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Semanario Económico y Financiero de Cuba

La presentación personal y la postura como forma de comunicación con los demás

Ambos elementos son importantes en el ámbito profesional; los encargados de las relaciones públicas, y también todos los empleados de una empresa deben adecuar su comportamiento a las exigencias de la vida pública y social

La presentación personal y la postura pueden abrir puertas o cerrarlas. Hay personas que causan una buena impresión en cuanto a su arreglo personal, pero al proyectarse públicamente dejan mucho que desear. Es en vano ir bien vestido al trabajo o a un evento, si al relacionarse con los demás los ahuyentan por el modo de actuar.

Cualquier forma de comportamiento comunica mucho hacia los otros. Por tanto, es importante reflexionar acerca de este tema, sobre todo en el ámbito profesional; los encargados de las relaciones públicas y todos los empleados de una empresa deben adecuar sus conductas a las exigencias de la vida pública y social. Así, se contribuye a la proyección de una mejor imagen de la organización.

La presentación

La presentación es una manera de relacionarse socialmente y establecer un primer acercamiento entre personas desconocidas. Este acto cordial, casual o especial, permite hacer amistades.

El primero ocurre casuísticamente, sin un fin determinado, en encuentros fortuitos; mientras el segundo se establece con un propósito, con la intención de introducir algún nexo entre los presentados.

La actuación de la persona que presenta es muy importante. Esta puede referir rasgos coincidentes entre ambos como profesión, ocupación, viajes, afición, que sirvan de base para mantener el diálogo.

El presentador debe conocer, por lo menos, el apellido de quienes va a presentar. Si la persona posee un título de carácter permanente, se antepone al nombre, si es un rango transitorio, se dice después.

Para quienes no se conocen puede resultar incómodo permanecer en un mismo sitio sin que se produzca este acto, por lo que es recomendable no dilatar mucho el comienzo de una presentación.

Si se acerca a un grupo alguien que no conoce a todos los que están deben ser presentados por algún conocido. Si en ese momento alguien está hablando, se espera a que termine para presentar al recién incorporado.

Llegado el momento, se menciona en voz alta y clara, su nombre y apellido, así como su profesión u ocupación y a continuación, señalando a cada uno de los presentes, se emite la misma información sobre estos.

Lo ideal es que el presentador conozca a todos los integrantes del grupo, de lo contrario, al dirigirse a alguno que no recuerde, la persona puede acudir en su ayuda diciendo su nombre, profesión y alguna frase amable.

En estos casos se puede obviar la norma de presentar primero a las mujeres o a las personas de mayor jerarquía, y seguir el orden en que están ubicados para evitar alguna omisión.

Si alguno de los presentados no escuchó o no retuvo el nombre de la persona que fue presentada y desea iniciar posteriormente una conversación, puede preguntar a la propia persona excusándose por no haber escuchado bien el nombre; aunque es más aconsejable dirigirse al presentador o a quien lo conozca y preguntarle.

Ante cualquier presentación se sugiere evitar los excesos de alegría, por muy importante que sea el presentado. Tampoco es aconsejable aprovechar ese momento para hacer peticiones o críticas a su organismo, profesión, ocupación o país de origen del presentado. Igualmente, no es conveniente evocar borrosos recuerdos.

La autopresentación

Hay momentos en los que una persona tiene que hacer su propia presentación. Esto ocurre cuando alguien llega a un lugar donde nadie lo conoce o cuando se sienta junto a un desconocido y desea entablar una conversación.

Para autopresentarse correctamente, primero se dice el nombre y a continuación el cargo o profesión, y si se desea, el centro de trabajo. Cuando se tiene un rango militar, este se antepone al nombre.

En cuanto a la precedencia, el hombre se presenta ante la mujer, a quien debe pedir permiso para realizarla. Lo mismo ocurre cuando una persona de rango inferior se va a presentar a una de mayor categoría.

La tarjeta de presentación, es un elemento que todo profesional debe poseer, pues es una vía para la relación, genera distinción por la delicadeza que conlleva.

Ha de ser de la mejor calidad posible, con una buena cartulina y magnífica impresión, pues es una representación personal que dice mucho de quien la entrega o la envía.

Por lo general, ya viene predeterminada en el Manual de Identidad Corporativa, debiendo estar representado en esta el identificador de la empresa a la que se pertenece, junto a datos imprescindibles como el nombre, cargo, dirección, teléfono, fax y correo electrónico.

La postura

Las formas de sentarse y caminar son elementos que denotan la elegancia y el porte de la persona.

Caminar apresuradamente, a grandes zancadas, sin razón, refleja una imagen negativa. El paso ha de ser firme y mesurado. Andar despacio denota seguridad y confianza. En la mujer, mover desmesuradamente los brazos y otras partes del cuerpo es poco elegante.

Al sentarse se debe mantener la espalda recta, apoyada en el respaldo del asiento. La mejor postura es apoyar los pies en el suelo. Los hombres pueden mantener las piernas ligeramente separadas, no así las mujeres aunque vistan pantalones.

Las personas de uno y otro sexo deben evitar cruzar las piernas, sobre todo cuando están en reuniones sociales. Aunque en ellos es más aceptado, resulta poco elegante si las medias son cortas y dejan ver parte de la pierna.

También es importante la posición que deben adoptar públicamente las manos y los brazos. En cuanto a estos últimos, se sugiere dejarlos caer de forma natural a ambos lados del cuerpo y evitar cruzarlos.

Las manos, por su parte, deben mantenerse unidas sobre la pelvis, con los dedos entrecruzados sin llegar a apretarlos.

Fuente consultada: Manual de Relaciones Públicas. Colectivo de autores, Editorial Félix Varela, 2002.