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Bitcoin: entre detractores y defensores

Mt.Gox, en su momento la plataforma online de intercambio de la mayor bolsa de moneda virtual, dejó a infinidad de clientes preguntándose a dónde fue a parar su dinero


Lunes 03 de Marzo de 2014 | 01:00:00 AM 

Autor

Luis Ubeda

La abrupta desaparición en la Red de redes de Mt.Gox en medio de sospechas de insolvencia como resultado del robo de los bitcoins mantenidos por la compañía en “cold storage” (congelados, en depósito), dio pie a que los CEOs de Blockchain.info, Bitstamp, Coinbase, BTCChina, Kraken y Circle declararan: “Esta trágica violación de la confianza de los usuarios de Mt.Gox corresponde a las aborrecibles acciones de esta compañía, y en absoluto refleja el valor y la fortaleza de Bitcoin y la industria de la moneda digital”.

Desde un tiempo antes los arriba mencionados operadores criticaban a Mt.Gox, que llegó a realizar 80% de todas las transacciones de esta moneda virtual, por la acusada pérdida de confianza de su clientela, y aseguraban trabajar por que las operaciones con Bitcoin fuesen seguras y transparentes. De acuerdo con estos sitios, al producirse el colapso, Mt.Gox apenas realizaba 20% de las transacciones totales con la moneda virtual. 

Y sobrevino la debacle, luego de que Mt.Gox, hasta entonces la mayor bolsa de moneda virtual del planeta, suspendiera los reembolsos de forma indefinida. Luego de rumores e informaciones cruzadas, el 15 de febrero la empresa colgó en su Web el siguiente texto: “Se ha tomado la decisión de cerrar todas las transacciones de forma indefinida para proteger la Web y a nuestros usuarios. Seguiremos supervisando de cerca la situación y actuaremos en consecuencia.”

Vayamos a los hechos: desde el pasado 7 de febrero la operadora había detenido la extracción de dinero, justificando la medida al “identificar una vulnerabilidad que permitía retirar varias veces el mismo Bitcoin”. Según sus directivos, alrededor de 750.000 bitcoins, equivalentes a unos 120 millones de euros, se esfumaron por tal motivo, achacándolo a “robos que durante varios años habían pasado inadvertidos”.   

Sin embargo, una vez destapada la olla, todo apunta a que la compañía trató de ocultar el robo por un valor similar a cientos de millones de bitcoins. Naturalmente, a diferencia de los clientes de los servicios financieros tradicionales, los usuarios de Bitcoin no cuentan con ningún tipo de respaldo por parte de los reguladores, como de inmediato se apresuraron en recordar las autoridades de Estados Unidos.

Al esfumarse de la Red de redes, el Bitcoin cotizaba en MtGox a 96 euros, cuando en el resto de las plataformas estaba por encima de los 300 euros, e incluso algunos meses atrás había superado los 870 euros. Aunque sin confirmar, pues hasta el momento no se han producido declaraciones ni acusaciones oficiales o penales, algunos afirman que la entidad presentaba deudas por 126 millones de euros y unos activos de 23,8 millones, y que al colapsar, congregaba a medio millón de usuarios y más de un millón de cuentas.

Bitcoin o no bitcoin, esa es la cuestión

Quienes en 1989 tildaron de “lunático” al inglés Timothy John Berners-Lee, hoy deben estar más que arrepentidos de tamaña pifia. El genial progenitor de la World Wide Web se propuso algo que en el siglo pasado solo había logrado estamparse como “un antes y un después”: las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Entonces, a partir del ya histórico 1989, el nombre de Tim Berners-Lee también quedaría gravado en el siglo XX como “antes de la Internet y después de la Internet”.

Pero quienes confiaron en él y apostaron a que la Red de redes cambiaría todo y a todos, han visto cumplidos con creces sus vaticinios. Hoy desde los más sofisticados programas digitales hasta la más sencilla PC para infantes, por citar solo dos ejemplos extremos, tienen un mismo “ADN” que les permite “navegar” ininterrumpidamente: TB-L. Y a partir de 2009, la Internet también hizo su debut para cuestionar la hasta entonces primacía del papel moneda: el Bitcoin.

