Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:32 pm
La inconsistencia del crecimiento comercial en 2013 se debió a una combinación de factores, incluida la escasa demanda de importaciones de las economías desarrolladas (-0,3 %) y el moderado crecimiento de las importaciones de las economías en desarrollo (4,7 %). En lo que respecta a las exportaciones, tanto las economías desarrolladas como las que están en desarrollo registraron únicamente pequeños incrementos (1,5 % y 3,6 %, respectivamente).
Son varios los factores que han contribuido a la debilidad del comercio y la producción en 2013, entre ellos, los efectos persistentes de la recesión en la Unión Europea, las altas tasas de desempleo de las economías de la zona euro (con Alemania como notable excepción), y la incertidumbre sobre el calendario de abandono por la Reserva Federal estadounidense de su programa de estímulos monetarios.
La estimación de 2,2 % de crecimiento del comercio mundial en 2013 representa el promedio de las exportaciones y las importaciones de mercancías en términos de volumen, es decir, ajustada para tener en cuenta las diferencias de las tasas de inflación y los tipos de cambio de los distintos países. Esta cifra es ligeramente inferior a la tasa de crecimiento de 2,5 % prevista por la OMC para 2013.
Por segundo año consecutivo, la tasa de crecimiento del comercio mundial ha sido aproximadamente la misma que la del PIB mundial a los tipos de cambio del mercado, y no el doble, como ocurría normalmente.
A pesar de que los indicadores adelantados fueron positivos, los datos económicos mostraban una constante atonía de la actividad económica y comercial en los países en desarrollo a comienzo de 2014.
En 2013 el valor de las exportaciones mundiales de mercancías creció 2 %, hasta 18,8 billones de dólares estadounidenses. Esa tasa fue ligeramente inferior a la estimación que había hecho la OMC para ese año (2,4 %), lo que significa que los precios de las exportaciones disminuyeron ligeramente de un año a otro. Paralelamente, el valor de las exportaciones mundiales de servicios comerciales aumentó 5,6 %, hasta alcanzar los 4,6 billones de dólares.
En los primeros meses de 2014, se redujeron de manera considerable algunos factores de riesgo para las economías desarrolladas, como la crisis de la deuda soberana en Europa o el conflicto fiscal entre los poderes ejecutivo y legislativo en Estados Unidos.
Mientras tanto, las economías en desarrollo se convirtieron en centro de atracción de varios factores de riesgo, como grandes déficits por cuenta corriente, crisis monetarias, sobreinversiones en capacidad productiva y reequilibrio de las economías para basarlas más en el consumo interno y menos en la demanda externa.
Las tensiones geopolíticas introdujeron riesgos significativos en 2013 y comienzos de 2014. Si se agravan los conflictos civiles y las disputas territoriales en Oriente Medio, Asia y Europa Oriental, podrían provocar aumentos en los precios de la energía y causar dificultades en las corrientes comerciales.
Cuatro tendencias comerciales recientes
La primera de las cuatro tendencias destacadas en el informe es el auge económico de los países emergentes. No es casualidad que el aumento del nivel de vida en las regiones en desarrollo desde 2000 haya ido estrechamente unido a la creciente participación de esos estados en el comercio mundial.
Al adoptar una política de apertura e integración del comercio, esas naciones tienen ahora acceso no solo al capital, la tecnología y los recursos necesarios para alimentar su rápida industrialización, sino también una enorme y cada vez mayor demanda exterior para la vertiginosa expansión de sus exportaciones.
El viejo modelo del comercio mundial dominado por las economías avanzadas del Norte está transformándose a medida que las economías emergentes del Sur se convierten en nuevos polos de ampliación comercial. El comercio Sur-Sur, que representaba aproximadamente 8 % del comercio mundial en 1990, ha crecido hasta el 25 % en la actualidad, y según las previsiones, llegará a 30 % para 2030.
Los corredores comerciales entre Asia y América del Norte, y entre Asia y Europa, son ya más importantes que el viejo corredor comercial transatlántico; al tiempo que las rutas entre África y Asia, o entre América Latina y África cobran cada vez más importancia.
