin embargo, no podrá ser efectiva si no forma parte de una estrategia integral que transforme la estructura de la globalización neoliberal. Las instituciones de Bretton Woods deben transformarse sobre la base de la subordinación del enfoque económico que hoy antepone la funcionalidad del mercado y la creación de riquezas y de capital, al desarrollo cabal del ser humano.

Las desastrosas consecuencias que tendría para las naciones latinoamericanas y del Caribe la implementación del engendro imperial conocido como ALCA -más de la misma receta- se intuyen al conocer que es este el instrumento más cercano a Estados Unidos para desregular las políticas económicas nacionales y regular a los pueblos.

Inevitablemente se reconoce, incluso por parte de ejecutivos de organismos regionales como la CEPAL, que el comportamiento económico de América Latina en los últimos años ha tenido que soportar la sacudida de crisis producidas fuera de ella, sin poderse recomponer después.

Se admite, además, que la crisis de la deuda en los años 80 del siglo anterior fue un remezón fuerte, que las reformas aplicadas en los 90 no llevaron a un crecimiento económico como se esperaba y que la globalización ha abierto oportunidades, pero más aún ha impuesto retos y riesgos como las propias crisis.

Para algunos, se avizora una crisis financiera global mucho más dramática por su alcance que las ocurridas en el sudeste asiático, México, Brasil y Argentina durante los últimos años del pasado siglo. Unos aconsejan perfeccionar el manejo de riesgos, otros la coordinación de las políticas cambiarias para enfrentar los ataques especulativos y otros más abogan por la supervisión de los flujos financieros internacionales.

Hacen falta acciones concertadas para que las naciones en desarrollo puedan manejar su futuro sin tener que contar con las más industrializadas. En ese sentido en el foro de economistas de La Habana se denunció la supremacía del capital financiero en detrimento del capital industrial y productivo, y se acusó de criminales a los organismos financieros internacionales por el delito de generar el caos, extender la pobreza y concentrar las riquezas en manos del capital oligárquico y hegemónico.

Los graves problemas de un mundo desajustado y en crisis pasan por la gran componenda del ALCA, que pretende hacer desaparecer en este hemisferio las economías, las naciones y las identidades para atarlas al designio imperial, basándose en las nada halagüeñas experiencias de diez años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Es válido hacerse eco entonces de lo que se repitió muchas veces en el plenario del Encuentro: “A 60 años de Bretton Woods, millones de seres humanos, naciones enteras, pagan con su inanición las apuestas del gran casino, y la deuda externa de los del Sur es una bomba de tiempo incontrolable.

“Nunca antes el mundo ha sido tan asimétrico. Cada día los escasos y notorios poderosos tienen más y más... y los olvidados, la gran mayoría anónima que mueve el mundo, ven recortarse cada vez más el frugal mendrugo. La pobreza, la insalubridad e ignorancia, el desempleo y la marginalidad, crecen a ritmo pasmoso”.

MIRANDO Al NORTE: ECONOMIA EN ELECCIONES

Que en Estados Unidos existe una economía para las elecciones es evidente cuando al presidente George W. Bush se le complica el debate del Presupuesto Federal para el 2005 y tiene que enfrentarse, en medio de la campaña, a duras críticas de los demócratas que se encargarán de recordarle que no es cierto que la economía esté en franca recuperación, ni que las guerras marchan bien o que el elevado gasto militar para librar la “lucha antiterrorista” ha vuelto más segura a la nación.

Las debilidades económicas de la actual administración de ese país incluyen la pérdida de entre dos y tres millones de puestos de trabajo, la reducción de los impuestos a los más ricos, así como la apertura de un gran hueco en las finanzas federales, con un déficit abismal en el presupuesto; un compromiso militar con perspectivas muy inciertas, desvanecimiento de la confiabilidad financiera por los escándalos de fraudes corporativos y acentuada debilidad del dólar.

Por eso en el Encuentro fueron calificadas de estratagema electorera las recientes declaraciones de Bush, quien aseguró que la prosperidad de su país está al doblar de la esquina porque existen grandes posibilidades de recuperación para su economía.

El secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), el argentino Atilio Borón, manifestó que a pesar de que en las últimas décadas Estados Unidos ha tenido un crecimiento económico superior, en términos globales, al de sus socios europeos y Japón, hay serias sombras en cuanto a las fuentes de ese desempeño o a la calidad social de ese modelo de crecimiento.

Presentado como glamoroso incluso por las recomendadas recetas del Consenso de Washington, el modelo norteamericano se jactaba de los grandes avances de la productividad mientras las cifras macroeconómicas, en términos del individuo, situaba al país más poderoso de la Tierra en una mediocre ubicación en el Indice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas.