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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Crecen, pero no basta

Cuba desarrolla diferentes programas dirigidos a incrementar la producción de frutas

Silvestres o cultivadas, las frutas cautivan el olfato y el paladar, no importa la latitud. Se acude a ellas en todo momento, en desayunos, meriendas y como postres. Por aportar pocas calorías y un alto porcentaje de agua (entre 80 % y 95 % de su peso fresco), se acude a estas también en temporada de dietas o mucho calor, porque contribuyen a la hidratación del cuerpo.

Ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes, algunas son fuentes de ácidos grasos esenciales y energía. Para una alimentación balanceada, los especialistas en nutrición recomiendan el consumo de cuatro piezas de fruta en niños y dos piezas en el adulto al día. Aunque estos valores pueden obtenerse a partir de suplementos nutricionales, nada mejor que una fruta sana y madura para darle al organismo las sustancias que necesita.

Ante tanta evidencia de bondades y ventajas, Cuba desarrolla diferentes programas dirigidos a incrementar la producción de estos alimentos, aspiración que encuentra como mayor dificultad la disponibilidad de recursos financieros para acelerar las diferentes líneas estratégicas de crecimiento.

Cítricos en tres y dos

De acuerdo con Emilio Farrés  Armenteros, jefe de la división de frutales del Grupo Empresarial Agrícola  (GEA), el pasado año  la actividad del cítrico en el país alcanzó 80 859 toneladas de las 80 502 previstas, con un crecimiento de 13 862 toneladas en las empresas del GEA.  "Estas  producciones están destinadas, en primer lugar,  a la industria procesadora de jugos -concentrados y simples-, al turismo, y, en menor medida, al consumo fresco de la población,  así como un volumen poco significativo a la exportación".

El total no se acerca ni remotamente a los buenos tiempos de los cítricos, cuando unas 100 000 hectáreas producían cerca de un millón de toneladas, volumen suficiente entonces para que toronjas, naranjas, mandarinas y limones llegaran a las tarimas.

Varios factores influyeron en la caída en picada: desde las dificultades económicas de los 90 del pasado siglo, cuando se perdió parte del mercado, hasta el Dragón amarillo, una enfermedad muy grave que sorprendió a casi toda la citricultura de América Latina y en el caso cubano, condujo -prácticamente- a la casi total eliminación de las áreas de esos cultivos.

"Existe un programa de recuperación de la actividad citrícola, que incluye la erradicación de áreas afectadas por plagas, una tecnología de mayor densidad de plantas, atención intensiva a las plantaciones y  sistemas de riego, reposición de campos completos por bajo rendimiento", explicó.

Sin embargo, la velocidad del programa iniciado en 2013 y previsto hasta 2020 depende del financiamiento. "Renovar el cítrico requiere una inversión muy grande, hasta ahora se han revitalizado unas 5 000 a 6 000 hectáreas en todo el país. Quisiéramos sembrar cada año unas 10 000 pero anualmente solo se alcanzan unas 1 000 hectáreas. Hace falta un monto de inversión considerable y esa es la limitación fundamental para seguir el programa, y las empresas lo están haciendo con el propio capital disponible", indicó.

"La mayor parte del cítrico en Cuba va para la producción industrial con destino a la exportación. Esa es  la base de sustentar el desarrollo del programa citrícola. Necesitamos capital interno o externo, sino no lo lograremos al ritmo deseado, por tal motivo, estos cultivos están incluidos en la cartera de negocios para la inversión extranjera", apuntó. 

Cada hectárea de cítricos, aseveró, demanda unos 5 000 dólares para la compra de sistemas de riego, posturas protegidas para evitar plagas y enfermedades, entre otras acciones, todas costosas.

A juicio del especialista, el país no necesita llegar a las más de 100 000 hectáreas de otrora, pero “sí unas 20 000 bien hechas, con elevados rendimientos, apostando a la eficiencia de las nuevas áreas.  Sembrar con mayor eficiencia para obtener resultados superiores y las plantaciones que tenemos hoy son mejores a las que teníamos antes", sintetizó.

El plan de cítricos de 2016 en las empresas que integran el GEA, indica  Farrés  Armenteros,  es algo más de 90 000 toneladas.

Desde el surco

En la Cooperativa de Créditos y Servicios Antero Regalado, de la occidental provincia de Artemisa, el agricultor Orestes Iglesias dedica 27 hectáreas  a la producción de frutales. Son nuevos en estos campos y en apenas año y medio han logrado sembrar 2 000 plantas de  mamey injertadas, 12 000 de guayaba, 4 000 de limón  y 15 000 de frutabomba, además de cultivos varios como granos y café. "Plantar frutas es rentable, solo hacen falta precios estables que le den seguridad al productor, quien  tiene que invertir al inicio de la siembra", explicó.

El concepto de finca integral de frutales -implementado con el fin de impulsar estos cultivos-,  es bienvenido. "Con esta modalidad logramos producir cultivos de ciclo largo como mamey y limón, a la par de otros que producen más rápido, como la  frutabomba y la guayaba, que pueden intercalarse con otros como frijoles para ir obteniendo ingresos", destacó.

La introducción -o mejor, el rescate-, de estos principios que destierran el monocultivo, forma parte de un programa impulsado por el Ministerio de la Agricultura para incentivar la fruticultura tropical, como vía para, en dependencia de la especie, exportar, alimentar las calderas de la industria nacional y dejar de importar pulpas, abastecer el mercado nacional y el turismo, que en lo que va de año registra un crecimiento superior al 14 %, lo que aumenta la demanda desde ese sector, tanto en frutas frescas como en jugos.

Cóctel tropical

De acuerdo con el especialista del GEA,  la fruticultura es una de las actividades que más ha avanzado. En 2015 el grupo se planificó obtener 100 702 toneladas de frutas no cítricas  y logró 108 865 toneladas, para un crecimiento de más de 8 000 toneladas. Las especies fundamentales son mango, aguacate,  frutabomba,  guayaba, piña, coco y otras.

Entre los destinos fundamentales se encuentran el consumo nacional -las capacidades industriales no responden a volúmenes productivos superiores-, la industria conservera y el turismo.  No obstante, reconocen que es preciso incrementar la producción de manera que disminuyan los elevados precios existentes en la actualidad en el mercado minorista.

Como parte del programa de desarrollo de frutales, en el país se siembran anualmente unas 20 000 hectáreas anuales, de las cuales 7 000 corresponden al Grupo. El mayor protagonismo en estos cultivos lo tienen los campesinos, que producen  más del 80 %, lo que varía según el tipo de fruta.

Las especies cultivadas van desde los muy demandados aguacate, frutabomba, guayabas hasta otros menos frecuentes como guanábana, anón, caimito, chirimoya tamarindo y mamey injertado. Este año, el GEA pronostica alcanzar unas 115 000 toneladas de las 500 000 que se esperan cosechar a lo largo del archipiélago.