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17 de Junio  2026 

Producción de alimentos puede cubrir necesidad actual

A pesar de su carácter complejo y multidimensional, la crisis alimentaria presenta causas, tendencias y rasgos definidos. Se precisan cambios en el modelo productivo


Jueves 16 de Mayo de 2013 | 12:00:00 AM 

Autor

Eileen Sosin Martínez

El encarecimiento de los alimentos a nivel mundial resulta un fenómeno que ya se extiende por años, y amenaza directamente la calidad de vida e incluso la supervivencia de grandes grupos humanos.

Durante la XII Conferencia Internacional sobre Ciencia y Tecnología de los Alimentos CICTA-12, Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), ofreció una panorámica de la actual crisis alimentaria.

Se trata de una situación multicausal, cuyos orígenes se ubican tanto del lado de la demanda como de la oferta. Esta última se ve afectada por la erosión de los suelos, el agotamiento de los recursos acuíferos y otros fenómenos climáticos.

Mientras, el consumo está directamente relacionado con el crecimiento demográfico, el aumento de la riqueza en determinados países, así como la utilización de granos para producir biocombustibles.

De acuerdo con Rodríguez  Morales, también influye en gran medida la acción de los especuladores, quienes acaparan enormes cantidades de alimentos para provocar una escasez ficticia, y luego obtener ganancias mediante el alza forzada de los precios.

Según datos ofrecidos por el profesor, entre enero de 2007 y agosto de 2008, cuando emergía la crisis económica mundial, el valor de los fertilizantes se disparó por encima de 650 %. A ello se suman los elevados costos del petróleo.

Contrario a lo que pudiera pensarse, la producción global de alimentos es capaz de satisfacer las necesidades actuales, solo que la distribución se concentra en los países industrializados. Sus habitantes destinan entre 10 % y 20 % de su salario a comprar comida, mientras la población de los países subdesarrollados debe erogar para ello entre 80 % y  85 % de sus ingresos.

En tanto economías emergentes, como el grupo BRICS (Brasil, India, Rusia, China y Sudáfrica) también tributan a la carestía de la alimentación, pues su crecimiento genera mayor demanda.

Tal como explicó Rodríguez Morales, las estadísticas indican que el desarrollo de los países trae consigo un aumento en el consumo de carne, lo cual lleva a considerar la nutrición animal como otro factor de peso en este contexto. Así lo confirman las elevadas cotizaciones de la soja y el maíz, ingredientes básicos del pienso destinado a aves de corral y cerdos.

"Pudiéramos decir que hoy la producción de alimentos transita por una crisis de dimensiones múltiples", afirmó el investigador. Aquí se ubica el aspecto ecológico, en el cual  además de fenómenos meteorológicos extremos (huracanes, sismos), influyen sobre procesos causados por el cambio climático, como aumento de las temperaturas, sequía, desertificación, penetraciones del mar y cambios en el régimen de lluvia.

Esto se vincula con los factores económicos, pues, como consecuencia de los problemas ambientales, las inversiones en la agricultura resultan muy riesgosas; mientras otros sectores emergentes como el turismo atraen más capital, pues se invierte con mayor seguridad.

Por otra parte, existe una dimensión social, dada por el despoblamiento de las zonas rurales, producto de grandes migraciones hacia las ciudades. A esto se añade que no todas las personas que viven en el campo realizan labores agrícolas. De tal manera, el reto se plantea por sí mismo. "Cada día hay que aplicar más tecnología, más ciencia y técnica, para que los pocos hombres que estén en la agricultura tengan mayor respuesta productiva".

De acuerdo con Rodríguez Morales, hay una tendencia global a la autosuficiencia alimentaria, en detrimento de las exportaciones. Un ejemplo claro resulta el hecho de que Asia produce 90 % del arroz del planeta, pero solo exporta 10 % de esa cantidad.

Otros factores de riesgo radican en la concentración en pocas compañías de la fabricación de insumos agrícolas y los organismos genéticamente modificados. El director del INIVIT destacó que en los años sesenta casi todas las semillas estaban en manos de agricultores o instituciones públicas; mientras que hoy 82 % de ese mercado se encuentra bajo propiedad intelectual, y 10 empresas controlan 67 % del sector.

Asimismo, hay grandes extensiones de propiedad rural, en detrimento de los pequeños campesinos. Por si fuera poco, las naciones del tercer mundo continúan importando tecnologías ambiental y económicamente insostenibles, y países que tradicionalmente fueron exportadores ahora aumentan sus importaciones. No obstante, según el crecimiento poblacional, para los próximos 45 años habrá que incrementar en 70 % la producción de alimentos.

El investigador señaló cómo las plantaciones autóctonas han sido desplazadas por aquellas más comerciales, como los cereales. Existen 3 000 especies de vegetales comestibles, y de ellas solo 120 se cultivan en la actualidad.

A juicio de Rodríguez Morales, la verdadera seguridad alimentaria radica en la diversificación de estas especies, donde los cultivos tradicionales juegan un papel importante, pues garantizan el abastecimiento familiar y pueden desarrollarse en pequeñas parcelas y con pocos insumos.

La Isla en contexto

Cuba no está exenta de la delicada situación internacional. Los suelos del país presentan 14,9 % afectado por salinidad o sodicidad, 31 % tiene bajo contenido de materia orgánica.

Como tendencia es apreciable una menor fertilización y el aumento de las temperaturas, con gran cercanía entre los valores nocturnos y diurnos. Las consecuencias del cambio climático y la crisis económica también se hacen sentir aquí, junto a la aparición de plagas y enfermedades.

No obstante, según planteó Rodríguez Morales, la producción de alimentos en la Isla cuenta con determinadas fortalezas: existe voluntad política, conocimientos técnicos y gran potencial científico.

A su juicio, los mayores rendimientos no radican tanto en el uso de más insumos, sino en la propia semilla. "Hoy tenemos en el INIVIT bancos de germoplasma con clones de boniato, malanga, plátano, diferentes variedades para explotar esta idea".

El empleo de la biotecnología debe armonizar con métodos tradicionales, evitando tendencias  hacia el polo orgánico o hacia la parte química. "En la agricultura vale todo, solo hay que saberlo emplear. Es preciso generar tecnologías para obtener alimentos en correspondencia con el escenario productivo".

En tal sentido, el potencial de las biofábricas distribuidas por casi todo el país, con capacidad para obtener millones de vitroplantas, y de este modo multiplicar aceleradamente variedades y semillas. 

El profesor aboga por un tránsito desde formas de hacer que consumen grandes recursos, a otras que prioricen la sostenibilidad. "No se trata de más materia orgánica, más medios biológicos, sino de un cambio en el modelo productivo, hacia una agricultura más sustentable y armónica con el medioambiente".

Se refirió asimismo a la necesidad de fortalecer la agroindustria, de manera que durante las épocas de rendimiento óptimo pueda almacenarse alimento para períodos de escasez.

Otros desafíos del campo cubano son las limitaciones de agua, la humanización del trabajo agrícola, el diagnóstico temprano para evitar transmitir enfermedades, y la búsqueda intencionada de alternativas. Respecto a esto último, constituye un buen ejemplo el secado de yuca para sustituir el maíz en la alimentación de cerdos.

Resulta fundamental que los productores aporten sus conocimientos y experiencias, y se integren en la adopción de decisiones. "No podemos pensar que vamos a resolver el problema desde los centros de investigación", concluyó el experto.

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