Creado en el citado año por un presunto Satoshi Nakamoto, del que no se sabe si encarna a una persona o grupo y, por cierto, de quien o quienes no queda el menor rastro, el Bitcoin es un sistema monetario descentralizado, anónimo y seguro, independiente de Gobiernos y bancos; en fin, una moneda cifrada y con sistema de circulación P2P, entre iguales. La persona que los adquiere en Internet consigue una clave alfanumérica -letras y números- de entre 27 y 34 caracteres que le permite hacer pagos a otras personas que dispongan de una cartera electrónica.

Su autor diseñó hasta el último trazo el novedoso sistema monetario: creación periódica de moneda hasta los 21 millones de bitcoins en el año 2040 (actualmente hay 11 millones), con recompensas a los informáticos que validen las transacciones con complicadísimas operaciones matemáticas en miles de ordenadores y que impidan que un mismo Bitcoin se emplee en más de una operación.

La moneda es un código criptográfico intercambiable como pago. Cada propietario posee uno o varios monederos electrónicos, con una clave pública para recibir pagos y una clave privada para efectuarlos, lo cual impide que ni siquiera el hipotético Nakamoto pueda adueñarse de la moneda y manipular su valor.

La accidentada singladura del Bitcoin promueve a diario debates sobre su solidez y futuro. Sus defensores consideran que revolucionará el comercio electrónico y el sistema económico establecido. Entre estos figura la firma de capital de riesgo Adreessen Horowitz, que ha invertido 50 millones de dólares en empresas relacionadas con Bitcoin. Por el contrario, sus detractores estiman que se trata de una “fiebre que está creando una gigantesca burbuja”, como la califica el prestigioso economista y profesor Xavier Sala-i-Martín, de la neoyorquina Universidad de Columbia.

En la acera opuesta Pedro Durá, profesor de Economía Monetaria y Financiera de la Universidad Complutense de Madrid, considera normales las fluctuaciones que experimenta hoy la criptomoneda.

Durá recuerda que por el momento son pocos los poseedores de bitcoins y escasas las operaciones que realizan. “Es un mercado poco líquido”, explica, “una operación de algún poseedor de un gran volumen de bitcoins hace que su cotización suba o baje mucho”. Argumenta que con el Bitcoin sucede algo similar a otros muchos activos que el mercado desconoce: la cotización fluctúa (como ocurre con las nuevas acciones que irrumpen en Bolsa) hasta que los operadores las van conociendo. “Tampoco extraña que algunos Gobiernos, si lo ven como una amenaza a su monopolio, lo limiten”, y concluye: “Pero no hay que tenerle miedo”.

Casualmente BTC China, la mayor plataforma mundial de intercambio de Bitcoin, había anunciado a finales de año que no admitiría nuevos depósitos en yuanes, lo que provocó un descenso desde los 900 euros hasta los 300. La medida, adoptada incluso mes y medio antes del affaire Mt.Gox, obedece al anuncio de que los sistemas chinos de pago electrónico por Internet deberán dejar de dar servicio a este sector.

Asimismo, dos semanas antes de los dispuesto por BTC China, las autoridades del gigante asiático habían prohibido a las instituciones financieras el comercio en Bitcoin debido a los riesgos que implicaba. El banco central chino ordenó a una decena de plataformas de sistemas de pago electrónico, incluida Alipay, que dejaran de dar servicio a los mercados chinos de Bitcoin, Litecoin y otras monedas virtuales basadas en sistemas informáticos criptográficos. 

Vale concluir, entonces, con una apuesta muy original pactada entre dos gurú de las finanzas. Me refiero a Ben Horowitz, archiconocido inversor de plataformas tales como Facebook y Twitter cuando aún daban pataditas en el “cerebro” de sus creadores, y de Felix Salmon, afamado bloguero financiero de la agencia Reuters,

Horowitz y Salmon se jugaron un par de calcetines de alpaca en torno al futuro de esta moneda cifrada y no regulada que se genera en Internet y que permite realizar pagos instantáneos en cualquier parte del mundo. Si para el año 2017 el 10% de los norteamericanos ha comprado algo con bitcoins, Horowitz se calza las medias. De lo contrario, irán a parar a los pies de Felix Salmon.

Y usted se preguntará: ¿Por qué apostarse unos simples y baratos calcetines de alpaca? Muy sencillo: Una compañía estadounidense de calcetines fue la primera en aceptar la criptomoneda como medio de pago en su Web.

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