Pero, a pesar de esos avances, los países en desarrollo tienen ante sí un largo camino, ya que les falta mucho para alcanzar a los industrializados respecto a un gran número de indicadores económicos.
Una segunda tendencia conexa es la creciente integración de la producción mundial, y especialmente la expansión de las cadenas de suministro, que está transformando la naturaleza del comercio y la forma en que los países en desarrollo "se conectan" a la economía mundial.
En conjunto, la reducción de los costos de transporte y logística, la mejora de las tecnologías de la información y la mayor apertura de las economías, han hecho más fácil la producción "desagregada", no solo dentro de los países, sino también entre ellos. En la actualidad, cuatro quintas partes del comercio mundial se canaliza mediante multinacionales que establecen las diversas etapas o tareas del proceso productivo en las ubicaciones más rentables del planeta.
Mientras que en el pasado las cadenas de valor funcionaban básicamente entre Norte y Sur, hoy existe también una extensión de las cadenas de valor Sur-Sur. En lo que respecta a los países en desarrollo, las cadenas de valor pueden allanar el camino de acceso a la economía mundial, al incorporar a esas naciones a las redes de comercio establecidas, y de ese modo reducir los costos de su integración económica y permitirles centrarse en los productos o sectores en los que tienen ventaja comparativa, sin necesidad de disponer de una base industrial amplia.
Dado que las cadenas de valor requieren la integración de las plataformas de producción, y no solo la existencia de corrientes comerciales internacionales, los obstáculos a la importación de insumos pueden ser desde barreras arancelarias y trabas en las redes de transporte, hasta normas diferentes, restricciones a la inversión y proveedores de servicios poco eficaces.
El mundo emergente de "producción desagregada" ofrece nuevas y significativas oportunidades de ampliación y desarrollo del comercio, a la vez que pone de manifiesto las diferencias en la capacidad de integración de los países -o la calidad de esa integración-, así como el costo que entraña quedarse al margen.
La tercera tendencia es el aumento de los precios de los productos agrícolas y los recursos naturales a partir de 2000. Debido a que en los últimos tiempos algunas economías en desarrollo de más rápido crecimiento en Oriente Medio, África y América Latina se han convertido en importantes exportadores de productos básicos, la atención no se centra ya en diversificar las economías en desarrollo al margen de los recursos naturales, sino en el modo de reforzar su ventaja comparativa en la explotación de esos recursos.
El objetivo es beneficiarse más de ellos y reducir los efectos adversos de los ciclos de expansión y recesión que suelen caracterizar a sus mercados. Para ello deben reducirse las formas menos transparentes de protección comercial, garantizar tasas de rentabilidad adecuadas en la explotación de los recursos naturales y solucionar problemas sociales y ambientales decisivos, para alcanzar un crecimiento sostenible y sin exclusiones.
A medida que se ha hecho más interconectada, mediante las corrientes de comercio, inversiones, tecnología y personas, la economía mundial se ha hecho también más interdependiente. Esta es la cuarta tendencia contemporánea.
Si bien es cierto que los beneficios económicos de una integración más amplia y cercana se propagan ahora con mayor rapidez entre países y regiones, lo mismo ocurre con los costos económicos, como pudo comprobarse cuando la onda expansiva de la crisis financiera de 2008 y la posterior contracción de la actividad económica dejaron sentir sus efectos en todo el mundo.
Hoy día las decisiones de política adoptadas en un país pueden tener impactos derivados simultáneos, y con frecuencia inesperados, en muchas naciones distantes. Esas consecuencias pueden convertirse en serios reveses para los estados en desarrollo, especialmente para los más pequeños y pobres, que carecen de mecanismos amortiguadores eficaces y son los más vulnerables a la inestabilidad económica.
Sin embargo, la interdependencia y la diversificación también aportan grandes beneficios. Sin el crecimiento sólido del mundo en desarrollo a partir de 2008, especialmente de China y la India, las consecuencias económicas de la reciente desaceleración mundial habrían sido mucho peores. A diferencia de lo ocurrido en crisis pasadas -por ejemplo, el crack de 1929 a 1933-, el sistema económico mundial ha resultado sorprendentemente flexible frente a la gran recesión de 2008-2009.
