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Sin frenos la corrupción en Brasil

Cada día son mayores las pruebas de que los representantes del régimen que sustituyó al gobierno legítimo de Dilma Rousseff son los verdaderos corruptos que durante años han saqueado las arcas de la nación sudamericana

Cada día son mayores las pruebas de que los representantes del régimen que sustituyó al gobierno legítimo de Dilma Rousseff son los verdaderos corruptos que durante años han saqueado las arcas de la nación sudamericana.

El principal implicado, y que ha podido hasta estos momentos escapar de las acciones de la justicia, ha sido el presidente impuesto por la clase adinerada del país, Michel Temer, pero al parecer ahora deberá rendir cuenta al solicitar la Orden de Abogados de Brasil (OAB) la apertura de un proceso de juicio político por considerar que el mandatario cometió un “crimen de responsabilidad” que vulnera la Constitución.

La comisión de la OAB, designada para evaluar si el mandatario que depuso a Dilma debía salir del Palacio de Planalto, resolvió que el pedido de destitución de Temer es viable y “será protocolado” ante la Presidencia de la Cámara de Diputados.

En el expediente abierto contra Temer, el fiscal general Rodrigo Janot, lo acusa de corrupción, obstrucción de la justicia y actuar junto con el senador ya suspendido, Aécio Neves para interrumpir el avance de la investigación de la operación Lava Jato.

Estas acusaciones que afloran ahora, eran conocidas desde antes de comenzar el impeachment (juicio político) contra la legítima presidenta Dilma Rousseff pero todos los miembros de los partidos de derecha que controlan la Cámara de Diputados y el Senado brasileño, se confabularon para eliminar un gobierno, que por primera vez en muchos años, se había esforzado por incrementar los programas sociales a favor de la mayoritaria población desposeída.

Entre las principales organizaciones que laboraron y mintieron para la salida de Dilma se hallan el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) de Temer y el Social Democracia Brasileña (PSDB) de Aécio Neves y del expresidente Fernando Henrique Cardoso.

El nuevo escándalo de corrupción estalló cuando el diario O’Globo divulgó una grabación realizada a Temer por Joesley Batista, uno de los dueños de JBS, de las mayores empresas de alimento en el mundo, en la que el mandatario golpista avala que se le pague al diputado detenido Eduardo Cunha una enorme cantidad de dinero para mantener su silencio. 

Recordemos que el impeachment contra Dilma fue por acusaciones menores y sin que pudieran ser comprobadas.

Resulta que los hermanos Joesley y Wesley Batista acordaron a fines de marzo colaborar con la investigación del caso Lava Jato a cambio de que se suavicen sus posibles sanciones por sus innumerables acciones de soborno y corrupción.

El gigante JBS se ha visto involucrado en el Lava Jato, además de estar acusado de integrar una organización de características mafiosas que vendía en los mercados externos e internos, carnes vencidas y de reses muertas por enfermedades.

En la grabación se escucha cuando el empresario Joesley Batista le reafirma a Temer que le estaba pagando a Cunha y al recaudador Lucio Furnaro (detenidos por el Lava Jato) para que permanecieran callados y el mandatario le responde: “hay que mantener eso”.

O’Globo agregó que además los hermanos Batista entregaron una grabación del excandidato presidencial Aécio Neves, presidente del PSDB y hombre fuerte de la derecha brasileña, en la cual solicita 2 000 000 de reales a los empresarios y explica que lo necesitaba para pagarle a sus abogados en la causa de Lava Jato. La policía filmó esa operación y comprobó que los fondos fueron depositados en cuentas de una empresa del senador Zeze Perrella del PSDB.

La corrupción acompaña a la mayoría de los miembros de la Cámara Baja, del Senado y del gobierno brasileño después que la oligarquía criolla logró con artimañas sacar a Rousseff.

El dinero mal habido ha salpicado a los hasta hace poco tiempo denominados intocables, debido al control y el poder que ejercían en esa inmensa nación sudamericana.

Como se desprende, todo estaba preparado desde hacía meses para lanzar el golpe de Estado contra la legítima presidenta con el objetivo de devolverle el país a la burguesía criolla, eliminar los programas sociales llevados a cabo desde 2003 e implantar el sistema neoliberal que ignora los beneficios para las grandes mayorías.

De los 21 senadores de la comisión especial que determinó que Dilma debía ir a juicio político, ocho aparecen implicados en el caso de corrupción de Petrobrás-Lava Jato: Antonio Anastasia, Donald Caiado, Dario Berger, Gladson Cameli, Fernando Becerra, Aloysio Nunes, Cassio Cunha y Zeze Perrilla.

Varios analistas indican que son dos los objetivos finales de la oligarquía brasileña: primero tratar por todos los medios de que Luiz Inácio Lula da Silva no pueda postularse como candidato presidencial, y segundo, acabar de sacar de Brasil a la empresa JBS para buscar mayores ganancias.

En las declaraciones de Batista a la justicia, también involucró a Lula y a Dilma por supuestas entregas de dinero, pero sin aportar pruebas reales.

Cristiano Zanin Martins y Roberto Teixeira, abogados de Lula, difundieron un comunicado tras las supuestas declaraciones judiciales del empresario donde expresan: “Verificamos que incluso, en los tramos filtrados a la prensa, las afirmaciones de Joesley Batista en relación con Lula no mencionan ningún contacto con el expresidente. Solo hablan de supuestos diálogos con terceros que ni siquiera fueron comprobados”.

Por su parte, una investigación de la periodista Vanessa Adachi, del diario financiero Valor, descubrió que detrás de la denuncia contra Michel Temer realizada por Batista, aparece el plan de mudar JBS fuera de Brasil y extranjerizarla.

Vanessa explicó que casi el 80 % de las operaciones de JBS ya están en el exterior. En los Estados Unidos, JBS tiene 56 fábricas de procesamiento de carnes y casi la mitad de sus ventas globales. En diciembre el grupo ya aprobó la realización de un procedimiento en la bolsa de Nueva York por el que dejará de ser esencialmente brasileño. El núcleo pasará a llamarse JBS Foods International, con sede en Holanda.

Entre corrupciones, sobornos y prebendas políticas transcurren los días del debilitado régimen brasileño mientras muchos se preguntan cuándo se hará realidad el grito de Fora Temer.