Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

Mito o leyenda, el vino es exquisita verdad

La primera mención a esta bebida aparece en el Antiguo Testamento cuando Noé, el primer constructor naval de la historia además de dar crédito al relato bíblico, también plantó vides en su descomunal Arca 

Desde tiempos inmemoriales la humanidad se ha nutrido de tradiciones orales, cuya motivación primera fue la de trasmitir y preservar la sabiduría de los pueblos, incluso mucho antes de la aparición de la escritura.

Un evento tan trascendente como la invención del vino desató, por fuerza, innumerables relatos pero, a fin de cuentas, inclinados todos a un patrón común: el amor, del cual tomaremos uno de los más originales por su mixtura de pasión, locura, muerte y, por supuesto, de amor.

Tres o cuatro milenios atrás, en la antigua Persia, el rey Djemchid veía transcurrir su existencia rodeado de las más hermosas mujeres del reino. Un día, quizá aburrido de tanto "amor repetido", ordenó a sus sirvientes que recogieran las uvas Syrah del viñedo real y las guardaran en barricas.

Naturalmente, las frutas comenzaron a fermentarse y a desprender el carbono sobrante, que saturó de un olor extraño el sótano debido a no haber ningún espacio para su fuga.

Como también desde tiempos inmemoriales han existido personas maldicientes, muy pronto estas echaron a rodar rumores de que el rey tenía veneno en dichos toneles. 

Una cortesana que formaba parte del harem de Djemchid, y a quien parece que este tenía condenada al olvido, tomó la fatal decisión de quitarse la vida y, convencida de que el caldo de los malolientes barriles era veneno, se bebió el contenido de un tazón.

Un guardia corrió a decirle al rey que la joven muchacha había descendido al sótano donde estaba aquella pócima con intención de suicidarse. De inmediato Djemchid corrió hasta el depósito, y cuál no sería su sorpresa al comprobar que, lejos de estar echando espuma por la boca, la princesita de marras danzaba alegremente por el sótano.

Y aquel rey que, salvo amar y amar, no tenía otra cosa en que entretener su tiempo libre, descubrió de manera fortuita que aquella bebida espirituosa devenía remedio para las penas del alma, amén de resultar agradable al paladar.

Mito o leyenda, descubierto por accidente o por el genio innato de alguno de nuestros antepasados, lo cierto es que el vino se originó en la antigua Mesopotamia.

La primera mención a esta bebida aparece en el Antiguo Testamento cuando Noé, el primer constructor naval de la historia además de dar crédito al relato bíblico, también plantó vides en su descomunal Arca (Génesis 9:20). 

Por otro lado se tiene noticia de que las más antiguas viñas plantadas por el hombre datan de 6 000 a.n.e., con evidencia de uvas fosilizadas en los territorios que hoy ocupan Georgia e Irán.

Y como reafirmación de que la ancestral bebida espirituosa es una verdadera cura para los asuntos del alma, la mejor evidencia la podemos hallar por estos días en la XIII Fiesta del Vino desarrollada con todo éxito en el Hotel Nacional de Cuba.