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La pujante Organización de Shanghai

La Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) se ha convertido en un foro que cada día toma más fuerza en el escenario Euroasiático

Con solo 16 años de existencia, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) se ha convertido en un foro que cada día toma más fuerza en el escenario Euroasiático.

Nacida en 2001 por sus fundadores Rusia, China, y cuatro exrepúblicas soviéticas: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, se le unieron la India y Pakistán, en la recién finalizada XVII Cumbre de jefes de Estado y Gobierno efectuada en Astaná.

Como declaró a Rusia Today el presidente del Observatorio Hispano-Ruso de Eurasia, Fernando Moragón, la OCS “es una agrupación que tiene muchas posibilidades de convertirse en una especie de organización asiática total; que agrupe a casi todos los países de Asia y también a una parte de Europa”.

A esto se une que Bielorrusia, Irán, Mongolia y Afganistán  son países observadores y los dos primeros han pedido su ingreso, mientras que Azerbaiyán, Armenia, Camboya, Nepal, Turquía, Egipto y Sri Lanka, son socios de diálogo.

Surgida al principio como la organización para fortalecer la seguridad en la región, en los últimos años se ha volcado en un profundo trabajo para incrementar la cooperación económica y cultural.

En la Cumbre de Astaná, la organización analizó temas relevantes con prioridad en la lucha antiterrorista, la seguridad, la economía y las relaciones humanitarias.

El presidente ruso, Vladimir Putin, planteó una mejor coordinación de los servicios de seguridad, debido a las amenazas del flagelo terrorista que han sufrido varios de sus miembros.

El primer ministro indio, Narendra Modi, informó que la Organización Regional de Lucha contra el Terrorismo, creada en el marco de la OCS, abortó 16 atentados terroristas y creó condiciones para el arresto de más de 100 integrantes de agrupaciones extremistas en 2016.

No cabe la menor duda que la OCS, con la unión de países de diferentes ideologías y civilizaciones, ha surgido como una potencia influyente en Eurasia que junto a otras alianzas han debilitado el poderío y control que mantenía Estados Unidos sobre esa amplia región.

El ingreso de Pakistán y la India le concede al Grupo una dimensión global, pues sus miembros permanentes concentran 23 % de la superficie terrestre, 45 % de la población mundial y una cuarta parte del Producto Interno Bruto del orbe.

En esa importantísima región del planeta, China y Rusia han estado laborando y llevando a la práctica la construcción de un gran circuito económico y financiero entre todos los países de la zona.

Tras la Cumbre se efectuó la inauguración de la Astaná EXPO-2017 en un perímetro de cientos de miles de metros cuadrados que acoge la primera exposición especializada desde su creación en 1851, sobre energías renovables, y en la que participan del 10 de junio al 10 de septiembre más de 100 países.

En un esfuerzo por enfrentar la actual desaceleración del comercio mundial y tratar de que no resurja una crisis financiera como la sufrida en 2008, las naciones de la OCS están realizando ingentes esfuerzos por estrechar sus vínculos comerciales, económicos y de inversiones.

Una muestra de la confirmación de esos avatares resultó la propuesta del primer ministro de China Li Kequiang, de establecer un área de libre comercio entre los miembros de la OCS y poder alcanzar una integración horizontal de las cadenas productivas de la región euroasiática.

En ese sentido, Kequiang, en la anterior Cumbre efectuada en Tayikistán, propuso la creación de un banco regional de desarrollo así como un fondo especial de crédito, instrumentos que, a su juicio, serán capaces de responder a las necesidades euroasiáticas de financiamiento.

La nueva institución financiera se uniría a otras  entidades impulsadas y encabezadas por China en años recientes como el Banco de Desarrollo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (AIIB).

En esa región se desarrollan además, varios procesos de integración económica y comercial entre los que sobresalen la Unión Económica Euroasiática (UEE) auspiciada por Rusia y la llamada Ruta de la Seda, impulsada por China.

El gigante asiático ha puesto esfuerzo, empeño, contactos y financiamiento para llevar a buen término el abarcador proyecto, y su poder de convocatoria quedó reafirmado con la asistencia de 27 naciones en Beijing, a la denominada Cumbre del Cinturón y Ruta de la Seda, en la cual se pretende invertir alrededor de 100 000 millones de dólares en los próximos años.

El proyecto se inspira en la histórica Ruta de la Seda que durante un milenio fue el principal nexo comercial entre el Este y el Oeste a través de los desiertos y montañas de Asia Central y Oriente Próximo. Ahora se ampliarían los vínculos por mar y tierra entre Asia, África, Europa y más allá, para lo cual se pondrán en marcha grandes inversiones en infraestructura.

Todos los estados miembros de la OCS, así como la mayoría de países observadores y socios de dialogo, están implicados en la iniciativa de la Ruta de la Seda y otros también integran la UEE.

En próximos períodos la Ruta de la Seda y la UEE podrían estructurarse dentro de la OCS lo cual resultaría una ventaja de integración para sus miembros y un duro golpe al ya falleciente mundo unipolar anhelado por Estados Unidos.