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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Nueva línea de producción en talleres Fajardo

Mantiene su liderazgo en la fundición y maquinado de piezas y equipos para centrales azucareros del oriente cubano

La Empresa de Servicios Técnicos Industriales (ZETI) Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Manzanillo, conocida como talleres Fajardo, en la provincia de Granma, se prepara  para la producción  de una  nueva gama de bombas al vacío destinadas  a la actividad de centrales azucareros de las provincias orientales y Camagüey.

Miguel Figueredo Labrada, jefe del grupo técnico de producción de esa industria, explicó que actualmente transitan por una transferencia de tecnología  de la fábrica 9 de abril para la producción de  bombas 650, que proporcionan gran velocidad de bombeo y sistema de lubricación automático, según destaca el sitio web de la emisora local Radio Granma.

El importante equipo  es  utilizado, fundamentalmente, en aspiración de aire -incluso con presencia de vapor de agua- y para uso industrial continuo. Se caracteriza, además, por su bajo nivel de ruido, refrigeración por aire, diseño robusto y escasa necesidad de mantenimiento. También humaniza el trabajo pues el moldeo de bloques para bombas se efectúa de forma automática. Especialistas destacaron que el nuevo proceder facilita alcanzar unas  400 bombas en sus diferentes tipos.

Talleres Fajardo, desde hace un tiempo, se ha propuesto posicionarse entre los líderes de su tipo en la Isla, meta que cumple, pues  “salimos de un evento nacional en el que participaron los principales productores del país y estamos  entre los primeros y referenciales  en esta línea de producción a ese nivel”.

Figueredo Labrada significó que se ve afectado el abastecimiento de arena sílice, material utilizado en las fundiciones. Por esas razón, precisó, se decidió trasladar esa materia prima desde Pinar del Rio con vista a comenzar el nuevo sistema de moldeo”.

La fábrica manzanillera, del Grupo Empresarial Azcuba, mantiene su liderazgo en la fundición y maquinado de vitales piezas y equipos para centrales azucareros del oriente cubano, a la vez que contribuye, mediante la ingeniosidad y capacidad creadora de los trabajadores, a la sustitución de importaciones de varios accesorios.

Entre sus producciones primordiales destacan mazas para molinos, copling, raspadoras, bombas centrífugas, y también la reparación de bombas de vacío. Fabrica, además, piezas, entre estas parrillas, barras para calderas, bujes, tarugos, sinfines, bancazos de bombas y elementos de acero como guijos y ejes.

Figueredo Labrada  explicó que abastecen principalmente a ingenios de las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Granma, Holguín, Las Tunas y Camagüey. Precisó que en el caso de las centrífugas, se ofrecen servicios a pedido de casi todo el país, incluso de fábricas de otros sectores como lácteos, conservas y plantas de la Industria Alimentaria, “donde nuestras bombas tienen buena aceptación, lo que amplía el mercado en ese rubro”, aseguró el directivo.

Asegurar el relevo

Figueredo Labrada ponderó la calificación de la fuerza laboral de su centro, “con muchos años de experiencia, lo cual respalda nuestra producción a la que, en la medida de las posibilidades, vamos incorporando gente joven, sobre todo en la parte de la maquinaria donde hay muchos trabajadores de edad avanzada, quienes trasmiten a los recién llegados la maestría de un oficio que demanda además gran consagración y disciplina laboral”.

Se han puesto en práctica nuevas estrategias de trabajo para aprovechar mejor el potencial creador de la entidad. Al respecto, el  especialista destacó que mientras los centrales realizan su zafra, aquí se fabricarán las mazas para la próxima etapa. Se rescata así una tradición que favorece el cumplimiento de los programas del año.

Con antelación, se acopia toda la información sobre las necesidades potenciales de las fábricas azucareras de las provincias orientales. Conocer de antemano cuántas mazas, centrífugas y otros medios tecnológicos pedirán resulta imprescindible para crearlas con tiempo suficiente y, a la vez, propiciar que estos talleres trabajen todo el año al nivel óptimo de su capacidad.

Calidad y eficacia

Aunque disponen de una tecnología que cuenta con más de 70 años de explotación, esto más que una limitante significa, sobre todo, mucha experiencia atesorada en el diseño, fundición y maquinado de grandes y complejos medios.

Figueredo Labrada refirió que este añejo equipamiento “lo vamos recuperando en la medida de nuestras posibilidades; se han modernizado los perforadores; también se mejoran los tornos para que alcancen mayor eficiencia.

Los trabajadores de esta fábrica se distinguen por su ingenio creador. Figueredo Labrada señaló que “aquí hay hombres que aportan mucho y contribuyen a dar soluciones diarias ante cualquier rotura de una máquina u otros imprevistos técnicos.

“Los anima, agregó, un gran sentido de pertenencia por esta fábrica a la cual la mayoría llegaron muy jóvenes. Se han trasmitido conocimientos y experiencias de padres a hijos, de una a otra generación, y sobre todo, su abnegación y laboriosidad por cumplir y contribuir al avance económico de esta empresa, de Manzanillo y del país.

“Es verdad que a veces los recursos principales no llegan a tiempo, eso origina atrasos y no pocas veces el incumplimiento de los planes, pero nuestro colectivo se distingue por asumir cada reto  cuando sea necesario y salir siempre adelante”, puntualizó.

Laboriosidad y experiencia

En los talleres Fajardo el quehacer de su colectivo laboral se hace sentir en cada jornada. El esfuerzo es grande desde el amanecer en el área de fundición, donde comienza el difícil proceso productivo tras elaborarse las mezclas y los moldes. Allí se derrite el hierro en los dos hornos, a temperaturas que superan los 1 500 grados.

La fundición se realiza cada siete días, porque en los intervalos se requiere reparar los hornos para asegurar su vitalidad y seguridad, pero al final se ve el resultado, al obtener las piezas, que en bruto pueden alcanzar hasta 15 toneladas de peso.

Estos componentes rústicos deben pulirse luego cual si fueran verdaderas joyas, para que puedan usarse en las fábricas de azúcar.

Por eso, una vez fundidos, deben pasar al área de maquinado, donde se someten al desbaste, ranuración y perforación, de acuerdo con las medidas solicitadas por los clientes.

En el caso de las mazas, la terminación de una sola puede demorar hasta cinco días de trabajo continuo, con un riguroso control de la calidad, cuya exactitud está favorecida por la maestría que alcanzan los hombres y el mejoramiento del equipamiento tecnológico.