A principios del siglo XXI Cuba aparece como el país de América Latina con más desarrollo biotecnológico, y en ese relevante papel fue vital la creación de los conocidos Polos Científicos Productivos.
Los polos nacieron como consecuencia necesaria e inevitable de la aplicación de la filosofía de desarrollar los proyectos científicos y de innovación tecnológica, siempre con una vocación social.
La esencia de su labor está marcada favorablemente por la coordinación y la integración y, aunque sus inicios se vinculan con una solución coyuntural ante la inminencia del período especial en el primer lustro de los años 90 del siglo anterior, hoy es un principio distintivo de las ciencias cubanas.
Los polos científicos-productivos constituyen una forma de organización para vincular la ciencia y la producción de bienes y servicios. Están integrados -territorialmente o por temáticas- por un grupo de entidades e instituciones que unen su capacidad profesional, financiera y de infraestructura. Significa, en síntesis, integrar la comunidad científica al sistema empresarial y productivo.
Hoy el país cuenta con quince polos científicos: tres temáticos -del Oeste, Industrial y de Humanidades- y doce territoriales. El propio presidente cubano Fidel Castro, los definió como una de las formas de establecer una cooperación estrecha entre todos los centros de investigaciones en cada lugar y es considerable su aporte en la solución de los problemas socioeconómicos.
Estos integran funcionalmente a universidades, instituciones de investigación, empresas y fábricas, en torno a la materialización de los resultados científicos.
Es también una realidad la expansión del Polo del Oeste de La Habana, un germen de esa forma de integración de trabajo creado en 1992 con el propósito de integrar los resultados científicos desde la investigación hasta su comercialización y constituido principalmente por especialidades de la biotecnología de uso en la salud, la rama médico farmacéutica y la agroindustria en general.
Para conocer detalles de su historia, evolución y logros, Opciones entrevistó a su coordinador, Doctor Julián Alvarez Blanco, también director del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN).
-El Polo Científico es un eslabón más en el desarrollo de la ciencia y del capital humano potenciados por la Revolución. Esta larga y exitosa cadena comenzó con el gran esfuerzo para el avance de la educación y la salud desde el mismo año del triunfo de la Revolución en 1959; sin embargo y cuando para muchos parecía algo remoto, una especie de sueño, Fidel pensó también en las ciencias como pilar del progreso económico y social de nuestro país.
“La limitante fundamental en aquel momento estaba dada por la extraordinaria escasez de profesionales y sobre todo de hombres de pensamiento científico, algo que nunca habían estimulado las administraciones de la neocolonia impuesta por los EE. UU. a Cuba hasta esa fecha. Solo un pensamiento sin ataduras ni esquemas academicistas como el de Fidel, pudo desarrollar la idea de crear un gran Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC) y dotarlo de hombres formados a partir de profesionales que acudieron al llamado de la Revolución.
“Mediante una intensa preparación, llevada a cabo en diversos países europeos y participando activamente en la solución de nuestros problemas, especialmente aquellos ocasionados por la guerra biológica desarrollada por EE.UU. contra Cuba (recordar la fiebre porcina africana, las enfermedades aviares o las agresiones a la caña de azúcar o al tabaco), se crearon grupos de científicos con objetivos muy concretos, que resonaron en el campo internacional.
“La política científica de la revolución fue, primero, la de estimular la creación y desarrollo de las instituciones, y luego, seguir y apoyar a los colectivos con resultados, especialmente a aquellos con aportes originales destinados a dar solución a problemas específicos de nuestra salud pública o de la agricultura.
“De esa manera se creó el sistema de Inmunoensayo y la capacidad de nuestro país de detectar masivamente, entre todas las mujeres gestantes malformaciones fetales en etapas tempranas del embarazo; se produjo por primera vez en América el interferón leucocitario que contribuyó decisivamente en la prevención de muerte en los niños afectados por el dengue, enfermedad introducida en Cuba por agentes del imperio, en el año 1981; la vacuna contra la meningoencefalitis antimeningococo tipo B, hasta el momento única en el mundo y que posibilitó controlar una epidemia en nuestro territorio y posteriormente en Brasil.
