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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Favorece Basal fundamentos de la sostenibilidad alimentaria local

Presentan en La Habana resultados de la aplicación de novedosas herramientas (Weap y Bioma) para la adaptación al cambio climático en el sector agropecuario cubano

El proyecto Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local (Basal) recién celebró cinco años de ardua gestión, resultado del esfuerzo de técnicos, obreros, investigadores y especialistas del país en estrecha colaboración con el Joint Research Center (JRC) de la Comisión Europea.

Se trata de promover la aplicación de la innovación en la ciencia y la técnica en los campos cubanos, a partir de las buenas prácticas de productores y otros actores clave, con la consolidación del intercambio de información y conocimientos, metodologías, herramientas e instrucciones útiles para determinar qué hacer y cómo actuar ante los retos que imponen hoy las transformaciones del clima a escala global y local.   

Según precisó el doctor Juan Mario Martínez, director de Basal, este programa procura reducir las vulnerabilidades en la actividad agropecuaria expuesta directamente a las manifestaciones actuales y previstas de la variabilidad y el cambio climático. 

Las principales incidencias responden al azote de sequías -cada vez más frecuentes e intensas- y la ocurrencia de fuertes lluvias, subida del nivel del mar, penetraciones costeras, el aumento de la temperatura mínima del aire (propicia la aparición de plagas y enfermedades), entre otros impactos.

En un taller recién efectuado en el Hotel Comodoro en La Habana confluyeron representantes de los gobiernos y productores de los municipios involucrados en ese plan, protagonistas de esta experiencia, junto a expertos, funcionarios y directivos de los ministerios de la Agricultura (Minag), el de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y varias instituciones científicas del país.

También destacó en el foro la presencia de Maurits van den Berg, especialista del JRC, quien disertó sobre los principales elementos de la implementación del programa, el cual ha permitido la asimilación y ejecución en Cuba de dos herramientas que apoyarán la toma de decisiones para enfrentar el cambio climático y sus impactos en el sector agropecuario.

Los dos esquemas basados en la modelación, permiten, por ejemplo en el caso de Weap (Water Evaluation and Planning) la gestión del agua considerando escenarios climáticos y variables agropecuarias; en tanto Bioma (Biophysical Models Applications) es una plataforma  para la evaluación de los impactos de los diferentes contextos del clima en los rendimientos agrícolas. 

Para ilustrar mejor, el modelo Weap se aplicó en el municipio de Los Palacios, en la occidental provincia de Pinar del Río, con gran influencia en la producción de arroz  a nivel nacional y donde existen tres cuencas hidrológicas superficiales: Los Palacios, San Diego y Bacunagua.

Entre los beneficios del sistema exaltados por quienes están a pie de surco cada día, se precisa que este permite estimar la demanda de agua de los usuarios de la localidad por tipo de cultivo y el suministro entregado, con lo que se puede elaborar el balance del líquido por cada productor y para toda la cuenca.

Además, posibilita proyectar las probables reglas de operación de los embalses para anticiparse a situaciones de estrés hídrico y decidir con mayor precisión el aplazamiento del inicio de la siembra de un cultivo a la espera de una situación más favorable en la disponibilidad del vital líquido.

Se señala que en el caso de Bioma facilita evaluar para diferentes regiones del territorio nacional y disímiles escenarios climáticos, el comportamiento futuro de los rendimientos agrícolas, la duración de las fases de diversas plantaciones y las múltiples opciones para el manejo agrícola en cuanto a fechas óptimas y gestión del agua, entre otras acciones. Hoy se cuenta ya con resultados en el arroz, el sorgo, el maíz y se incorporan los pastos.

Ambas metodologías  ofrecen resultados relevantes para integrar la adaptación a los espacios climáticos proyectados en el diseño de planes y el trazado de políticas de desarrollo agropecuario a mediano y largo plazos, lo cual implica un grupo de medidas para contrarrestar tales efectos y enfrentar fenómenos como la sequía y la erosión de los suelos en áreas dedicadas a cultivos varios, la producción de leche y el arroz.

La iniciativa incluye el uso de semillas certificadas de calidad, sistemas eficientes de riego y siembra de especies resistentes a las altas temperaturas.

Su introducción está relacionada con los estudios de agua, suelo, energía y disponibilidad de alimento animal, realizados en fincas, cooperativas y unidades empresariales de base vinculadas al proyecto en varias localidades del archipiélago cubano.

Actualmente Basal se ejecuta en ocho municipios de cinco provincias en la Mayor de las Antillas. Son estos Los Palacios, Pinar del Río, Güira de Melena, Artemisa, Perico, Yaguajay, Jimaguayú y Camagüey, aunque se prevé que su alcance abarque otras 25 localidades donde se compartirán e intercambiarán conocimientos, metodologías, herramientas y lecciones extensibles para afrontar los desafíos del clima.

 Más de 60 instituciones de la agricultura, la ciencia y el medio ambiente intervienen en su ejecución, que comprende, además, la capacitación de productores y directivos, el empleo de buenas prácticas agrícolas, y la modelación de los efectos del calentamiento global en el rendimiento de los cultivos seleccionados. 

Durante el encuentro, todos los asistentes coincidieron en la relevancia de ambas herramientas por su contribución a los esfuerzos de la nación antillana para el enfrentamiento, adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático, cuya prioridad está muy bien plasmada en el Plan de Estado conocido como Tarea Vida, que ya se evalúa e implementa a todos los niveles y sectores en el país.

Basal es reconocido como un proyecto  que contribuye al avance socioeconómico y ambiental de Cuba, al preconizar la adaptación al cambio climático en la rama agropecuaria a escala local y nacional. Es liderado por la Agencia de Medio Ambiente (AMA), del Citma, mediante el Instituto de Geografía Tropical y acompañada por el Minag.

En su ejecución, a cargo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) participan el Joint Research Center de la Unión Europea, de la cual recibe respaldo financiero junto a la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude).