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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Crece la presión sobre la zona euro

Tanto es así que las agencias calificadoras de deuda, que amenazaban con rebajar la nota incluso a los más fuertes, este fin de semana lo concretaron cuando la firma Fitch Ratings bajó de estable a negativa la perspectiva de la Triple A francesa

Para quienes cifraron todas sus esperanzas en que la cumbre de la Unión Europea (UE), celebrada el 8 y 9 de diciembre en Bruselas, resolvería de una vez por toda la crisis de la deuda que azota, cual implacable tsunami, al grupo de 17 países acogidos a la moneda única, lo que está ocurriendo no puede devolver la tranquilidad y mucho menos la confianza.

Entonces, en Bruselas se aprobó un proyecto franco-alemán que preveía endurecer las sanciones para las naciones incapaces de mantener su déficit por debajo de 3 %, o que rebasen el techo autorizado para el endeudamiento público. Ambos compromisos, se dijo, podrían comenzar a implementarse en marzo de 2012, obligando a los países a modificar sus constituciones para someterse al dictamen de la Comisión Europea en materia fiscal.

Asimismo, la cumbre también acordó aportar 150 000 millones de euros para capitalizar al Fondo Monetario Internacional, entidad que a cambio prestará dinero de urgencia a las economías en problemas. Sin embargo, los compromisos no llevaron la paz a los mercados, ante todo por la falta de medidas a corto plazo y por el rechazo del Reino Unido a sumarse al plan.

Y en medio de estas grises navidades europeas, sobreviene la persecución de las agencias calificadoras de deuda, que amenazan con rebajar la nota a varios países del área, incluso a los más fuertes. Por ejemplo, este fin de semana Fitch Ratings bajó de estable a negativa la perspectiva de la Triple A francesa, y anunció que está considerando reducir la calificación a la deuda soberana de España, Italia, Bélgica, Eslovenia, Chipre e Irlanda.

En el comunicado emitido por la empresa se lee que “la crisis de la zona euro es de naturaleza sistémica y tiene efectos negativos en toda la región, particularmente en estos seis países”. Moody´s fue un más lejos y rebajó en dos escalones la nota de Bélgica, invocando los riesgos para el crecimiento de esa economía y en medio de lo que calificó de “deterioro generalizado en la Eurozona”.

Así las cosas, este lunes el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, advirtió que el futuro del euro no depende del BCE sino de "reformas convincentes para recuperar la confianza de los mercados”, poco antes de que comenzara una teleconferencia entre ministros de Economía de la Eurozona.

"Nos tenemos que preguntar por qué estamos en esta situación. Parte de todo esto es la disciplina fiscal, pero también es la falta de crecimiento", señaló Draghi en una entrevista con el diario Financial Times, publicada hoy.

La insinuación del titular del BCE irrumpe en un contexto de medidas draconianas para enfrentar la crisis de la deuda europea, que en las próximas horas pueden tener un detonante en España, cuando el estrenado presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, proclame nuevos recortes por 16 500 millones de euros para el año entrante.

A quienes consideraban que el BCE debía intervenir más comprando deuda de países amenazados, Draghi les aclaró que "la política monetaria no puede con todo para frenar las tensiones en el mercado de obligaciones”, y agregó que “Europa necesita, en cambio, un sistema donde los ciudadanos vuelvan a confiar unos en otros y donde la disciplina fiscal y las reformas estructurales sean creíbles”.

Dicho así, naturalmente, parece razonable. Pero, ¿qué confianza pueden tener los millones de europeos que se aprestan a “celebrar” un nuevo año que solo les trae desempleo, recortes en los programas sociales y de salud, aumento de los impuestos y, en especial nuevos ajustes y reajustes fiscales con un común denominador: sangre, sudor y lágrimas? …

 Con la diferencia de que no es Winston Churchill quien hace el histórico reclamo a sus compatriotas envueltos en la Segunda Guerra Mundial, sino el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el BCE, y todas las “troikas” defensoras del capital habidas y por haber en esa Europa que ya no puede disimular las visibles señales de decadencia.