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Recuerdos con Fidel

En entrevista con Abraham Maciques en torno al Palacio de Convenciones de La Habana emergió un nuevo tema fuera de contexto: algunos momentos de su vida, más  cercanos al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro

Unas palabras imprevistas, con tono de interrogante, pueden desatar apasionadas respuestas como las de esta ocasión. Durante la  entrevista, la pregunta fuera de contexto sustrajo a Abraham Maciques Maciques de sus relatos en torno al Palacio de Convenciones de La Habana y, complacido con el nuevo tema, evocó algunos momentos de su vida, más  cercanos al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.

-¿Cómo fue que, a petición de Fidel, guió a un batallón por un camino  secreto, cuando la invasión mercenaria por Playa Girón, en abril de 1961?

-No era un camino secreto, ya se conocía y se ha hablado de eso, pero cuando la invasión mercenaria por Playa Girón, Fidel me da una misión el  mismo día 17 de abril, todavía no estaba tomada Playa Larga. Me preguntó ¿estás cansado? Había que ir desde Pálpite hasta Playa Larga y de ahí a Girón. Los mercenarios habían puesto las ametralladoras calibre 50, de cañón sin retroceso, en la carretera y por eso no se pudo avanzar  hasta que llegaron los tanques cubanos.

“Entonces Fidel me dice:  Maciques quiero que vayas como guía del  batallón 111 a salir a cayo Ramona -a tres o cuatro kilómetros de Girón-. Había que  atravesar y llegar a ese cayo donde existía un hospitalito que fue lo primero que tomaron los mercenarios y allí montaron su hospital de campaña. 

“Al 111 le llamó el Batallón perdido, porque fuimos por toda la ciénaga, por la  parte que ya era un poco firme, a salir a cayo Ramona. Lo tomamos y después salimos a la carretera de San Blas, después se coge a la derecha y se va directo.

“Pero más o menos, unos 10 días antes del ataque me llaman y me dicen: el Jefe va para allá a dar una vuelta por la Ciénaga. Entonces se sabía de los preparativos del imperio para agredir a Cuba con los mercenarios, pero no se sabía cuándo, ni por dónde sería.

“Fidel llegó y fuimos a Girón, que tiene como un malecón y después está la playa. Caminamos por allí, él se paró, miró para el tanque del agua, para el aeropuerto y me dice: Maciques, si yo fuera a hacer una invasión a un país, a Cuba, lo haría por aquí, las condiciones están creadas. Y me explicó el por qué:

“Esa zona tiene dos vías de acceso nada más, por Jagüey Grande, por el Central Australia en la carretera que va a Playa Larga y ahí la que va para  Girón; y por San Blas se entra a Girón. Entonces dijo Fidel, ahí en el tanque del agua hay que poner las ametralladoras calibre 50; en el aeropuerto hay que poner las ‘cuatro bocas’ y controlar para que no lo puedan usar. Pero no hubo tiempo para hacerlo, todo fue muy rápido”.

El actual presidente del Grupo Empresarial Palco trae hasta el presente sus remembranzas: “Yo vivía en el Central Australia, en la misma esquina de la carretera que entra para la ciénaga y donde estaban las oficina del Parque Nacional Península de Zapata, que así llamamos al proyecto entonces.

“Tenía teléfono para comunicarme directo con el cuartel de Jagüey  Grande. Incluso Guillermo García me había mandado 400 rifles y cinco instructores para empezar a crear las milicias cenagueras. Guardé los rifles en el cuartel, porque ahí había protección y como a las dos de la madrugada llamó el jefe del cuartel y dijo que se estaba produciendo un ataque y un desembarco en Playa Larga.

“Le dije a Roxana, mi esposa, llama a Celia, dile lo que está pasando -enseguida la localizó- que yo voy a llamar a los milicianos y darles las armas. A la llamada Celia respondió: ‘Tenemos la información de que están desembarcando, pero no sabemos por dónde, le informo a Fidel de inmediato’. A las seis de la mañana ya Fidel estaba dándome indicaciones, eso fue así”, precisó Maciques.

-¿Ya conocía a Fidel de la Sierra o la clandestinidad?

 -Conocí a Fidel en 1959 cuando lo atendí en Varadero, durante las regatas de remo que eran famosas e iban remeros de distintos clubes. Él fue a la premiación y yo era el subdelegado de turismo en la provincia de Matanzas; ahí establecimos relaciones.

“Después cuando iba por aquella zona me llamaba para que lo esperara y estuviera con él. En el año 1960 me da la tarea de ir a la Ciénaga de Zapata, por un compromiso que hizo con los cenagueros, durante la cena del 31 de diciembre.

“En aquel momento le contaron de las dificultades para la producción de carbón vegetal como único medio de sustento y otras muchas carencias, porque no tenían carreteras, se morían sin atención médica, se demoraban en llegar a un hospital porque solo tenían un trencito de línea.

“Ahí había que desarrollar todo lo que él quería convertir en turismo para que el pueblo cubano conociera la ciénaga y las vicisitudes de los habitantes. Todo estaba por hacer, las carreteras, las cooperativas, las tiendas del pueblo…

“También había que trabajar en la formación de los que iban a  desempeñarse en el turismo, para que fuera un medio de trabajo para la  juventud cenaguera y no tuvieran que seguir solo con la producción de carbón,  para la cual tenían que estar dentro de la ciénaga. Entonces Fidel me dijo: yo quiero que te quedes al frente de esto y desarrolles toda la  península de Zapata.

“Antes, ese mismo día, Celia me había llamado a la Dársena de Varadero, donde  tenía mi oficina y me dijo: espérame que te voy a buscar en un helicóptero. Como a la hora y pico de esa conversación sentí un helicóptero, era ella que llegaba.  Me dijo que Fidel me estaba esperando.

“Yo no sabía ni para dónde iba, el helicóptero se tiró dentro de la Laguna del Tesoro, en un cayito que estaba preparado para esa operación. Ahí Fidel me habló de la cena con los pobladores de la ciénaga y de que se había comprometido con ellos cuando les dijo que a partir de ese  momento la Revolución había llegado. Todas las batallas que he librado han sido porque él me las ha orientado”. 

Mientras habla se hace visible su admiración por el líder cubano: “Para mi Fidel podía ver más allá que cualquier otro ser humano. No se me olvida, y tengo testigos que estaban a mi lado, cuando Hugo Chávez vino por primera vez, se alojó aquí en la Mansión (*) y ahí Fidel venía a buscarlo. Un día cuando llegó, Chávez estaba todavía en su habitación y él se sentó a esperar y dice: ese hombre que está ahí va a ser Presidente de Venezuela.

“Ya él lo había evaluado por sus condiciones políticas, lo vio con las perspectivas de un Jefe de Estado. Y eso que nos dijo a tres compañeros que estábamos trabajando se hizo realidad, pero no pasó solo con Chávez. No hay ningún estadista que haya surgido en el mundo, hasta ahora, que haya tenido la grandeza de Fidel”.