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Semanario Económico y Financiero de Cuba

En tiempos de recesión, ponen sus barbas en remojo

A modo de recordatorio, la prensa mundial ha comparado a Grecia con Argentina, que en 2001 declaró un default tras recibir líneas de crédito del Fondo Monetario Internacional en los años anteriores a la moratoria. El FMI asegura haber aprendido las lecciones de este episodio, así como del fracaso de su primer crédito al país heleno

En diferentes periódicos especializados en las finanzas y los negocios se lee que la crisis global ha entrado en una fase de calma y hasta de recuperación. ¿Será que el tiempo se ha "desplomado" sobre sí mismo y que, en efecto, sobre todas las economías del planeta han desaparecido los síntomas y las huellas de la crisis?

Parece que pecan de optimistas. Por ejemplo, hay quienes escriben que "la violencia de la crisis en Grecia ha pasado momentáneamente a un segundo plano con la reestructuración de su deuda hace una semana"…, o que "el euro mejoró su posición"…, que "Italia y España aplican con efectividad las medidas aconsejadas por el Banco Central Europeo", e incluso que "por tercer mes consecutivo en Estados Unidos se han generado empleos y se observa una pequeña recuperación…"

Es cierto que en Grecia, el arreglo redujo en más de 100 000 millones de euros la deuda con sus acreedores privados. Pero eso no es más que una moratoria disfrazada de reestructuración de la deuda. ¿Por qué? Una parte de los temidos seguros sobre impago debió ser activada, y el monto apenas rebasó los 3 000 millones de dólares, lo que puede ser absorbido por los aseguradores sin muchas dificultades.

Que nadie lo dude: este arreglo fue para ganar tiempo, no para encontrar una solución real al problema de la economía griega. En el fondo, la República Helénica permanece huérfana de enfrentar el servicio de su deuda, y las condiciones de política económica que le han sido impuestas mediante paquetes cada vez más austeros, conducirán inexorablemente a precipitar y, peor aún, profundizar la hecatombe. Baste saber que por estos días el desempleo rebasa 22 % y entre los jóvenes hasta 50 %, amén de que más de 22 000 atenienses duermen cada noche a la intemperie.

Todos los componentes de la demanda agregada de la economía griega van en picada: el salario mínimo se ha reducido en 22 %, aunque para algunos sectores la pérdida será de 10 puntos más. El recorte del gasto público representa otro duro golpe a la demanda agregada. Es evidente que la meta de reducir la deuda griega a 160 % del PIB para 2020 es pura ilusión. Esa nación va a colapsar mucho antes.

¿Cuál ha sido la política para evitar lo inevitable? Lanzarle un "salvavidas" tras de otro a Grecia. Por ejemplo, el jueves último el FMI anunció la autorización de un nuevo plan de asistencia crediticia por cuatro años de hasta 28 000 millones de euros, tras el acuerdo del país con sus acreedores privados.

Dicha entidad precisó que las autoridades griegas pueden retirar desde ahora unos 1 650 millones de euros de esta nueva línea de crédito, aprobada luego de que el Gobierno reestructurara su deuda con acreedores privados y destinada a "apoyar el programa de ajuste económico" recetado al país, por cierto muy mal visto por la inmensa mayoría de los trabajadores y estudiantes.

Y el resto de Europa, ¿qué?

Aunque las trompetas toquen himnos triunfalistas, no ya solo la tan vapuleada Zona Euro sino la Unión Europea en su conjunto, continúan navegando sobre mares donde soplan cada vez con más fuerza vientos huracanados.

O dicho en otros términos. La actividad económica del Viejo Continente sigue en picada y sobre la región se extiende, cual implacable virus, el fantasma de la recesión, donde el desempleo alcanza 10,7 %, el más elevado desde el año 1999, y el empuje de las "locomotoras" económicas del grupo de la moneda única, Alemania y Francia, se ralentiza: un crecimiento de 1,2 % y 1,3 %, respectivamente, muy por debajo de lo anticipado por los analistas.  

Algunos especialistas consideran que Italia y España se mantienen más o menos estables; esto, si solo se observa bajo el prisma de los diferenciales de financiamiento de su deuda soberana. Pero tampoco hay que llamarse a engaño: ambas economías están en el umbral de una fuerte recesión, lo cual inquietará sobremanera a los bancos y a los acreedores privados. Por tanto, el costo financiero de sus respectivas deudas crecerá como la espuma.

Pero del lado de acá del Atlántico no todo es "coser y cantar". Los "buenos resultados" de la economía líder mundial, Estados Unidos, deben observarse con cautela. ¿Por qué? En primerísimo plano salta el hecho de que una considerable cantidad de los empleos generados siguen siendo de muy baja calidad, sobre la base de que los problemas estructurales de la economía estadounidense siguen si hallar el norte y se mantiene la tendencia a la precariedad laboral.

Por si no bastase, casi todos los elementos de la demanda agregada se contraen, como por ejemplo el consumo, la inversión residencial y no residencial e, incluso, las exportaciones. La suma de estos factores deviene copia fiel del actual panorama europeo, donde la austeridad en la política fiscal augura tiempos aún más borrascosos.  

Queda por hacer otra pregunta que, a juzgar por el cariz que están tomando las cosas, es motivo de justa preocupación: ¿Qué ocurrirá en el Medio Oriente? Hasta hoy la temperatura en esa región continúa elevándose, con un Israel que ha dicho (y reflejado con mayúsculas en los principales medios del orbe) que "no tiene que avisar previamente a Estados Unidos si decide bombardear las instalaciones nucleares de Irán".

Sin que hayan sonado aún estos tambores de la guerra, el año 2012 inauguró un alza del petróleo que se ha ido incrementando por la, hasta ahora guerra de retórica entre sionistas y persas. Naturalmente, tal situación afectará de modo negativo a la economía mundial, pero sobre todo a los países subdesarrollados, cuyas arcas siguen haciendo agua producto de la crisis económica desatada en 2008.

Analistas consideran que las amenazas israelíes forman parte de una campaña de distracción sobre el problema palestino, pero como es lógico, incide sobre las expectativas y la evolución del precio internacional del crudo… el pasado jueves el crudo Brent de Inglaterra rozaba los 125 dólares el barril, y el estadounidense se cotizaba a 105,43 dólares el barril, ambos precios para el mes de abril.

Confiados en que prime el sentido común en la candente situación irano-israelí, debe retomarse el tema griego -de cuyo negativo efecto parece que no escaparán varias naciones de la zona euro-, y preguntar: ¿qué ha sucedido luego de tres años de sucesivos rescates? Una galopante recesión económica, seguida de una masiva rebaja de salarios y pensiones, así como de drásticos cortes en materia de educación y sanidad, todo ello condimentado con embargos, despidos y un crecimiento astronómico de los impuestos y de la deuda helena.

Vale, pues, recomendar "a quienes corresponde" que es hora de poner sus barbas en remojo...