Importancia de los servicios en las cadenas de valor mundiales
El comercio de servicio en las cadenas de valor mundiales se realiza de dos maneras distintas. Los servicios pueden comercializarse directamente a través de las fronteras, aunque en menor medida que los productos; o bien están incorporados en los mismos productos y el comercio se realiza indirectamente a través de estos. Por ejemplo, los servicios nacionales de ingeniería, logística o finanzas que forman parte de la producción de un automóvil, se exportarán después indirectamente, es decir, incorporados en el vehículo.
El comercio de servicios en el interior de las cadenas de valor mundiales representa casi 16 % de las exportaciones de los países desarrollados y algo más de 10 % de las exportaciones de naciones en desarrollo. Hong Kong, China (50 %); Singapur (26 %) y la India (17 %) tienen la participación más alta.
La intervención de los llamados "países menos adelantados" (PMA) en las cadenas de valor a través de las exportaciones de servicios es limitada. Si bien los servicios de comunicaciones (8 %) y de transporte (22 %) ocupan el tercer y segundo, respectivamente, entre los componentes más importantes de las exportaciones de servicios comerciales de los PMA, el elemento dominante de estas son los servicios de viajes, es decir, el turismo (45 % en 2012). La cadena de valor de esta actividad puede ser un factor relevante para el desarrollo de los PMA y las economías pequeñas y vulnerables.
Si bien la proximidad de los mercados podría no ser tan importante para la deslocalización de los servicios, otros factores, como los conocimientos idiomáticos y de tecnología de la información por parte de los trabajadores, la infraestructura tecnológica y de redes, un entorno comercial estable y el apoyo estatal, siguen teniendo relevancia para los países en desarrollo que desean entrar y avanzar en las cadenas de valor mundiales.
Por otra parte, aunque los gastos de suministro podrían no ser muy elevados, lo que suele obstaculizar el comercio de servicios son las reglamentaciones dentro de las propias fronteras, que todavía son considerables en muchos sectores, como los profesionales o los financieros.
Reacción de la política comercial a la crisis
Algunos teóricos sostienen que cuando los acuerdos comerciales se autorregulan, es más probable que los niveles de protección sean anticíclicos, es decir, actúen en sentido contrario al ciclo económico. Bagwell y Staiger explican que cuando las economías y el comercio están creciendo y se prevé que sigan haciéndolo, los interlocutores comerciales que respetan los compromisos contraídos, obtienen sustanciales ganancias a largo plazo; por lo que los países tienen fuertes incentivos para aplicar políticas comerciales abiertas.
Por el contrario, si la tasa de crecimiento económico es baja o está disminuyendo, los beneficios futuros serán mucho menores. En estas circunstancias los países tienden a virar hacia estrategias proteccionistas, ya que las represalias de los interlocutores comerciales por incumplir los compromisos no suponen un coste tan elevado. Dicho de otra forma: la capacidad de los acuerdos comerciales para que los estados no adopten medidas proteccionistas disminuye a medida que la crisis se acentúa.
Dada la presunción de que el proteccionismo comercial tiene un comportamiento anticíclico, es sorprendente que la gran recesión de 2008-2009 no desencadenase un repunte del proteccionismo similar al que se registró durante la Gran Depresión del decenio de 1930, o incluso del que cabría haber previsto sobre la base de la experiencia de las diferentes naciones.
En cambio, lo que se observa es que los países en desarrollo (y desarrollados) adoptaron una política coordinada caracterizada por la aplicación de fuertes programas de estímulo macroeconómico y un número escaso de restricciones comerciales.
Durante 2008 y 2009 el comercio demostró ser un mecanismo de transmisión de las perturbaciones económicas originada en los mercados desarrollados hacia los productores y comerciantes de las economías en desarrollo. La drástica reducción del comercio internacional tras la crisis habría sido mucho más aguda si se hubiera recurrido al proteccionismo a gran escala. (SE)








