Hoy se cotiza en el mercado internacional a precios que fluctúan entre los 950 y 1 000 dólares la tonelada, mientras que producirlo en Cuba resulta en extremo económico. De ahí la viabilidad de su fomento, tanto más cuando la semilla certificada para sembrarla cuesta 1 500 dólares.
En el orden monetario como en el que brinda en aras de nuestra soberanía alimentaria, su necesaria proliferación forma parte de un programa destinado a diversificar la dieta del cubano, pues contiene altos valores proteicos y de vitaminas. Sostienen los expertos que posee un elevado poder nutritivo debido a su aporte calórico y en calcio, además de incluir grasa, hierro y vitaminas del complejo B.
Asimismo, está considerado como de alto valor biológico, porque disminuye los índices de colesterol y los triglicéridos, y previene los divertículos y otras enfermedades por su estimable contenido de fibra dietética.
EL DESPEGUE
Durante el congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), celebrado en la capital cubana en mayo último, delegados de Las Tunas, Sancti Spíritus, Guantánamo, Ciego de Ávila, Holguín, La Habana y Pinar del Río dieron a conocer que están desarrollando la siembra de este grano.
En tal dirección sobresale la provincia tunera, que en la actualidad impulsa un programa encaminado a plantar unas 2 000 hectáreas de la gramínea, como parte del esfuerzo del país por elevar la producción de alimentos y sustituir importaciones.
Para que se tenga una idea del auge desplegado allí, en especial en el municipio Jesús Menéndez, el más oriental de ese territorio, hasta el momento hay sembradas 576 hectáreas, que deben aportar no menos de 740 toneladas; al precio promedio vigente en el mercado de granos representa un ahorro de 700 000 dólares, sin obviar los gastos de transportación y los recargos con que el bloqueo estadounidense contra la Isla grava a numerosas importaciones.
Hace aproximadamente una década floreció en este municipio cultivo, impulsado por agricultores como Reynold Fernández, Gildardo Zaldívar y Alexander González, pertenecientes a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Oscar Lucero, quienes aún se mantienen en el empeño y devienen máximos exponentes gracias a la obtención de rendimientos superiores a una tonelada por hectárea.
Hasta la fecha, unas 30 organizaciones productivas de la región están vinculadas al programa, que también incluye a los norteños municipios de Puerto Padre y Manatí, y que cuenta con el apoyo financiero y agrotecnológico de Turquía, nación con una larga tradición en su siembra y cosecha. “Los terrenos donde se desarrolla el proyecto fueron seleccionados en cada uno de los municipios y ahora se trabaja en el análisis del plan individual con cada productor de las distintas entidades agrícolas”, informó el ingeniero Omar Pérez, subdelegado de Cultivos Varios en el territorio.
“Los próximos meses -aclaró-, el peso fundamental de este recaerá en campesinos agrupados en 55 CCS y nueve Cooperativas de Producción Agropecuaria, aunque también se incluyen Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y granjas estatales”.
Reynold y Alexander manifestaron que entre los trabajadores de las granjas Adolfo Villamar, Noel Turruelles, Paco Cabrera y otras áreas estatales, ha cobrado fuerza la decisión de echar adelante la producción.
De acuerdo con Reynold, “esta cosecha ha traído, incluso, el empleo de curiosas máquinas, rediseñadas por el ingenio popular a partir de equipos procedentes del antiguo campo socialista, que ahora usamos para separar la funda del arbusto, retirar el grano y hasta envasarlo mediante un proceso igualmente válido para otros productos como frijol, maíz, soya y arroz”, argumenta.
Estos cuidados hacia el garbanzo no son casuales ni mucho menos aventurados. Los habitantes de la zona saben que cultivarlo y atenderlo con esmero desde el principio aporta dividendos al final. “En Arroyón, por aquí cerca -refiere Gildardo-, lo demostraba desde hace más de medio siglo Ángel Pardo, quien después de cada cosecha, solía conservar en botellas la semilla que plantaría a finales del año.”
Usufructuarios de reciente incorporación a la producción de alimentos han probado suerte en sus parcelas, ociosas hasta hace un tiempo y donde ya brotan los garbanzos, como es el caso de Salvador Vega.
SANCTI SPÍRITUS NO ESTÁ A LA ZAGA
En la actualidad, los anapistas del municipio de Taguasco son los mayores productores de garbanzo en la provincia de Sancti Spíritus. El territorio destina unas 200 hectáreas al cultivo, sobre todo en zonas donde escasean las fuentes de abasto de agua y los sistemas de riego. Con la semilla obtenida en la actual cosecha se pretende plantar más de 500 hectáreas en noviembre y diciembre.
Según relata Isbelki Pérez, quien por segundo año consecutivo acomete la cosecha del grano junto con su madre, Francisca González, “en esta ocasión espero obtener más de una tonelada por hectárea sembrada”.
Cerca de su propiedad florecen plantaciones similares, como la de Hipólito Pérez, a punto de iniciar la colecta, mientras que Delvis Rodríguez ya entregó sus primeras producciones a la Empresa de Acopio. Ambos coinciden en que “el garbanzo es un cultivo noble, que demanda pocos esfuerzos y recursos.
“Su principal ventaja es que require poca humedad”, afirman, pero advierten: “Si lo riegas un par de veces, por ejemplo, lo agradece, pero si no tienes agua también obtienes resultados. Además, el gasto en productos fitosanitarios es mínimo”. No obstante, quienes tradicionalmente lo han cultivado aconsejan que si se prepara bien el suelo y se dispone de buena simiente, los rendimientos están asegurados.
“Les estamos brindando asesoramiento en relación con las atenciones agrotécnicas que exige el garbanzo y los recursos indispensables para el cultivo”, dice Amaury Castillo, subdirector de la Empresa de Acopio y Beneficio de Tabaco de Taguasco, organización estatal que brinda servicios y capacitación a los campesinos y cooperativistas de ese municipio.
GARBANZOS DONDE APENAS LLUEVE
Macambo, perteneciente al municipio guantanamero de San Antonio del Sur, es un sitio ignorado por la lluvia, al buen decir de sus pobladores. Empero, la recogida de decenas de quintales de garbanzo confirma la posibilidad de extender tal cultivo a otras regiones con predominio de clima seco y aridez de los suelos.
La experiencia desbroza nuevos horizontes para el rescate de esa variedad de frijol, tradicionalmente cosechada en Valle de Caujerí, cuyos campos son más beneficiados por las precipitaciones, en contraste con los del denominado semidesierto cubano, donde apenas caen unos 400 milímetros de lluvia al año.
“Una parte de los 106 quintales del grano obtenidos por los trabajadores del huerto de la agricultura urbana en Macambo, se destinaron para su comercialización en puntos de la ciudad de Guantánamo, como el Mercado Agropecuario Estatal climatizado”, reveló el ingeniero Elías Sánchez Matos, delegado de la Agricultura en el sureño territorio.
Sánchez agregó que alrededor de 40 % del grano recolectado permitirá asegurar el banco de semillas imprescindibles para extender la experiencia hacia una franja de más de 100 kilómetros que limita con Playa Berraco, en la vecina provincia de Santiago de Cuba.
Como puede apreciarse, este grano asimila las condiciones del clima cubano, es más resistente a enfermedades y plagas que otros tipos de gramíneas, y le perjudica la humedad en exceso, por lo cual que se desarrolla mejor en etapas de sequía. Hagamos realidad, pues, el regreso a la mesa criolla del siempre bien ponderado garbanzo.








