África Subsahariana es la región de mayor inseguridad alimentaria del planeta Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:24 pm
Cada vez que el tema del hambre acapara los titulares de la prensa mundial, en nueve de 10 casos se alude al África subsahariana y, en especial, al Cuerno Africano. Pero aunque el África negra continúa liderando tan vergonzosa lista en el siglo XXI, en muchas otras naciones el flagelo del hambre cabalga por territorios del llamado primer mundo.
En España, y de acuerdo con el Banco de los Alimentos, se destruyen anualmente alrededor de nueve millones de toneladas de comida en buen estado y, según un análisis de la Comisión Europea, en el bloque de los 27 la cifra asciende a 89 millones. O lo que es igual: 179 kilogramos por habitante al año.
Tales dígitos resultarían más alucinantes si incluyeran los desechos de alimentos de origen agrícola generados en el proceso de producción o los de la fauna acompañante arrojada al mar por carecer a bordo de una fábrica de harina de pescado. A juicio de algunas Organizaciones no Gobernamentales (ONG), en Europa a lo largo de la cadena de producción agrícola-consumo final se difumina hasta 50 % de los alimentos aptos para el consumo humano.
La Unión Europea (UE) en general y España, en particular, devienen negativos ejemplos en cuanto a esta disyuntiva: despilfarro vs hambre. Hoy día, en el Viejo mundo pasan de 79 millones las personas por debajo del umbral de la pobreza, es decir, 15 % de la población; de estos, solo 16 millones reciben ayuda alimentaria. La crisis económica mundial, desatada a partir de 2008, es culpable de este drama, pero no solo esta: millones de toneladas de alimentos son tirados por sus productores con el único fin de mantener altos los precios cuando millones de personas carecen de un magro bocado que ingerir.
Causas y causantes
El desperdicio alimentario tiene causas y causantes muy diversos, pero a ciencia cierta responde a una cuestión estructural y de fondo: los alimentos han devenido mercancías de compra y venta y su función básica, la de proporcionarnos las calorías necesarias para existir, relegada a un segundo plano. De acuerdo con este modelo, la comida como tal tiene que cumplir ciertos patrones estéticos que, naturalmente, encarecen su costo original; de lo contrario su distribución no se considera rentable, y como casi siempre se deteriora antes de tiempo, va a parar al tacho de la basura.
¿Quién es el máximo responsable en esta alocada carrera por obtener mayores ganancias sobre las espaldas de los más necesitados? Los gestores de la globalización alimentaria al servicio de los intereses de la agroindustria y los supermercados, promueven un descomunal diseño agrícola que, a fin de cuentas, conduce a la pérdida de la agrodiversidad dañando a quienes cultivan la tierra. El espíritu de esta praxis es sencillo: vender cada vez más caro. Y si se carece de dinero no importa, simplemente pasa a engrosar el ejército de hambrientos, el mayor de este sufrido planeta Tierra.
En este contexto afloran hechos que ofenden tanto nuestra inteligencia como nuestros sentimientos. Desde un tiempo atrás, en algunos países de la UE se ha puesto en boga cerrar con llave los depósitos de basura próximos a restaurantes y supermercados ante la triste realidad de que crece por minutos el número de personas que recurre a esos contenedores para sobrevivir.
Por ejemplo, en Madrid cualquier menesteroso puede ser multado con 750 euros por buscar alimentos en los tanques de basura… Un periodista de la capital ibérica lo reflejó así: "Como si el hambre o la pobreza fuese una vergüenza o un delito, cuando lo vergonzoso y propio de delincuentes son las toneladas de comida que se botan diariamente, fruto de los dictados del agrobusiness y los supermercados, y que cuentan con el beneplácito de las administraciones públicas…"
Un asesino en serie anda suelto
Cada seis segundos un niño muere de hambre en el mundo. La escalofriante estadística se dio a conocer en la pasada cumbre de las 20 naciones más ricas del mundo (G-20) reunidas en México. Como en las anteriores, los gobernantes buscaron soluciones a la problemática tratando de "estabilizar la economía mundial", algo paradójico si tenemos en cuenta que el actual sistema económico es el causante de excluir a millones de personas y de concentrar la riqueza en pocas manos.
Las estadísticas también revelan que cada día por hambre o causas relacionadas con esta, unas 24 000 personas quienes 75 % son menores de cinco años. Además de la muerte, la desnutrición crónica también causa discapacidades visuales, desgano, crecimiento deficiente y una susceptibilidad mucho mayor a padecer enfermedades.
Con la agudización de la crisis económica mundial, numerosos gobiernos del "primer mundo" adoptaron la solución menos salomónica: recortar la cooperación a países en desarrollo, así como privar a sus ciudadanos de ayudas sociales, atención médica, aguinaldos y otros para "estabilizar" la economía… sin olvidar la aprobación de medidas proteccionistas que frenan el intercambio comercial con otros países.
Es evidente que eliminar a este "asesino en serie" no se logra solo con estabilizar la economía mundial: lo que más se necesita es distribuir la riqueza y generar un comercio justo entre naciones.
Ante tales realidades, en su habitual mensaje antes de fin de año, la Organización de Naciones Unidas (ONU) abogó por poner coto al acaparamiento de tierras agrícolas para la producción de biocombustibles, y recomendó dar un papel mucho más activo a las mujeres rurales en la gestión de los recursos económicos como vía hacia la erradicación del hambre, sobre la base de que cuando las féminas acceden al dinero, en primer lugar lo destinan a la alimentación de su prole. Pero sobre todo la ONU enfatizó que "las cooperativas agrícolas son la clave para alimentar a la enorme masa hambrienta y desnutrida" que hoy puebla nuestro mundo.








