La Fábrica Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Manzanillo, se integrará de lleno a los programas de la Alianza Bolibariana para los Pueblos de América (ALBA). Aplican nuevas estrategias para aprovechar mejor el potencial creador de la entidad Autor: Luis Carlos Palacios Publicado: 21/06/2021 | 09:20 pm
La fábrica Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Manzanillo, en la provincia de Granma, mantiene su liderazgo en la fundición y maquinado de vitales piezas y equipos para centrales azucareros del oriente cubano, a la vez que contribuye, mediante la ingeniosidad y capacidad creadora de los trabajadores, a la sustitución de importaciones de varios accesorios.
Entre sus producciones primordiales destacan mazas para molinos, copling, raspadoras, bombas centrífugas, y también la reparación de bombas de vacío. Fabrica, además, piezas, entre estas parrillas, barras para calderas, bujes, tarugos, sinfines, bancazos de bombas y elementos de acero como guijos y ejes.
Miguel Figueredo Labrada, jefe técnico productivo de esta unidad de la Empresa Nacional de Servicios Técnicos Industriales (ZETI), del Grupo Empresarial AZCUBA, explicó que abastecen principalmente a ingenios de las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín, Las Tunas y Camagüey.
Precisó que en el caso de las centrífugas, se ofrecen servicios a pedido de centrales de casi todo el país, incluso de fábricas de otros sectores como lácteos, conservas y plantas de la Industria Alimentaria, "donde nuestras bombas tienen buena aceptación, lo que amplía el mercado en ese rubro", aseguró el directivo.
La empresa cuenta con 282 trabajadores (entre ellos más de medio centenar de técnicos de nivel superior y medio), agrupados en tres líneas fundamentales: fabricación y reparación de bombas, maquinado pesado, y fundición pesada, además de un centro de pailería que produce de equipos tecnológicos, aunque en menor envergadura, pero vitales para centrales como el Arquímedes Colina, de Bayamo; Enidio Díaz, de Campechuela; y Roberto Ramírez, de Niquero.
Asegurar el relevo
Figueredo Labrada ponderó la calificación de la fuerza laboral de su centro, "con muchos años de experiencia, afirmó, lo cual respalda nuestra producción, a la que, en la medida de las posibilidades, vamos incorporando gente joven, sobre todo, en la parte de la maquinaria donde hay muchos trabajadores de edad avanzada, quienes trasmiten a los recién llegados la maestría de un oficio que demanda además gran consagración y disciplina laboral".
El 20 de noviembre último cumplieron el programa anual de producción de piezas y equipos a producir por un monto de 3 600 000 pesos, que incluyó la entrega de 83 mazas para molinos, aunque al momento de la visita de este reportero trabajaban en la terminación de otras siete mazas que se proponían concluir al cierre de diciembre último.
Tales cifras, según Figueredo Labrada, están lejos de los récord de esta industria, que en la década de los años 80 del pasado siglo fundía y maquinaba hasta 400 mazas, anualmente. Hoy, sus producciones se limitan a los pedidos de los 22 ingenios que hacen zafra en el oriente cubano.
Se han puesto en práctica nuevas estrategias de trabajo para aprovechar mejor el potencial creador de la entidad. Al respecto, el especialista destacó que mientras los centrales realizan su zafra, aquí se fabricarán las mazas para la próxima etapa. Se rescata así una tradición que favorece el cumplimiento de los programas del año.
Con antelación, se acopia toda la información sobre las necesidades potenciales de las fábricas azucareras de las provincias orientales. Conocer de antemano cuántas mazas, centrífugas y otros medios tecnológicos pedirán resulta imprescindible para crearlas con tiempo suficiente y, a la vez, propiciar que estos talleres trabajen todo el año al nivel óptimo de su capacidad.
Calidad y eficacia
Aunque disponen de una tecnología que cuenta con más de 70 años de explotación, esto más que una limitante significa, sobre todo, mucha experiencia atesorada en el diseño, fundición y maquinado de grandes y complejos medios.
Figueredo Labrada significó que este añejo equipamiento "lo vamos recuperando en la medida de nuestras posibilidades; se han modernizado los perforadores; también se mejoran los tornos para que alcancen mayor eficiencia.
El directivo reconoció que enfrentan problemas con la calidad de las producciones. "En los últimos tiempos, dijo, no tenemos un laboratorio con los equipos adecuados para medir los parámetros de calidad que se requieren. Para solucionar esa situación se ha decidido un proceso de inversiones hasta el 2015, que permitirá adquirir los medios para examinar y mejorar la calidad de todo lo que hacemos".
Los mayores problemas se acentúan en el área de fundido, "donde además no siempre, argumentó, contamos con la materia prima idónea. Ahí, prevalece el empeño del hombre en función de tratar de que las cosas salgan bien y con eso, naturalmente, no basta".
