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23 de Febrero  2026 

El águila contra el oso y el dragón

Los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping, firmaron un megaconvenio para el suministro de gas ruso al gigante asiático, además de otros importantes acuerdos con perspectivas geopolíticas


Jueves 29 de Mayo de 2014 | 12:00:00 AM 

Autor

Hedelberto López Blanch

La estrategia estadounidense y de la Unión Europea  (UE) de debilitar económica y políticamente a la Federación Rusa, mediante  un golpe de Estado en Ucrania y la imposición de sanciones a Moscú, ha causado el efecto contrario: el fortalecimiento de las relaciones ruso-chinas.

Un megaconvenio para el suministro de gas ruso al gigante asiático, además de otros importantes acuerdos con perspectivas geopolíticas, firmaron  los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping durante la reciente visita que realizó el primero a Beijing.

La empresa estatal Gazprom  suministrará a la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), 38 000 millones de metros cúbicos anuales de gas con un valor de 400 000 millones de dólares, por un período de 30 años y entrará en vigor en 2018.

Beijing también participará en la exploración en Rusia de una amplia zona de yacimientos gasíferos a lo largo de la frontera entre ambas naciones, lo cual predice el incremento futuro de los acuerdos signados.

Los convenios con el gigante asiático  le han permitido al gobierno de Putin diversificar sus exportaciones energéticas, que representan 50 % de sus ingresos y le abrió las puertas no solo hacia esa nación, también al Lejano Oriente, incluyendo a Japón y Corea.

Los beneficios para Beijing también son notables, pues se satisfacen las crecientes necesidades para su constante desarrollo (se estima que pronto será la primera potencia económica mundial en cuanto a Producto Interno Bruto) y le posibilitan sustituir por energía más limpia la que produce actualmente con carbón, contaminante del medio ambiente.

Gazprom se responsabilizará con el desarrollo de los campos de extracción del gas, las plantas de procesamiento y los gasoductos en territorio ruso, mientras CNPC se hará cargo del tendido del gasoducto en China y la construcción de instalaciones para su almacenamiento. El convenio tiene gran trascendencia estratégica porque ambas naciones reducen la dependencia de Occidente.

El gas se distribuirá principalmente en el noreste chino, las áreas metropolitanas de Beijing y Tianjin (ciudad portuaria al este de la capital) y la región del delta del Yangzé.

En el sector energético, desde 2011 se comenzó a operar un oleoducto de casi 1 000 kilómetros de longitud que transporta 15 000 toneladas de petróleo al año desde el lejano oriente ruso hacia China, y si se suman las cantidades de crudo enviadas por barco, la cifra casi se triplica. 

Ahora los que están en una encrucijada son varios países de la Unión Europea, los cuales compran a Moscú  30 % del gas que consumen y lo reciben a través de los gasoductos vía Ucrania.

El presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, ha pedido a Rusia que mantenga  ese  suministro mientras estén en curso las negociaciones entre las tres partes sobre la seguridad de la distribución y tránsito de carburante. El día  14 último Putin envió una misiva a varios estados de la Unión, en el cual advertía sobre el riesgo de que Kiev deje de recibir esos suministros si no paga antes su deuda con Gazprom.

El intercambio comercial ruso-chino, ascendente a 90 000 millones de dólares en 2013, crecerá en 2015 a 100 000 millones y para 2020 a 200 000 millones de dólares.

En los últimos tiempos, Moscú y Beijing han ampliado la colaboración en sectores claves como las finanzas, alta tecnología, aviación y aeronáutica, entre otros.

Asimismo, Putin y Jinping rubricaron un memorando para la construcción, antes de 2016, del primer puente ferroviario desde China hasta Rusia (atravesará el río Amur) y que acortará en 700 kilómetros el recorrido de los trenes de carga entre los dos países.

Antes de los acuerdos signados, la nación asiática se había convertido en la cuarta mayor fuente de inversión extranjera directa en Rusia,  la cual aumenta cada día con el uso de las monedas locales.

En ese sentido, el dólar estadounidense recibe golpes en diferentes direcciones que a la larga lo debilitan como principal moneda de reserva e intercambio internacional. Ya los miembros del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) realizan numerosas transacciones sin la utilización del billete verde.

Durante la visita de Putin a Beijing, el Banco de China -entre  los cuatro mayores de esa nación, con un capital de 1 900 millones de dólares y que opera en 27 países- y el VTB, segundo grupo bancario más grande de Rusia, presente en 20 países y con unos  253 300 millones de dólares, firmaron un contrato que incluye efectuar los pagos mutuos en sus divisas nacionales.

El convenio interbancario establece la cooperación en el sector de inversiones, la esfera crediticia y las operaciones en los mercados de capital. El documento firmado estipula incrementar las inversiones mutuas, sobre todo en las infraestructuras de transporte, la exploración de recursos naturales y la construcción de viviendas de clase económica.

Sin dudas,  la política llevada a cabo por Washington, no solo en Ucrania, para tratar de limitar por el oeste el espacio político y económico de Rusia, y de intentar contener por el este a China (con acuerdos alcanzados con varios países asiáticos) ha impulsado la relación Moscú-Beijing.

Este eje surgido entre los llamados oso ruso y dragón chino debido a la agresividad del águila estadounidense, está cambiando  la estructura de las relaciones internacionales.

En esta oportunidad a Washington le sirve bien el viejo adagio que señala: Fue por lana y salió trasquilado.

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