“Las personalidades que surgieron tempranamente como expresión de colectivos exitosos fueron: Rosa Elena Simeón, Lidia Tablada, José Luis Fernández Yero, Luis Herrera, Concepción Campa, entre otros. Cada resultado sobresaliente dio lugar a un nuevo centro de investigaciones, los que fueron formando la base de lo que, en el año 1981, se constituyó como el Frente Biológico. Su objetivo era el de establecer una relación constante entre estos colectivos, destinada a evaluar el estado de las ciencias en este aspecto, especialmente en lo referido a las perspectivas estratégicas, las tecnologías más modernas y las posibilidades nacionales de desarrollo.
“Ese esfuerzo tuvo excelentes resultados y funcionó así por varios años. Ya a principios de la década de 1990 Fidel considera que debe haber una mayor interacción entre ellos, no solo para el análisis y la colaboración, sino que debe pasarse a una etapa superior que es la integración, es decir, coordinar funcionalmente proyectos de investigación, laboratorios, ensayos y producciones.
“De esa forma se crea el Polo Científico del Oeste de la Capital. Poco a poco se fueron añadiendo otros centros, hasta alcanzar los 37 que se reúnen sistemáticamente cada mes para examinar los múltiples aspectos de la vida científica, su actualización y posibilidades de integración con objetivos concretos.
“Entre estas instituciones las hay dedicadas a la investigación biotecnológica pura, de la rama médica, agrícola e instituciones hospitalarias.
“La primera reunión del Polo Científico se realizó el 11 de febrero del año 1991. A partir de ese momento comenzó a gestarse una organización muy original conformada por instituciones que pertenecían administrativamente a diferentes organismos de la Administración Central del Estado y que sin embargo, por orientación de Fidel, buscaban formas de integración enfocando objetivos muy claros y concretos encaminados a beneficiar al país o a la Humanidad en el campo de la biología utilizando los más avanzados métodos científicos del momento.
“No había una dirección administrativa única, pero sí se inició un proceso de integración entre instituciones y se elaboraron proyectos de investigación que partían de objetivos muy específicos y de los protocolos correspondientes con asignación de recursos financieros y económicos para lograr esos objetivos.
“Pero este proceso no termina en la integración económica, sino que también continúa en la integración en los laboratorios. En ocasiones, científicos de un centro tenían que laborar en recintos de los otros que contaban con los medios y recursos disponibles.
“Y después estaba la integración en la producción, pues hay instalaciones que tienen capacidades que no las poseen otros centros. Todo eso se concretó mediante el Polo Científico, un resultado extraordinario que es muy difícil de realizar en otro país que no tenga un sistema socialista como el nuestro, porque en Cuba no predomina la competencia o el lucro como motores del pensamiento o del trabajo humanos sino la cooperación y la integración de los factores para lograr objetivos altruistas.
-¿ Cuándo y cómo se integran la producción y la labor científica en un todo único?
-También por orientación de Fidel se logró completar el ciclo constituido por los pasos siguientes: investigación, desarrollo, producción y comercialización. Hasta ese momento la práctica nacional en la investigación científica seguía los pasos tradicionales de esta esfera, es llegar a resultados, publicar y con ello, muchas veces daban por concluida su responsabilidad.
“Los centros científicos desarrollados por la Revolución asumieron la nueva misión de incorporar sus resultados directamente a la sociedad. La creación del Polo Científico magnificó esta concepción y creó las bases organizativas para llevarla al éxito.
“De esa manera, en nuestros centros de investigación, obtener una sustancia biológicamente activa, molecularmente descrita y tecnológicamente producida, es solo el primer paso de una larga y compleja secuencia que obliga a su ulterior desarrollo, con el fin de producir cantidades suficientes como para realizar las disímiles pruebas relativas a su eficacia, toxicidad, tolerancia y estabilidad.
“Posteriormente sería necesario desarrollar las tecnologías para estudiar la efectividad de las mismas en las patologías correspondientes y más tarde diseñar los métodos más eficientes para la producción a gran escala, los distintos envases para los diferentes modos de administración a los pacientes, y por último y de no menos importancia científica, elaborar las mejores formas de distribuir en el país y llegar competitivamente los mercados internacionales.