Ingenio creador
Los trabajadores de esta fábrica se distinguen por su ingenio creador. Figueredo Labrada señaló que "aquí hay hombres que aportan mucho y contribuyen a dar soluciones diarias ante cualquier rotura de una máquina u otros imprevistos técnicos.
"Los anima, agregó, un gran sentido de pertenencia por esta fábrica a la cual la mayoría llegaron muy jóvenes. Se han trasmitido conocimientos y experiencias de padre a hijos, de una a otra generación, y sobre todo, su abnegación y laboriosidad por cumplir y contribuir al avance económico de esta empresa, de Manzanillo y del país".
"Es verdad que a veces los recursos principales no llegan en tiempo, eso origina atrasos y no pocas veces el incumplimiento de los planes, pero nuestro colectivo se distingue por asumir cada o reto sea necesario y salir siempre adelante", puntualizó.
Actualmente el salario medio de los trabajadores está en alrededor de 450 pesos mensuales. Según el directivo esa cifra es muy baja de acuerdo con los niveles productivos actuales, por lo que para el próximo año se programa la aplicación de un nuevo sistema de pago a partir de los resultados productivos.
Puso como ejemplo el salto fabril en noviembre último, cuando se hicieron cinco fundiciones, entre estas una de 16 tambores, cifra que no se alcanzaba desde hacía muchos años por dificultades con el soporte técnico y el mal estado del techo del taller, cuya reparación se materializó con el apoyo de los trabajadores del área. Para el año 2012 se prevé continuar el reordenamiento de la fuerza laboral para enfrentar con más eficacia planes productivos por un monto superior a los 4 200 000 pesos. El directivo expresó su confianza en que podrán cumplir los nuevos compromisos, entre estos la fabricación de 83 mazas para ingenios del oriente del país y otras 32 que exportarán a centrales azucareros y alcoholeros venezolanos.
"Este último compromiso, afirmó Figueredo Labrada, integra los programas de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Ello permite una mayor garantía de trabajo aquí durante todo el año, muy beneficioso tanto para el colectivo laboral como para el desarrollo económico del taller y del país".
En años anteriores han vendido parte de sus producciones, fundamentalmente mazas a México, Venezuela, Guyana, Jamaica, República Dominicana, Nicaragua y otras naciones del Caribe.
En el caso de las bombas centrífugas pueden comercializar en el mercado cubano todas las que sean capaces de entregar, aunque de inicio se han propuesto 270, cifra que constituirá un nuevo récord productivo para esta entidad, por lo que ya laboran por asegurar, con tiempo suficiente, las materias primas necesarias.
Rica experiencia
Veteranos trabajadores como David Nelson González Viltres, tornero B, quien laboró en este centro durante 46 años, han vuelto a sus talleres no solo para contribuir a la materialización de los nuevos desafíos productivos de la entidad, sino además para trasmitir conocimientos y experiencia a los más jóvenes, entre los que se encuentran sus hijos.
Este tornero explicó que su labor consiste en perforar las mazas, "una tarea que exige gran exactitud, medida y dedicación constante sobre la máquina. Todo cuanto se lo aprendí aquí, porque esta industria ha sido mi mejor escuela. Veo que aún podemos hacer mucho para ayudar al avance de la economía cubana, eso me hace feliz y me anima a pesar de mis 76 años de edad".
Isidro Calvente Pérez, otro experimentado trabajador, refirió detalles sobre el área de fundición, donde comienza el difícil proceso productivo tras elaborarse las mezclas y los moldes. Allí se derrite el hierro en los dos hornos, a temperaturas que superan los 1 500 grados.
La fundición se realiza cada siete días, porque en los intervalos se requiere reparar los hornos para asegurar su vitalidad y seguridad, pero al final se ve el resultado, al obtener las piezas, que en bruto pueden alcanzar hasta 15 toneladas de peso. Estos componentes rústicos deben pulirse luego cual si fueran verdaderas joyas, para que puedan usarse en las fábricas de azúcar.
Por eso, una vez fundidos, deben pasar al área de maquinado, a donde llegan sobre medida para someterse al desbaste, ranuración y perforación, de acuerdo con las medidas solicitadas por los clientes.
A pesar decir que el caso de las mazas, la terminación de una sola puede demorar hasta cinco días de trabajo continuo, con un riguroso control de la calidad, cuya exactitud está favorecida por la maestría que alcanzan los hombres y el mejoramiento del equipamiento tecnológico.
No obstante, a pesar de las adversas condiciones laborales, dadas por el alto grado de contaminación por gases, polvo y calor, los trabajadores de los talleres Comandante Manuel Fajardo tienen como mayor motivación cumplir los compromisos que asumió su fábrica para asegurar la actual zafra azucarera en el oriente cubano.








