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Semanario Económico y Financiero de Cuba

La zona euro sigue acaparando titulares

En algo más de 10 días, dos hombres tuvieron que darle el frente a lo que para muchos fueron golpes de Estado propinados por los mercados: los actuales primeros ministros de Grecia e Italia, Lucas Papademos y Mario Monti

En algo realmente inusitado y en el breve lapso de diez jornadas, dos gobiernos de la zona euro se vinieron abajo y no precisamente por efectos de las urnas o votos de censura de sus respectivos Parlamentos, sino por un fenómeno muy parecido a un golpe de Estado... financiero.

Que Georgios Papandreu y Silvio Berlusconi eran los eslabones débiles de la cadena no es noticia, pero sí que fueran políticamente eliminados por los mercados (léase banqueros) y sus hasta entonces cofrades europeos Angela Merkel, Nicolas Sarkozy, los dirigentes del Banco Central Europeo (BCE) y de la Comisión Europea, que juraron actuar en aras de "aislar el incendio", "salvar el euro" pero, sobre todo, salvarse a sí mismos. Que nadie se confunda.

Para algunos, Papandreu y Berlusconi pueden ser percibidos como unos modelos de hombres incompetentes o corruptos; sin embargo, el primero fue elegido por un amplio margen en 2009 y el segundo otro tanto, pero un año antes. Y ahora, de un plumazo se les aparta, al margen de cualquier procedimiento democrático, a consecuencias de un pánico europeo provocado por las tasas de interés y las cotizaciones bursátiles.

Pero, ¿quien es Mario Monti? Un economista de la derecha liberal, comisario europeo al cargo de la competencia entre 1994 y -2004, y actor destacado de la desregulación de los mercados europeos. Su plataforma programática: un gobierno de unión nacional que debe navegar entre las turbulentas aguas de la xenófoba y populista Liga Norte a las más apacibles del principal partido de oposición de izquierda, el Partido Demócrata.

¿Y Lucas Papademus? Ex dirigente del Banco Central Griego (1994-2002), más tarde vicepresidente del BCE durante ocho años (2002-2010), y que después de desempeñar estos dos funciones sería ingenuo creer que ignoraba las cuentas falsas griegas. A pesar de ello se convirtió en primer ministro y deberá timonear un gobierno de unión nacional que va de la extrema derecha al Partido Socialista.

Pero el ajuste de cuentas financiero no ha concluido. El pasado domingo se concretó otra "muerte anunciada", la del gobierno socialista español, pues bajo la presión de los mercados financieros Zapatero decidió anticipar las elecciones... La misma receta que se autoaplicó Brian Cowen en Irlanda el pasado año para terminar dimitiendo.

Ahora bien, la amenaza de referéndum griego arrancó varias máscaras, fundamentalmente la del temor que los poderes políticos y económicos tienen a la democracia y la de los jugosos intereses que florecen a la sombra de la Unión Monetaria (UM), que se esfuerzan por salvarlos a cualquier precio.

Para algunos países, la crisis se llama euro, puesto que es la pertenencia a los 17 la que los mantiene sumidos en el estancamiento y derriba los sistemas de protección social y los escasos estamentos democráticos existentes.

¿Qué ha sucedido entonces? La mayoría de los países de la UM, al tener anclado el tipo de cambio, no solo han perdido competitividad frente a Alemania, Francia o Austria –sin dudas los más estables-, sino también frente a Estados Unidos, Inglaterra, India, China, Rusia, Brasil, México, Sudáfrica, Tailandia, Singapur y otros.

Desde su creación en 1999, y por seguir la política impuesta por Alemania, el euro se ha revalorizado 37 % frente al dólar, 38 % frente a la libra, 52 % frente al rublo, 56 % frente a la rupia, 30% frente al real brasileño y 92 % frente al peso mexicano, entre otras monedas.

Dicen los entendidos que a partir de ahora es inútil hablar en Europa de democracia, de izquierda, de derecha, de paro, de derechos sociales, de redistribución, de revolución fiscal.

A partir de ahora, dicen, simplemente hay que vigilar los créditos swap (los que se conceden entre sí los bancos centrales), las tendencias de las Bolsas asiáticas y estadounidenses, la cotización de Crédit agricole, de la Société générale et de la Commerzbank, el diferencial franco-alemán y el estado del mercado de obligaciones. Sencillo, ¿verdad?