“Eso hace que en cada institución, en cada grupo de trabajo, desde que se proyecta una investigación se piense en el ciclo completo. A nadie en el Polo Científico se le ocurre hacer una investigación por hacerla, solo para publicar o para obtener un mejor currículum. Esa labor en los centros del Polo está destinada a cumplir con una función social, aportar soluciones a nuestros problemas de salud o agrícolas, y convertirse en una fuerza económica para Cuba.
“Estos conceptos incentivaron mucho la integración. La obtención de una sustancia activa puede ser alcanzada en un laboratorio, su desarrollo realizarse en otro centro y la producción en la fábrica de otra institución, nadie pierde el reconocimiento a su aporte, sea científico o tecnológico, todos los que participan se satisfacen y son reconocidos por el esfuerzo y el resultado de su labor.
“Ya dentro del período especial, y no obstante las extraordinarias limitaciones económico financieras de esta crítica etapa se hicieron inversiones muy serias para construir las fábricas de medicamentos en forma terminada: tabletas, cápsulas, aerosoles, ámpulas.
“Esa inversión fue amortizada totalmente en el mismo período especial. Por solo sitar un ejemplo la vacuna contra la meningitis antimeningocócica de tipo B se vendió en grandes cantidades a Brasil que padecía un grave brote, al igual que el sufrido por nosotros con anterioridad.
CULTURA DE CALIDAD EN LAS CIENCIAS
-El otro gran reto que inició la biotecnología cubana y dentro de ella el Polo Científico, fue el desarrollar una cultura de la calidad.
“Cuando enfrentamos la necesidad de colocar nuestros productos en el mercado internacional, comenzamos a confrontar la compleja legislación que los estados han ido creando para evitar que las empresas farmacéuticas dañen a los pacientes de sus respectivos países en la búsqueda, sin límites éticos, de mayores beneficios económicos.
“Ello determinó la necesidad de profundizar en los conceptos más generales sobre la calidad, sobre la gestión necesaria para hacer que nuestros productos cumplieran normas internacionales y para que el proceso de control beneficiara también a los indicadores de eficiencia.
“La certificación de los proveedores que nos suministran las materias primas; las normas de procedimiento para el almacenaje y transportación de la materia prima producida, la certificación de locales y del equipamiento de la producción de las materias primas o de los productos terminados, fueron el resultado del esfuerzo colectivo, de un, a veces ingrato, trabajo de creación de minuciosos manuales de procedimientos a aplicar.
“Pero, en esta materia de la calidad, no basta hacer las cosas muy bien, es necesario demostrarlo sometiendo a todo el sistema a rigurosas inspecciones nacionales e internacionales que verifiquen detalladamente todos los pasos que conlleva la producción farmacéutica.
“Fue necesario además crear y fortalecer las estructuras nacionales para el registro y autorización de los fármacos de consumo nacional incluyendo, desde luego, a los de producción nacional; también se dedicó un especial esfuerzo y los recursos financieros y organizativos necesarios para constituir la infraestructura científico-tecnológica que garantizara, con el mayor rigor, la comprobación de la inocuidad y efectividad de los medicamentos cubanos; ello hizo posible la creación de laboratorios de farmacología, de toxicología y una extensa red de servicios médicos en las instituciones de salud para realizar los diversos tipos de ensayos clínicos, así como el centro especializado para su seguimiento, dirección y control.
- ¿Cómo se materializó el esfuerzo en la rama de equipos médicos y tecnológicos para la salud ?
-En esa esfera fue necesario realizar similar esfuerzo organizativo y de infraestructura.
“Hoy podemos decir que no solo contamos con poderosos centros de la biotecnología humana y agropecuaria y otros dedicados al desarrollo de equipamientos tecnológicos para la salud y otros menesteres, sino que también disponemos de un contingente humano integrado por más de 15 000 personas que comparten el amor la investigación, el desarrollo, la producción y los servicios de comercialización, poseedores de la tecnología y de la cultura necesaria para lograr productos competitivos internacionalmente.








